miércoles, 12 de agosto de 2009

185

Incompleto. Si, soy consciente de que es mi segundo relato que dejo a medio completar, pero me han pillado en medio de las vacaciones y me he apañado como buenamente he podido, estoy escribiendo esto mientras termino de hacerme la maleta para irme en dos horas.. Posteo solamente la mitad del relato, la otra mitad la tengo que apañar para que quede como quiero, volveré en 5 dias.

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Un coche que le resultaba extrañamente familiar pasó muy cerca de la acera donde se encontraba, creando una corriente de aire que le levantó el bajo de la gabardina. Se sentía muy extraño con la nueva vestimenta que llevaba. Aang le había dicho que si seguía vistiéndose únicamente con traje cualquier memo le podría reconocer fácilmente, pero esto le parecía excesivo. Giró la cabeza para observarse en el escaparate por decimoquinta vez desde que salió del apartamento cinco minutos antes y nuevamente le chocó. La gabardina beige ya de por si resultaba estrambótica pero… ¿El sombrero de ala corta? Se sintió ridículo y le dieron ganas de volver por donde había venido a probar con otra cosa. Vaqueros, ropa deportiva, una camiseta de algún grupo… Lo que fuera, cualquier cosa la parecía menos absurda que como iba vestido en ese momento. Se lo planteó seriamente durante el tiempo que tardó en volver a recordar que lo realmente importante no era lo ridícula que resultara su ropa, sino el hecho de que le hicieran mucho menos reconocible. Volvió a mirarse. Érissen dudaba que su propia madre, de seguir viva, le reconociera si apareciera en su portal con tales pintas.
Caminaba despreocupadamente por los suburbios del sector 2, en dirección a la estación de tren que le subiría a la placa. Resultaba difícil hasta para el creer que no hacía ni dos meses habría sido incapaz de salir al exterior de su refugio compartido sin otear constantemente en busca de algún reflejo de la mirilla de un rifle francotirador en una ventana, desconfiar de cada mirada que se cruzaba o tener que contener la respiración cada vez que veía algún tipo trajeado. El peligro no había disminuido, de hecho, después de los acontecimientos en el centro comercial, lo más probable es que le estuvieran buscando con mucha más insistencia que anteriormente. No, nada relacionado con lo peligroso que resultaba salir a la calle había cambiado a mejor. Pero él si. Recordó la conversación que había tenido con Aang antes de salir.



- ¿Estas seguro?
- No creo que haya mucho problema, el único que sabe donde vivimos ahora es tu novio.
- Ya, pero esta es la única vez que decides salir por ti mismo de casa aparte de cuando que dijiste que te ibas y apareció Irina. – Aang sonrió, el carácter de Érissen había cambiado notablemente desde que vieron a Kurtz. Había mañanas en las que se levantaba de un humor sorprendentemente bueno, solían conversar con muchísima mas fluidez que anteriormente, incluso sobre anécdotas de su pasado que incluían a su novia. Realmente parecía una persona totalmente distinta al hombrecillo tembloroso que recogió la noche en la que apareció el Meteorito.
- Ya. Supongo que las cosas han cambiado un poco, creo que ahora estoy mas seguro en la calle que aquí, donde él sabe que estoy.
- No digas bobadas – Rió. – Jonás nunca te haría daño si no le das un motivo.
- Entonces, por si acaso, intenta no ir mostrando por ahí el cortecito que te hiciste en el dedo el otro día con las tijeras – Érissen bromeaba, pero no pudo evitar recordar la última frase que le dedicó el turco. La voz de Kurtz sonó en su cabeza.

“Si algo le ocurre a ella, por mísero y aleatorio que sea. Le cae un rayo, coge la gripe, se hace una ligera quemadura mientras cocina algún frito… Lo que sea, entonces la culpa será tuya. Y créeme, desearás haber muerto hoy.”

- No te tomes al pie de la letra todo lo que te dijo, simplemente quería asegurarse de que te preocuparas por mi. ¿Hai?
- Bueno, no se puede decir que no esté preocupado. – Admitió con una media sonrisa.
- Cualquiera diría que le has perdido el miedo a esa organización.
- No creo que exista alguien tan idiota o loco en el mundo como para no tener miedo en mi situación. Nada ha cambiado, sigo temiendo que puedan hacerte daño a ti o acabar conmigo, tal y como hicieron con ella… - El rostro de Érissen se ensombreció ligeramente, fue apenas un momento, pero Aang pudo comprobar que en el fondo los sentimientos de su amigo no habían cambiado. – Pero no ganaré nada quedándome recluido y esperando que la próxima vez tenga tanta suerte como hasta ahora. Tú y Kurtz me habéis protegido, me habéis dado un nuevo futuro. Ahora tengo que amoldarlo al pasado. Puede que me arrebataran el eje de mi vida, pero creo que hay cosas que aun puedo recuperar.

Aang asintió, ligeramente orgullosa de la determinación que su amigo había adoptado, y más contenta que nunca de haber decidido ayudarlo desde un principio, pese a los problemas y peligros que ello había provocado.

- Está bien, pero recuerda lo que dijimos, tienes que variar tu forma de vestir. – Desapareció por la puerta durante unos instantes, para después volver con un conjunto de prendas en sus brazos y un sombrero en la cabeza. – Hoy te pondrás esto. ¿Hai?

Érissen miró atónito las prendas que le ofrecía su compañera.

- No importa qué me digas, no pienso ponerme eso ni muerto.
- Claro que te lo vas a poner.
- Ni de coña.
- ¿Y si llamo a Jonás diciéndole que me has hecho este corte?



Ya había sobrevivido las tres veces que habían intentado atacarle, aunque era totalmente consciente de que si seguía con la cabeza pegada al cuerpo era gracias a las compañías que había tenido hasta el momento. Él no podía permitirse mas ser una carga. Palpó la Aegis Cort que descansaba en la parte trasera de sus pantalones junto a dos cargadores y la navaja que Aang le dio en su día, que descansaba en su bolsillo derecho. Se sintió maá seguro. Casi había olvidado lo que era tomar las riendas de una vida propia, y en cierto modo estaba disfrutando levemente de ello.

El camino hasta la estación resultó mas corto de lo que había esperado, casi hubiera preferido caminar un poco más. El aire viciado y residual de los suburbios mezcla de la falta de ventilación y los atascos habituales no era agradable de respirar, pero no sentirse encerrado era una sensación bastante reconfortante. Se paró a comprobar los horarios que reposaban sobre la marquesina de la estación. Había tardado menos de lo que esperaba, aún quedaban siete minutos para que llegase el tren. Había un par de personas que compartían su espera: Una anciana que asía el asa de un carrito de la compra a medio llenar y un adolescente que jugaba distraído con una consola portátil. Se sentó en uno de los bancos y tomó prestado un periódico que alguien se había olvidado. Ya había ojeado los titulares poco antes de salir de casa, nada interesante, buscó el artículo de King Tomberi para leerlo tranquilamente. Costaba relacionar lo que escribía con la foto que acompañaba el titular, la verdad, parecía un tío de lo más normal. Cuando hubo acabado, decidió que no tenía interés en leer nada más, y se dedicó a observar a su alrededor. La estación estaba bastante oxidada, como la mayoría de las estructuras de metal de los suburbios. Se notaba que no había sido atendida en varios años, a Shin-Ra bien poco le importaba si la gente de los suburbios cogía el tétanos o se le caía una viga encima… O un sector entero. Contento debía estar de que las vías siguieran funcionando y no se partieran al paso del tren. ¿Qué coño…?
Tuvo que quitarse las gafas, frotarlas con suavidad con la tela de la camisa y volver a mirar para asegurarse de que lo que estaba viendo era cierto.

Un hombre, que aparentaba unos cuarenta y tantos bienes conservados o unos treinta y pocos mal, estaba situado en medio de la vía. Si esto ya resultaba de por sí chocante, el hecho de que llevara los ojos vendados lo hacía aún peor. Iba vestido con un traje gris bastante feo que le iba una o dos tallas mas ceñido de lo que debería sobre una camisa beige con una corbata francamente horrible sujeta al cuello. No acababa de entender si era un loco que quería suicidarse, un borracho o simplemente un idiota al que le habían hecho una broma pesada. Fuera la opción que fuera, no podía quedarse sentado esperando que el tren convirtiera su cuerpo en un montón de alimento para perros callejeros. Se levantó y se situó al borde del escalón que bajaba a las vías, de metro y medio de alto, a unos cinco metros de distancia del hombre.

- Oiga, usted…

No hubo respuesta, el tipo siguió en su sitio como si no hubiera escuchado absolutamente nada. Fijándose de cerca, pudo apreciar que el hombre movía constantemente los labios, como murmurando algo para si mismo.

- ¡Eh! ¡Caballero! – Fue alzando la voz, se giró para ver que hacían la anciana y el joven. Ella miraba al tipo y después a él como si estuviera viendo lo más normal del mundo, y el joven negaba con la cabeza desganadamente mientras seguía jugando con su consola. “¿Cómo demonios pueden ignorar la situación?” Se preguntó para si mismo, está claro que la vida de los suburbios quitaba a la mayoría el sentimiento de ciudadanía y generosidad, pero de ahí a no hacer nada para evitar que un tren arrolle a alguien… - ¡Señor! ¡Usted! ¡Oiga! ¡Escúcheme! ¡SEÑOR!

Nuevamente el tipo permaneció imperturbable. El silencio reinó la estación, y finalmente pudo comprobar por qué no lo oía. De los oídos del tarado salían sendos cables que se juntaban para después introducirse en el bolsillo de su chaqueta, pudo escuchar desde ahí el sonido de la música a todo volumen. No hubiera oído ni al Meteorito estrellarse contra el planeta. Nervioso, Érissen echó una mirada al reloj. ¡Menos de un minuto! Tendría que bajar a las vías y tirar de el. Se acuclilló, dispuesto a saltar.

- No coges este tren a menudo. ¿Verdad joven?

Érissen se giró, la anciana le miraba con tranquilidad.

- ¡Ese hombre va a matarse!
- No, no lo hará.

No sabía si debía confiar en una absoluta desconocida que probablemente chocheara. Ese tipo no podía ver ni oír, y el tren… Se le hizo un vacío en el estómago, el tren ya giraba la curva de camino a la estación, en apenas 10 segundos llegaría hasta el tipo. Se sintió totalmente impotente y se maldijo mil veces por no haber decidido saltar en su momento. Ahora solo podía asistir impasible al terrible espectáculo que se avecinaba. No quería mirar, pero al mismo tiempo era incapaz de apartar la mirada. El tipo no se movía. El tren se aproximaba y había empezado a frenar para parar en la estación pero seguía llevando una velocidad mas que suficiente para matar a cualquier ser vivo que se encontrara por delante. Finalmente llegó el momento, el tren llegó a la estación… Y en el último segundo, cuando esperaba ver el cadáver del tipo desmembrado en todas las direcciones, se apartó hacia el lado contrario a la estación. El tren le pasó a apenas medio metro de la cara, pero no le hizo daño alguno. Érissen se quedó paralizado, sin acabar de creerse lo que acababa de ver. El tren, que le impedía ver que había sido del tipo, se detuvo finalmente y abrió las puertas de los vagones, de las que se bajaron un par de personas, que no parecían sorprendidas en absoluto. El adolescente se metió en el vagón como si lo que acababa de observar fuera lo más normal del mundo. La anciana se levantó y se paró a su altura.

- Vamos joven, no querrás perder el tren.

La miró, todavía estupefacto. Se subió al transporte junto a ella, sin acabar de creerse del todo lo que había visto. Cayó en la cuenta y se pegó a las ventanas que estaban enfrente suyo, donde vio al tipo quitarse la venda de los ojos, mirar al tren con aburrimiento y apuntar algo en una libreta. Acto seguido, sacó de su bolsillo un reproductor de música, pulsó un botón, se quitó los cascos y se marchó como si nada hubiese pasado. Nadie en el tren parecía sorprendido tampoco. Érissen, definitivamente, pensaba que el que se había vuelto loco era el y estaba viendo visiones. Mirando los rostros de los diferentes viajeros, volvió a toparse con la cara de la anciana, la cual le sonrió y palpó el asiento libre que tenia al lado, indicándole que se sentara. Decidido a encontrar alguna respuesta, se situó al lado de ella sin dudarlo.

- No me has contestado antes. – Le hablaba con suavidad, pese a la avanzada edad, tenía una voz bastante agradable – No sueles coger el tren a menudo. ¿Verdad?
- No. - Reconoció Érissen. – Pero… ¿Me está diciendo que lo normal es que haya gente que juegue a la gallinita ciega con el tren?
- A mi también me chocó la primera vez que lo vi, hará ya dos meses. Cada día está en una estación diferente, una de cada sector tanto sobre como bajo la placa, y hace exactamente lo que acabas de ver. Al principio resultaba difícil de creer y mucha gente intentaba bajar a impedírselo, pero él nunca se mueve salvo cuando el tren estaba a menos de cinco metros de distancia. No se exactamente como, pero lo calcula.
- Es una locura…
- Puede ser. - La anciana se encogió ligeramente de hombros – Aunque reconocerás que no es que en esta ciudad ocurran pocas diariamente. Creo que llegar a mi edad ya resulta menos habitual que volverse loco, especialmente desde que esa enorme cosa en el cielo apareció.
La serenidad con la que la anciana hablaba del deplorable estado de la ciudad sorprendía a Érissen. Se lamentó de haberla confundido en un principio con una simple vieja que chocheaba. Ella le dedicó una sonrisa, entendiendo que no había otro tema del que hablar y volvió a mantener la mirada perdida en algún punto enfrente suyo. El viaje transcurrió sin más incidentes poco comunes y en menos de veinte minutos ya se encontraba en la estación del sector 4, sobre la placa. Se apeó dedicándole una despedida con la mano a la anciana, pero ella no se enteró, parecía haberse dormido. Observó la estación, mucho mejor cuidada que el amasijo de hierros que resultaba cualquiera situada en los suburbios. Así era Midgar, pensó negando con la cabeza, la ciudad más prospera y más pobre del mundo al mismo tiempo. Siguió oteando con detenimiento en busca de una persona, pero no parecía encontrarse ahí. Observó su propio reloj. Pasaban nueve minutos de la hora a la que habían quedado en reunirse. No se culpaba, pero desde luego, si decidía no aparecer, no podía negarle que tenía sus motivos.

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1 comentario:

Skeith dijo...

Opinaría de este, pero pone que está incompleto... No quiero dar una opinión incompleta, así que esperaré, pero por ahora va bastante bien...