jueves, 13 de agosto de 2009

186

El ruido de un taladro irrumpía de vez en cuando desde el fondo del taller. Remache estaba acabando algunos detalles con la bomba de combustible de un utilitario familiar cuyo dueño había llamado unas tres veces al día interesándose por su coche. Aún faltaba una semana para el plazo de entrega, pero los dos mecánicos le dedicaban marchas forzadas, con tal de librarse de ese grandísimo gilipollas obsesivo de una mísera vez. De vez en cuando, adornaba su trabajo mascullando insultos hacia el propietario, ya que no paraba de llamar con insistencias y exigencias al taller, cuando la avería se debía a su propia negligencia.

- No... No... No lo se... - Farfullaba Han, sujetando el PHS con el hombro y limitándose a responder, mientras intentaba fijarse en los detalles del asiento de válvulas que estaba limpiando. No quería tener que repetir el trabajo más tarde, pero Daphne estaba siendo realmente insistente y cada vez le era más difícil concentrarse en su tarea. - Mira, tienes que entenderlo: Rolf es el primero en algo. El pez gordo. El jodido rey. Ser el primero significa que hay un orden, una competición y que la gente se enfrenta entre sí por cuestiones de orgullo o por la promoción que supone eliminar competidores que en principio son superiores a uno.
- ...
- Si. Lo estoy defendiendo. Si no hubiese hecho lo que hizo, tú a lo mejor eras capaz de seguirle y ponerte en peligro. ¿Qué? Mira, yo mismo compito de lo mío, y me juego la puta vida en cada curva, ¿no lo habías pensado? - Joder, y para colmo de males ese era un aburrido modelo familiar: Diesel, bajo consumo... El típico coche para alguien que ve su vehículo como un trasto más, igual que la nevera o el televisor. Definitivamente, esa máquina estaba hecha para llevar niños a clase, apenas capaz de superar mínimamente algún límite de velocidad. Han se preguntó si sería posible hacer saltar algún radar de tráfico con un coche tan flojo. Se preguntó si sería posible tan siquiera forzar un poco, con una suspensión tan pobre y mal equilibrada. Y también se preguntó lo insufrible que sería la insistencia de Daphne si no tuviese estas cosas para pensar en ello. - ¿O es que te diviertes tanto cuando vas a doscientos por hora sobre el duro asfalto y rodeada de conductores ineptos que reaccionan de forma estúpida y aleatoria, que te olvidas que un fallo de cálculo y serás puré? ¿Qué? ¡Es la verdad! ¿Me vas a decir que no me juego la vida?
- ...
- Ya lo sé: Lo mío no implica necesariamente que vaya a morir alguien.
- ...
- ¡Mira, vete a tocarle la polla a otro, o a tí misma si lo prefieres así! ¡No voy a...! - Y entonces la voz de Daphne se quebró nuevamente. Han odiaba eso. Odiaba tener que ceder, y odiaba hacerlo por cuatro lagrimitas, pero aún no se había quitado de la cabeza la imagen de su amiga llorando. Confundida y aún aturdida por los últimos coletazos del éxtasis, permanecía encogida en posición fetal, tirada sobre su cama. Lo peor era que el motivo de sus lágrimas no era el trago por el que acababa de pasar, sino el miedo por que alguien matase al hombre que se lo había hecho. - Hablaré con él, ¿vale?, pero no me atosigues y relájate: Me tocan días ocupados en el trabajo. ¿Esta noche? ¿En la Tower? Vale. Chao...


Han dejó el phs tirado en una mesa, y aún lo estuvo contemplando con desconfianza durante unos cuantos segundos más, pero pronto decidió ignorar al trasto y volver a su trabajo... Después de apagar el maldito trasto.





En la oscuridad de su casa, un hombre solitario permanecía despierto a altas horas de la madrugada, sentado ante la pantalla de su ordenador, acompañado únicamente del ruido del teclado, mientras la orquesta sinfónica de Midgar interpretaba el cuarto movimiento de la tercera sinfonía de Streiberg en su caro equipo musical. Cuando hubo concluído su tarea, sonrió con malicia antes de confirmar la orden de impresión.

- ¡Ya te daré yo a tí "Mariflori"!




"Os echo de menos a todos, pero también siento que crezco mucho con este viaje. Como persona, y especialmente como habitante del Planeta. Shin-Ra nos roba, Izzy. Shin-Ra chupa la sangre del planeta, y lo está matando, igual que un vampiro mata a sus víctimas para satisfacer su blasfema adicción.
¿Lo ves? Me paro a pensar y veo que hace meses no habría sido capaz de pensar en palabras como "blasfemo" o en comparaciones como la del vampiro. Estoy aprendiendo gran cosa de Wam-tanka, la chavala que me guía, me ha hablado del mako, y de la energía del Éter, y cuando esté preparado, me hablará de la Corriente Vital. Ya te contaré... Y de lo que más ganas tengo es de que me dejen conocer al jefe de todo el cotarro, el viejo ese tan raro que se llama Bugenhagen. Me muero de ganas de mirar por ese gran telescopio que se ve desde kilómetros a la redonda.
Bueno, Izzy, de momento eso. Saludos al mastodonte, al pervertido y al periodista.

Doran

PD: Siento mucho lo de Darren. Dale mis condolencias a Henton."


Isabella cerró la carga con una sonrisa de genuína alegría, la primera que lucía desde la muerte de Darren. Henton no había vuelto a ser el mismo. Cada vez más violento y expeditivo en los combates, se entregaba a la lucha con una motivación fría y destructiva. Había seguido estando ahí cada vez que Izzy necesitó consuelo, pero él no lo buscó nunca, abandonándose a la violencia controlada para sobrellevar su pérdida. Al menos estaba Malcolm, siempre atento para formar la clásica pareja entre el gay y su amiga, y arrancarle alguna pequeña alegría. El camarero odiaba ese papel a rabiar, pero estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de animar a Izzy. En ese momento él se encontraba en la planta principal, sirviendo combinados para los clientes, cosa que le pareció apropiada, ya que así no se metería con ella por ponerse sentimental con la carta, o con Rolf.


Rolf miraba el vaso. Quedaba aproximadamente la mitad del caro whiskey, y a través del vidrio podía ver la botella mediada a la que había estado desangrando a lo largo de toda la noche, y sonriendo con cinismo. Tenía muy claro por que se había puesto a beber: Lo hizo porque sentía que tenía que pensar. El alcohol embotaba la mente, pero la resaca era la mejor amiga de aquellos que querían encarar la verdad teniendo las ideas claras. Aún no sentía ninguno de los efectos del alcohol que denotaban que había pasado varios puntos de no retorno, pero si podía notar algunos: Sentía dificultad para concentrarse, una ligera lentitud de reflejos y una dosis extra del cinismo que acompañaba todas sus temporadas de mal humor.
Su pequeña utopía, una mesa solitaria en la zona vip de la tower, se vió quebrada con el sonido de una de las sillas al ser arrastrada hacia atrás. Al levantar la vista pudo ver a Daphne y Han tomar asiento a su lado.

- Joder... - Apuró el vaso, antes de depositarlo boca abajo sobre la mesa. - La extraña pareja ataca de nuevo.
- Creía que eramos un trío... - Respondió Daphne con cinismo.
- Nunca lo fuimos: El piloto nunca tuvo huevos de probar. - Rolf rió solo su propia ocurrencia. - Hacedme un favor: Largaos. Id a mi casa a jugar a la consola, a beber, a conducir, a follar... Entre vosotros o con más gente, no me importa... Pero dejadme en paz hoy ¿vale? Y tú, Han, tenemos que hablar mañana de...
- ¡No! - La palabra rompió el silencio, haciendo que ambos hombres se girasen hacia Daphne. El tirador perdió su gesto de fastidio, y el piloto el de indiferencia. - Me has tenido paranóica, Rolf. Casi pierdo la cabeza, temiendo que te la hubiesen volado a tí, y lo peor es que como me drogaste no era capaz de resistirme o intentar detenerte. ¿Entiendes lo que es eso? ¡¿Te imaginas como me sentí?! - Rolf no la miraba. Sus ojos permanecían en el vaso, colocado boca abajo sobre la mesa, en señal de que la fiesta había terminado. Sopesó la botella, planteándose un chupito de despedida, pero lo dejó correr. Tras un incómodo silencio, encaró a Daphne y habló.
- Cierra la puta boca, ¡engendro! - El insulto, gritado a la cara, dejó a la transexual completamente paralizada. Han se giró sorprendido: Nunca había creído a Rolf capaz de atacar así a una persona que se suponía que era su amiga.
- Rolf... - Fue la única respuesta que fue capaz de dar.
- Ni "Rolf" ni "escucha" ni nada. - Dijo mientras cambiaba de idea y servía una última copa. - Lo he dejado muy simple: Eres una maldita aberración amorfa y no me interesa saber nada de tí. ¿Que es lo que no entiendes? - Daphne era incapaz de hablar. Sentía como un nudo se había formado en su garganta y la oprimía hasta el punto de no dejarle respirar. Una lágrima cayó, deslizándose a lo largo de su mejilla. No era sino la primera de muchas, pero el tirador simplemente se carcajeó aún más. - Veo que lo de llorar si que sabes hacerlo como una mujer.
- ¿Cómo puedes...? ¿Cómo puedes decir? - Daphne estaba confusa, pero sobre todo dolida. Había llorado de rabia e impotencia, por miedo a que Rolf estuviese tirado en un basurero con la cabeza abierta de un balazo, y ahora se encontraba con que quien estaba acabando abatida era ella.
- ¡Lávate las lágrimas y compórtate como un hombre de verdad! - Gritó Rolf, mientras estiraba el brazo para coger el vaso, pero Han fue más rápido, y a por la botella.

En menos de un minuto, Rolf estaba tirado en el suelo, sangrando por el labio, que tenía partido, mientras dos de los vigilantes de seguridad trajeados, antaño moteros de los Dragones de Neón, sujetaban al piloto, evitando que siguiese golpeando al tirador.

- ¡Hijo de puta! ¿Así es como aprecias a la gente que se preocupa por tí? ¿Así es como devuelves el cariño que esa tía te tiene, pedazo de maricón? - Rolf se reía mientras el de seguridad lo ayudaba a levantarse. Su rostro permanecía cubierto, dando la espalda al piloto. "¿Esa es tú respuesta?", pensó Rolfhelm, "pues bien. Sea."
- ¿A quién has llamado maricón? - Preguntó mientras se erguía y alisaba su camisa.
- ¡Sal fuera, donde los pingüinos estos no se metan en medio, y te hago un mapa! - Gritaba Han, intentando zafarse.
- ¿Y qué me vas a decir, si eres tú el que ha traído al bicho con trompa? ¿Eh? ¿Quién es el maricón ahora? ¿eh? - Rolf se volvió, y en su mano había una Aegis Cort cargada y lista para abrir fuego, a tan solo medio metro de la cara del piloto. - ¿Quién?
- ¡Rolf! ¡No! - Gritó Daphne, siendo ignorada por el tirador.
- ¡Cagón! - Escupió el piloto. Los vigilantes se apartaron, confusos. Uno de ellos dio un corrió a por refuerzos, mientras el otro intentaba tranquilizar a Rolf.
- Dí lo que quieras: Yo gano, y tú eres un puto fracasado: Te ganas la vida por la mínima, en un antro de mala muerte. Estás aquí gracias a un servicio oportunista, pero no eres nada, ni lo serás. - El piloto lo miraba con auténtico odio, encarando la pistola. Daphne pudo ver como le temblaba el pulso, pero Han tuvo el autocontrol suficiente como para mantenerse erguido.
- ¿Y qué mierda ganas tú, triunfador? - Logró preguntar.
- Soy autosuficiente.
- ¡Claro que lo eres! - Han no sabía si lo que lo había ofendido de repente e instado a responder era la afirmación o la sonrisa jactanciosa que la subrayaba. - ¡Eres una puta vívora indigna de confianza, que quema a todas aquellas personas con las que contacta, sacándo todo aquello que puede de los demás para su propio beneficio y yéndose por la puerta de atrás antes de que nadie pueda pedir nada de él! ¿A que no me equivoco?
- Y tú, mi estimado indigente, eres un currante de sol a sol que se resiste a abandonar sus esperanzas por vanas que sean. Quema sus escasos talentos por su propia estupidez y nunca llegará a nada. ¿Me equivoco? - Han no respondió, y Rolf concluyó su afirmación. - Si fueses mínimamente inteligente, tendrías un grupo decente, un coche propio y quizás incluso una mujer de verdad.

Daphne pudo ver claramente un espasmo de ira sacudiendo todo el cuerpo del piloto como si fuese una descarga eléctrica. Rolf acababa de traspasar una línea de la que no había vuelta atrás, y si ella no lo impedía, se corría el riesgo de acabar de la peor forma posible. Corrió a interponerse entre ambos, pero Han la apartó de un empujón. Entonces ella se tranquilizó al ver una presencia temible erguirse tras el tirador.

- Rolf, ya has bebido más que de sobra. - La voz de Henton resonaba como el tañir de un gong: Contundente, y tan potente que cuando dejaba de oírse, quedaba un vacío que llenaba el aire.
- ¿Crees que el problema es por el whisky? - Preguntó con sorna el asesino, confiado por la bebida, el arma y su amistad con el coloso.
- Creo que el problema será tener que sacarte del culo esa puta pistolita como no desaparezcas de aquí antes de que tenga que decir una sola palabra más. - Pocas veces se le veía hablar tan en serio. Rolf lo vió, a menos de un metro de distancia, y luego vio su arma, en su mano, extendida hacia el piloto. La mirada de Henton era elocuente y directa: No te dará tiempo. Rolf decidió tomar en serio la amenza. Rompió a reir un rato, antes de empezar a hablar, pero no antes de bajar el arma.
- Vale, grandullón. Entiendo que la he montado bastante. Supongo que ya nos veremos. Pringao, engendro... Espero que eso no os incluya.

Con un andar arrogante, el tirador se fue caminando despacio. Keith había llegado junto a Rolf, avisado por el otro agente de seguridad, y estaba dando órdenes de que no le dejasen coger la moto y le llamasen a un taxi. Han no se había movido ni un ápice, e ignoraba las disculpas de Keith. Por lo visto, a los vips no los registran. Son los únicos que pueden entrar armados en el local. Daphne contenía las lágrimas, mientras se acercaba al piloto, pero cuando apoyó la mano en su hombro, este la apartó de un manotazo.

- Es por lo que ha dicho, ¿verdad? - Han asintió, sin mirarla. - Oye, no quiero que te sientas mal por mí. Somos amigos y nunca ha pasado nada, así que...
- ¿Tú? - Han la miraba, confundido. - ¡No seas idiota! La verdad es que me gustaba Pearl, la de la orgía, pero como es amiga del cabrón ese, para mí, como si hubiese muerto. Es lo otro.
- ¿Lo otro? ¿Tú grupo?
- Eres idiota... - Han sacudió la cabeza. - Tiene razón, ¿no te das cuenta? Soy el mejor piloto de todo Midgar, y ni siquiera tengo un coche para competir. ¡Es como si fuese un puto tetrapléjico!
- No te habrás ofendido por... - El piloto ni siquiera se quedó a escucharla, sino que acababa de apartar una silla de un golpe para abrirse camino, y se marchaba a largas zancadas. Intentó correr tras él, pero le fue imposible.



Era bien temprano, apenas estaba empezando a amanecer, pero a Kurtz no le sorprendió ya que los nuevos reclutas estuviesen preparados antes que él. Intentó imponer un ritmo atroz, obligándolos a acogerse a una disciplina casi militar, empezando por hacerlos madrugar como nunca en sus putas vidas, pero al segundo día se encontró con que no solo habían madrugado, sino que aún encima se habían levantado con tiempo para prepararse y arreglarse para el desfile de modas que habían creído que era el servicio en Turk. Probablemente ese imbécil de Van Zackal no había hecho sino animarles a anteponer su imagen a su preparación. El tiempo diría quien tenía razón y quien no.
Al segundo día se encontró con que muchos de sus pupilos sìmplemente venían de reenganche, tras pasar la noche de juerga relajada. Era fácil reconocer cuales practicaban ese modo de vida: Pupilas dilatadas, ojos enrojecidos, risa tonta... "Vitaminas" para mejorar la resistencia. Ahora solo era cuestión de tiempo que eso le estallase a alguien en la cara. Decidió desentenderse. Meterse en la vida de cada uno fuera de las horas en las que estaban bajo su mando únicamente llevaba a que llegasen quejas a Van Zackal, y de ahí a Jacobi, de modo que Kurtz solo se tomaba la molestia cuando creía que era alguno de los pedazos de mierda que valía mínimamente la pena.

A medida que se iba acercando a la sala de entrenamiento, mirando su reloj para llegar como siempre a las seis cero uno horas, un rumor de risas iba creciendo, más fuerte cuanto más se aproximaba. Esos graciosos estaban teniendo un buen día, y se preguntó por que. Encontró la respuesta adherida a la puerta de la entrada: Dos fotos de rostro, frente y perfil, a tamaño natural. Un chaval de unos diecisiete años, despeinado, con una sombra incompleta de barba de tres días, miraba desafiante a la cámara, marcado con los múltiples moratones de una de las detenciones más disputadas de ese año. En el cartel que sostenía en la mano, con un descarado corte de mangas a la cámara, se leía junto al número de expediente: Kurtz, J.

Cuando entró, con una luminosa sonrisa en el rostro, las risas de los chavales se congelaron. ¿Qué esperaron? ¿Cabrearlo? ¿Cómo? ¿Recordándole lo guapo que era con diecisiete? Mucho que aprender, y mucho por andar les quedaba a esta panda de críos. Kurtz se cuadró ante ellos y miró fijamente a cada uno a los ojos, antes de avanzar hasta un extremo de la formación.

- ¡Truñelkovna! - Llamó a una de las novatas, una rubia maquillada cuyo uniforme parecía listo para presentar cualquier programa sobre música para adolescentes sin criterio. - Aquí. Y Margarito a su lado. - Dijo al anoréxico al que había visto vomitando tras la hora de la comida. El rancho que les servían en el campo de entrenamiento si que era para vomitar. Las raciones servidas en Turk, en comparación, eran el paraíso. Y así siguió llamándolos, por sus despectivos apodos hasta que hubo recolocado la formación al completo a su gusto, dejándolos a todos confusos, sin saber a que venía el reajuste.

- Supongo que os preguntaréis por que os he colocado así. - Coro de murmullos, preguntas y chistes. Solo tres permanecían en silencio: Kaluta, Traviesa y Maravloi. El primero en un extremo de la fila, erguido, orgulloso y desafiante. El tercero, en un lugar poco visible, en la segunda hilera, sudando y con evidentes gestos que delataban su miedo. Traviesa, por último, estaba cerca de Kaluta, pero con algunos otros novatos en medio, curiosa y ansiosa por empezar. - Es muy simple: Ocupáis el lugar que os corresponde según vuestras habilidades a la hora de... Partir caras. - Se alzaron una serie de murmullos, entre orgullo y protesta, que Kurtz ignoró sin gesticular si quiera. - Sé que se os ha dicho que ser turco es algo más que salir a la calle a golpear a la gente, pero me parece que no se os ha explicado exactamente lo que supone el uniforme, o como cojones llaméis a eso: La reputación del departamento de investigación siempre nos ha marcado como agentes expeditivos y eficaces. Pasamos por encima de quien sea, como sea, y nunca dejamos que nadie nos mire por encima del hombro, y vosotros, como agentes, tenéis el deber de responder a estas espectativas. ¿Qué los nuevos turcos de Rufus no son una panda de neanderthales violentos y agresivos? ¿Qué tenéis que ser guapetones e ir divinos? Me importa una mierda, siempre y cuando seáis capaces de partir caras. El traje es una diana. La gente os verá con respeto, odio y temor, y vosotros tenéis que demostrarles que realmente hay algo a lo que temer. Si os dan de hostias u os humillan y no podéis impedirlo o responder, toda la oficina queda mal. Si la oficina queda mal por culpa de un idiota, las represalias irán contra los que os agredieron y contra vosotros, de modo que os lo diré ahora y solo ahora: Si tuviese que tomar hoy la decisión, solo los seis primeros de la fila pasarían el ingreso, y aún así tendrían que seguir entrenándose intensivamente. El problema es que mi opinión no se tendrá en cuenta, como probablemente os habrá dicho el sargento Van Zackal, de modo que vosotros veréis. ¿Alguna pregunta?

Se formó un murmullo de protestas, maldiciones e insultos, que Kurtz prefirió ignorar. Aún así había un par de casos en los que tenía pensado de antemano dar explicaciones, y uno de ellos tenía la mano levantada y un gesto de estupidez bovina bien marcado en el rostro.

- Buenos días, Envenao. - Saludó al novato: Era un mastodonte unos cuantos centímetros más alto que él mismo, y tan ancho como el propio Henton. Ni siquiera llevando la chaqueta abierta conseguía disimular su inmensa musculatura. Los dos únicos puestos que lo separaban del final de la clase eran dos novatas que creían que ser turco era como ser modelo, pero con pistola y permiso para pegarle a la gente.
- Envers, señor. - Corrigió, preguntándose por que su sargento aún no era capaz de pronunciar su nombre.
- Envenao. ¿No te has preguntado en estos días de donde viene tu apodo?
- ¿Apodo? ¡Ah! - Se formó un pequeño coro de risas, y el novato decidió disimular, erguirse y mirar de forma amenazadora a los que parecían disfrutar con su torpeza. - Señor, yo quería preguntarle por que soy del final si soy el más cachas del grupo.
- Te voy a responder a las dos, Envenao, pero solo porque me encanta darle caña a los maricas de gimnasio como tú. Tú no tienes paciencia, ¿verdad?
- ¿Qué quiere decir, señor? - Kurtz sonrió y siguió tanteando.
- Si por tí fuese, ahora mismo estarías patrullando la ciudad aún a riesgo de no estar lo suficientemente preparado. ¿Me equivoco?
- Yo y muchos más... - Respondió con timidez.
- Tampoco has tenido paciencia para tus musculitos de marica: Te he visto en las duchas, y tienes los brazos llenos de marcas de agujas. ¿Creías que no me iba a fijar? ¡Tu resistencia es de risa, apenas eres capaz de moverte solo por el tamaño que ocupa tanta mierda y para colmo no eres ni la mitad de fuerte de lo que aparentas!
- ¡Señor, puedo levantar más de cien kilos!
- Sí, pero no podrías ni siquiera pegarte con la primera mujer de la lista, como para aún encima darle permiso a Cagarruta, Truñensen o Virgen para que te crujan.
- ¡Puedo con cualquiera de ellos!
- ¿Algún voluntario? - El brazo alzado de Traviesa fue la confirmación: Todo tal y como el sargento había planeado. - ¡Travelo! ¡Paso al frente!

Realmente fue un espectáculo de lo más patético. Era como una niña escapando de un gordo, solo que aquí la "niña" se paraba a castigarle el hígado y el ciático cada vez que lo pillaba por la espalda, lo cual era demasiado a menudo como para estar hablando de un aspirante a turco. El marica de gimnasio no solo parecía estar dando palos de ciego, como si intentase dar puñetazos a un mosquito, sino que además sus golpes eran lentos, y parecidos a esos puñetazos de western clásico, que se ven venir a kilómetros. Solo una vez logró alcanzar su objetivo, en plena mejilla de la aspirante a agente, para obtener un "me esperaba otra cosa" como respuesta. Kurtz juraría que Traviesa se dejó dar.
Tras un par de minutos, el penóso espectáculo llegó a su fin cuando el payaso, jadeante e incapaz de levantar los brazos recibió una patada en la nariz y otra en el cuello. El sargento aún tuvo que frenar a la aspirante, deseosa de dejarle alguna muestra de deportividad mientras estaba en el suelo.

- Travelo ostenta el número seis en la lista, pero al final de esta sesión podrá pegarse con Virgen por el cinco. Tú eres el dieciocho. - Kurtz tenía que sujetar la barbilla del novato y obligarlo a mirarle la cara. Respirar le estaba costando un infierno, y quería asegurarse de que no caía inconsciente todavía. - Mañana no vengas si no quieres... Ni nunca.



Maravloi había contemplado con evidentes gestos de pánico como se había desarrollado la escena: Kurtz estaba creando una especie de tiranía, un gobierno de los más fuertes y los más violentos, e incitando a los que estaban fuera a derrocarlo por la fuerza bruta. En resumen: En lugar de enseñarlos a comportarse como una unidad, los motivaba para que se apaleasen entre ellos, poniendo en pleno centro de la diana a Kaluta, el aspirante que lo había desafiado abiertamente.
Por otra parte, no era cierto que Kurtz necesitase usar al resto del grupo como su ejército personal para plantar cara a Kaluta, como había visto cada día de entrenamiento, durante el descanso antes de pasar a disposición de Van Zackal. Solo Traviesa era la única con ganas de probar suerte después de que el veterano de las fuerzas especiales recibiese su dosis diaria de humillación. Y él, desde luego, se negaba a participar en semejante acto de barbarie, aunque también era cierto que a menudo se quedaba a ver. Siempre aprendía algo.

- Cagarruta, Travelo y cualquiera que se haya encontrado los cojones esta mañana al vestirse y crea que sepa como funcionan, hoy os toca esperar un rato. - Dijo jactancioso el sargento, refiriéndose al acostumbrado ritual del cuadrilátero post entrenamiento. Mientras tanto, Maravloi lo veía acercarse a él y se sintió condenado. - Mariflori, a mi despacho.

Concentrando todos sus esfuerzos en mantener cerrados sus esfínteres, Jensen Pyetronovich Maravloi caminó tras su sargento con paso vacilante. Tanto que su superior se giraba tras doblar cada esquina para asegurarse de que seguía ahí, riéndose como si estuviese anticipando algo de lo que solo se iba a reír él. Finalmente, abrió la puerta y entró a toda prisa, sacando uno de sus cigarros y encendiéndolo con visible alivio.

- Putas normas anti-tabaco... ¿No crees que solo deberían referirse a esos cigarrillos apestosos?
- Eh... No se. - Preguntó el novato. Se pasaba la mano por el pelo, preocupado. Su imagen buscaba ser una especie de "clásico moderno bohemio", pero ahora mismo era más del estilo del "clásico cadáver en ciernes". - Yo... yo... no fumo. Ni cigarrillos, ni... Bueno... Si que lo he probado, pero...
- No estamos aquí para hablar de tabaco. - El rostro del sargento adquirió una seriedad repentina e inusitada, que dejó al novato descolocado. ¿Era esa la señal de que la trampa se cerraba? De Kurtz se esperaba algo más del estilo de carcajadas violentas y arranques de ira, pero su rostro era igual de terrorífico, dando una imagen totalmente neutra, de la que la única sensación que obtenía era la amenaza evidente de esos ojos fijos en él, rodeados de cicatrices. - ¿Verdad?
- Eh... Supongo. - Kurtz sonrió y se levantó de nuevo. La trampa se cerraba ahora mismo, y él paralizado en su sitio, intentando no cagarse encima. En un segundo se volvió, tomó un papel y lo estampó en el modesto escritorio de contrachapado, delante de sus mismísimos ojos, antes de sentarse, poner su rostro a la misma altura del del novato y sonreír maliciosamente.
- Has sido tú, Jensen Pyetronovich, a mi no me engañas ni con un ejército de asesores políticos. - En el papel, una versión adolescente de su sargento lo miraba con desprecio desde una ficha policial de hace, así a ojo, media eternidad. Lo que realmente desarmó cualquier argumento defensivo por parte del novato fue ver a su sargento encarándolo, con su miserable mesa de contrachapado interponiéndose entre ellos (había visto el caro escritorio de diseño del otro sargento, y su despacho, mejor situado y más grande). En el rostro de Kurtz no había amenaza, sino certeza. De algún modo sabía que había sido Maravloi quien colocó los carteles, y eso que el novato se aseguró de no quedar registrado en ningún momento por las cámaras de vigilancia que llenaban el edificio Shin-Ra. Esa misma certeza era tal que Kurtz no veía necesidad de respaldarla con amenazas.
- ¿Como lo supo, sargento? - Asumiendo sus hechos, el novato se vio, de repente, más sereno.
- Uno: Es el trabajo de una impresora de calidad, de modo que no ha pasado por imprentas ni copisterías de barrio, y además ha sido obtenido informáticamente. Tú tienes el suficiente dominio de los ordenadores y esas mierdas como para conseguir la ficha, y eso que mis antecedentes preescribieron anticipadamente por el servicio militar, y además tienes esa mania de usar solo cosas de la mejor calidad.
- ¿Cómo sabe lo del dominio informático, señor?
- Se que tipo de solicitud habéis rellenado cada uno para entrar, como lo habéis hecho y cuanto habéis tardado en hacerlo. Siguiente punto: La pulcritud. Es una impresión perfectamente alineada, con márgenes perfectos y en papel satinado de gran calidad, tan suave que podrías limpiarte el culo con él. Tú eres tan pijo que vienes a hacer entrenamiento físico con zapatos de diseño y chaleco.
- No soy el único que se arregla de un modo especial.
- Eso es cierto, Jensen, pero mientras los demás son "fashion", tú eres, más bien eso: Pulcro. De todos modos, estoy un poco hasta los cojones. Te vas a buscar un calzado que sirva para partir caras, resista impactos y no resbale, o me ocuparé personalmente de que te arrepientas de no hacerlo. Ah, y lo olvidaba: El tercer dato que apunta a tí es que te has quedado en todas las "lecciones extra", aunque sin atreverte a recibir ninguna por tí mismo. Sin embargo has visto cada paliza que dí a tus compañeros, cada pulla que lancé y cada amenaza. Probablemente yo mismo dejé caer a Kaluta que aprendí a dar hostias en la calle, o que ya estaba jodiendo gente a lo grande cuando era mucho más jóven que él. Lo único que me extraña es que no hayas encontrado también la foto de mi licencia militar con deshonor. Habría sido bastante más jodida.
- Sinceramente, señor... No era tan graciosa. - A Kurtz le dio la risa. Desde luego que no: Un adolescente rebotao en un arresto por disturbios si que tiene gracia. Un militar trastornado, condenado por varios homicidios ya no tanto.
- La idea era joder, pero no cabrear, ¿no? - El sargento se sentó, repasando mentalmente nuevas posibilidades. - ¿Y por qué no quieres cabrearme, Mariflori? - Volvió a usar el apodo para provocarlo.
- Porque usted se comporta como un maníaco violento ante las provocaciones, señor. He oído... cosas.
- ¿Estrés post traumático? ¿Fatiga de combate? ¿Esquizofrenia? He llegado a oír rumores acerca de que he sido usado como conejillo de indias para psicofármacos de combate. En realidad simplemente soy un cabrón muy hostil, pero no me creo que te inhibas solo por miedo. Tambien has visto que aún no he hecho ningún daño permanente, sino que siempre que he partido caras han sido más en plan "lecciones", forzando la rendición del otro. Lo has visto cada día en Kaluta y Traviesa.
- Si, señor. Supongo que usted se expondría a una sanción si nos hiriese.
- Cabreo mil veces más a los jefes haciendo otras cosas, no creáis que me importáis tanto, ni que temo a ninguna puta sanción administrativa. Mira, pipiolo, ya hemos dado bastantes vueltas: Eres el número quince en la lista de tíos duros. Eso te coloca encima de dos modelos anoréxicas, un marica de gimnasio adicto a los anabolizantes y un icono pop anoréxico con problemas de coordinación. Tus posibilidades de sobrevivir ahí fuera son pocas, y pasan necesariamente por caerle bien a Van Zackal y salir en las fotos de sociedad en lugar de ser un turco de verdad. ¿Tú quieres eso?
- Eh...
- ¿Es una pregunta demasiado complicada, novato? - Kurtz realmente estaba sorprendido al ver que se lo pensaba tanto.
- Si. Quiero decir, lo es, señor. Mi primera... Esto... ¿Permiso para hablar libremente, señor? - Su sargento asintió. - Mi primera respuesta es "no". He estado viendo toda esa propaganda de Turk, y además me gustaría hacer algo por los disturbios en las calles, ahora que con el estado de excepción los desórdenes son tan frecuentes. En resumen, no he venido para ser una estrella de prensa rosa, a diferencia de lo que parece una tendencia general. Sin embargo, señor, usted lo pinta con una disyuntiva evidente: O me convierto en un "turco mediático" o voy a morir, y la verdad...
- La verdad... - Interrumpió el veterano. - Es que con el periodo de entrenamiento al que se sometía a los agentes antes del nombramiento de Jacobi como capitán, el setenta por ciento de vosotros, de haber sido aceptados en el entrenamiento, ya habríais muerto.
- Yo incluido, supongo... Señor.
- Tú incluido, Jensen Pyetronovich Maravloi. Tu puntería no es nada destacable, y por lo que he visto, cualquier pandillero con un poco de experiencia podría hacer que te vayas a casa llorando, pero al menos has demostrado algo con esto. - Señaló a la foto de la ficha policial. - Sabes investigar, y en Turk no solo tenemos que saber partir caras, sino también saber a quien partírsela. Demuestra que eres capaz de obtener información sobre cualquier cosa y yo firmaré gustosamente tu aptitud en las pruebas físicas, con una condición.
- Le escucho, sargento.
- ¡Claro que me escuchas! ¡No te jode! - Kurtz rio con sarcasmo. - Este es el trato: Quiero un dossier completo sobre tu compañera, Traviesa, que no dice ni su nombre, y otro sobre tu otro sargento, Van Zackal. Los quiero sobre mi mesa antes de que acabe el periodo de instrucción y sin que nadie lo sepa nunca. Y la condición de tu aprobado es que sigas con tu preparación física aunque ya hayas pasado la instrucción.
- ¿Puedo preguntar por qué esas dos personas en concreto? - El veterano lo miró fijamente unos segundos, antes de contestar.
- En cuanto a tu compañera, parece un hueso duro de roer en lo referido a todo su pasado. No podrás obtener nada de ella, y no responde a la intimidación, coacción ni chantaje. Tengo curiosidad por saber que pinta aquí, en Turk, y por que la cogieron. En cuanto a Van Zackal, creo que si te vas a quedar, estará bien que sepas como son las cosas aquí dentro. - Kurtz se volvió a levantar. - ¿Alguna última pregunta?
- Si se nos elige como una especie de "casting", ¿qué cree que pinta alguien como Kaluta en el grupo?
- Esa es fácil: Lo han alistado para que me partiese la cara y les salió mal. ¿Algo más? - El novato no se levantó, señal de que si había otra pregunta, pero por lo visto no le era fácil plantearla.
- ¿Realmente cree que nuestras posibilidades de sobrevivir son tan pocas?
- ¿Con el estado de excepción? Yo mismo me las he visto con unos cuantos miembros de SOLDADO. Un par de ellos eran primeras. ¿Realmente crees que tenéis alguna posibilidad contra alguien así? Durariais menos que el tío ese que sale en la prensa barata esquivando trenes con los ojos vendados.
- Si nos han seleccionado, será por algo...
- Te apuesto aquí y ahora cien giles y un maravilloso puro coreliano de plantación tradicional, liado a mano, a que palman un mínimo de tres en las primeras cuatro semanas. - El novato le tendió la mano en silencio. Kurtz pudo ver la esperanza reflejada en sus pupilas, y la tomó, estrechándola brevemente. - Si me disculpas, Mariflori, me voy a pegarle a tus compañeros.



- ¿Realmente lo ves tan mal? - Desde las cintas elípticas, Mashi y Svetlana fingían entrenar, cuando en realidad lo único que estaban haciendo era espiar el entrenamiento especial que Kurtz dedicaba a Yvette y a sus nuevas incorporaciones. Les sorprendió ver que Yvette no solo no se había frustrado al perder su exclusividad, sino que disfrutaba con su superioridad sobre Traviesa y Maravloi, cuando se presentaba.
- Piénsalo, chaval. Os eligieron por vuestra apariencia. Har fue policía durante años. Yo serví en la 90 de fuerzas especiales y luego en los SWAT, y Kurtz es un veterano curtido de la guerra de Wutai
- Ya lo se... Lo se de sobra. Pero Montes es cinturón negro de tres artes marciales. - Comentó el novato.
- Si fuese tan duro estaría sobre el ring, y no entrenando allá al fondo, enseñando técnicas mortales de película a cuatro payasos impresionables. - Escupió la veterana.
- Realmente parece que te moleste que prefieran entrenar con Montes antes que con Kurtz...
- ¿Cómo no me va a molestar? ¡No tiene sentido! Montes es un payaso, y ha estado al frente en tantas misiones en todos sus... meses de servicio, como yo en las dos últimas semanas. ¿Qué esperan aprender? ¿Cómo hacer mamadas a Jacobi?
- Si, ese es un buen ejemplo. - Svetlana miraba a Mashi con indignada sorpresa, como si acabase de insultarla. - Se hacen amigos de Van Zackal durante la instrucción, y de Montes en estas sesiones extra. A eso le sumas que logran arreglarse y ser más fashion todavía y lo único que les dispararán en toda su vida, serán flashes de paparazzi. - La veterana lo miraba con un gesto amargo y desencantado. - ¿Ves como todo es cuestión de perspectiva, mamá oso?
- Cachorro, sé perfectamente como reconocer el gesto extasiado de un par de novatos aprendiendo nuevas formas de partir caras.
- Es posible. No me metí en este trabajo por la carta blanca para ser un cabrón violento.
- ¿Quien crees que si? - Svetlana estaba intrigada por como había dicho Mashi aquello de "Cabrón violento". En ese preciso momento, sobre el ring del gimnasio, Kurtz acababa de detener un puñetazo a medio centímetro de la sien de uno de los novatos, al que antes había derribado y estaba retorciendo varios dedos, dejándolo indefenso. Parecía estar disfrutando mucho con ello.
- Es evidente... - Mashi levantó la vista.
- Dilo, Cachorro. Quiero oír como lo dices.
- ¿Kurtz? ¿Yvette?
- Por lo que se, la petarda rubia está ahí por que es una rica aburrida y ansiosa de emociones. Eso no quiere decir que quiera agredir a nadie.
- ¿Y Kurtz? ¿A cuanta gente ha matado? ¿A cuanta ha herido?
- ¿Qué importa? - Svetlana realmente parecía no darle importancia al asunto.
- ¿Cómo que qué importa? ¡Hablo de vidas! ¡Hablo de gente a la que mató!
- ¿Hablas de cuando luchaba por su supervivencia en la jungla, o de cuando se vistió un traje negro y empezó a salir a la calle para asegurar mediante el terror el dominio de una compañía que pretende asentar su recién adquirida dominación mundial, para la que, por cierto, tú trabajas?
- ¿Y con ese gusto por las múltiples morales, tú, le dices a tus hijos lo que está bien o mal? - Suspiró Mashi casi derrotado. - Pero un homicidio siempre es un homicidio.
- ¿Que quieres que te diga? Kurtz mata, yo mato, los locos a los que abatimos matan, las enfermedades matan, los ganaderos matan... ¿Has olvidado que de no ser por él, la seguridad de la Tower of Arrogance te habría llenado de plomo? Tú mismo me lo contaste.
- ¿Entonces las acciones se compensan? - Preguntó ya abandonando el tema, ante la imposibilidad de seguir con el debate. - ¿Cuántos cadáveres han quedado compensados con mi salvación? ¿Cuanto valgo?
- No es una cuestión de compensación, Mashi: Mañana, un ejemplar padre de familia puede tomar la decisión equivocada y coger un arma o un pedazo de materia, y yo le volaré la cabeza sin pensar en ello. Una mala decisión y toda una vida a la mierda, y te aseguro que no me importará. Después de apretar el gatillo, todas esas buenas o malas acciones quedan en el recuerdo de quien lo quiera conservar.
- Y tú simplemente te desentiendes.
- Yo me preocupo de cosas a las que doy más importancia, como evitar que mis hijos o mi marido tomen algún día una mala decisión.



Rolf caminaba de un lado a otro de su piso sin detenerse en ningun lugar. Los últimos rayos de sol despuntaban sobre las azoteas de la ciudad, pero él acababa de levantarse. Al fondo, el pitido del microondas insistía una y otra vez en que su café ya estaba preparado, pero Rolf tenía otras preocupaciones mayores que el propio desayuno. Se dejó caer en el sofá, mirando sus manos. En una, tenía un mensaje de texto ya escrito en su PHS, breve y conciso, según el código acordado: "Hay una peli interesante a punto de ser estrenada. ¿Quedamos para verla? Me urge ir.". En la otra mano, estaba la placa que había arrancado al tirador misterioso, con sus muescas y su única palabra reconocible: Pastor. A miró hacia la mesita del salón, donde su ordenador portatil estaba encendido, con las últimas páginas web que había estado consultando (una sobre teorías de la conspiración y la otra era una guía del código Morse), y pulsó una tecla en su PHS, mientras su mirada se desviaba hacia la Aegis Cort preparada, al lado del teclado. En la pantalla apareció la confirmación de un nuevo mensaje de texto enviado a SK.

Unos minutos más tarde, sentado, con la mirada perdida en su taza de café, oyó como el timbre de la puerta sonaba. "Llega pronto", pensó el tirador. Con el dolor y el aturdimiento de la resaca, Rolf caminó hasta la puerta y extendió el brazo hasta la pantalla del interfono, cuando su PHS se iluminó. Lo cogió corriendo, dejando de lado la puerta de la calle. "Otro día, hoy trabajo hasta tarde. SK".

- ¿Quien cojones...? - Se preguntó mientras la persona que esperaba a que le abriesen la puerta insistía, y pulsó el boton que encendía la pantalla. En ella apareció el rostro de Han.
- ¡Abre de una puta vez, hijo de la gran puta! - "Tan poco original como siempre..." Rolf Pulsó el botón. Para su sorpresa, Han no entró. Levantó una mano ante la cámara, de la que colgaban lo que parecían ser dos juegos de llaves. Han los arrojó en la entrada del edificio de su ex compañero. - Antes de aceptar ser tu mantenido, prefiero renunciar a él. Lo tienes aparcado a pocos metros, hacia el final de la calle. ¡Que te jodan!

8 comentarios:

Mephisto dijo...

A Rolfmao se le ha ido pero bien ._. Cada vez está mas turbio el intríngulis entre el francotirador, el piloto y la tranny.

Por otra parte me encanta el Kurtz instructor, mira que tienes facilidad para encontrar motes xD A ver si alguno de los nuevos turcos consigue ser decente.

Ukio sensei dijo...

En defensa de nuestro amigo Rolfmao, diré que todas y cada una de sus acciones están dictadas por la lógica. El que quiera saber más, que investigue

Rokhsa dijo...

El caso es que yo iba a decir lo mismo, que Rolf se había pasado cuatro pueblos, pero me ha mosqueado bastante que digas que eso.
Tendré que volver a leer algunas partes del susodicho.

Astaroth dijo...

He entendido bastantes partes referentes a Rolfmao, pero algunas otras me han dejado confuso. No sé por dónde debería empezar a investigar, si en relatos cercanos o remontarme al pasado.

Ukio sensei dijo...

Vamos a ver... Tenemos el primer capítulo de la trama en el 152. Adelante, pezqueñines. Investigad!

Skeith dijo...

He llegado a la conclusión de que si existe "un" Rolf real no me gustaría toparme con él bebido, aunque no me conozca xD.

Kurtz mola más a cada día que pasa, y espero que Maravloi pase el entrenamiento. Le ha sufrido poco, pero bastante bien xD.

Ukio sensei dijo...

Rolf no es ningún borracho hostil, el problema viene de otra cosa (esa que tanto animo a investigar).

O sino, siempre podéis esperar a ver como acaba todo.

Que pasa con Maravloi? Quieres ver como seguiría su vida bajo el tiránico mandato de Kurtz? XDDD

Skeith dijo...

¡Sí! Tiene toda la pinta de que Kurtz va a emplearle de buscador de trapos sucios de todo el que le toque la moral. Y eso no le va a ser fácil, pero será divertido tanto ver sus apuros para conseguir información como la cara de los "amiguetes" de Kurtz cuando les señale y se ría en su cara.