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viernes, 12 de febrero de 2010

203

Un pequeño suspiro surgió de su boca mientras aquella placentera sensación se expandía por todosu cuerpo, desnudo y empapado. Aquella había sido una noche extraña, surrealista y por encima de todo, preocupante. No esperaba acabar teniendo a Alex en su cama. Pero ahora mismo todo podía irse a la mierda, pensó mientras volvía a suspirar y se concentraba en el placer...



"Tenemos que hablar".

Alexander estaba acostumbrado al viejo chiste de que ésta es la peor frase que puede decirte una mujer, pero él para sus adentros añadía con cinismo que es mucho peor cuando quien te la dice es tu familia. Ascanius le había citado en un elegante (entiéndase pijo) café de la parte superior de la placa, remarcando que si NO acudía, habría consecuencias.

Si hubiera sabido de antemano las consecuencias de ACUDIR, quizás se lo hubiera repensado, pero aquella mañana él no tenía el don de la videncia.

Dado lo poco habitual que era que su hermano se metiera en su vida, las cosas habían sido predecibles. Lo que llevaba a entender el por qué estaba él sentado en un cómodo sillón anaranjado delante de una copa de crema de nuez Zeio y con un cigarrillo de liar en la mano, insultantemente vestido con su ropa de diario en uno de los locales más elitistas del Alto Midgard. Una cosa era acudir, porque no quedaban más pelotas, y otra ser un mamón sin dignidad ni orgullo.

– Llegas pronto.- saludó una grave voz.

– Y tú en punto y un segundo, para no variar. Eres peor que un puto reloj iciclano.-

– La puntualidad es una de las bases de la educación de un caballero.-

– Otra de esas bases no escritos es que os meten un pal por el...- susurró entre dientes Alex.

– ¡Basta! No te he llamado para que muestres tu irreverencia.- le cortó con brusquedad su hermano.

Físicamente eran muy parecidos. Ambos habían heredado los chispeantes ojos verdes y la piel bronceada de su madre, así como los rasgos afilados y la nariz recta de su padre, pero mientras que Alexander tenía el pelo negro azabache, el de Ascanius era cobrizo. Y aunque llevaban un corte similar, ahí acababa todo parecido. El mayor vestía un caro traje de corte exclusivo en negro y tenía un porte austero, serio y distante, en tanto que el menor llevaba sus vaqueros como una segunda piel, una camiseta ajada en negro con el logotipo de un viejo grupo rockero y pequeños accesorios en plata y cuero negro. Su cazadora reposaba en el respaldo de su asiento, y su pose desenfadada rezumaba descaro y depredación a partes iguales.

– Alex, deberías volver a casa...- empezó el mayor.- Esta vida te está afectando...-

– Sabes por qué me fui. No puedes pedirme ahora que agache la cabeza.-

– No es tu cabeza la que me preocupa.-

Con cuidadosos movimientos, Ascanius extrajo un sobre y lo lanzó sobre la mesa. De su interior se desparramaron unas fotografías que hicieron a Alexander entrecerrar los ojos.

– No preguntaré de donde han salido, pero sí qué cojones haces tú con esto.- siseó mientras señalaba una excelente instantanea de su cena con Victoria.

– Mejor yo que padre.-

– No te salgas por la tangente. Lo que yo haga en mi vida privada no es asunto vuestro, y nuestro padre puede decir misa al respecto. No le debo nada, me gano mi propio sueldo.-

– Alex...- suspiró su hermano masajeándose el entrecejo con la diestra.- Lo que importa no es que te hayas estado luciendo con una muñequita menor de edad por los restaurantes. Como si la alta sociedad no tuviera muchos otros escándalos de losque hablar. Pero si yo he conseguido estas fotos, otros lo harán. No sé si eres consciente de que la has puesto en el punto de mira.-

– ¡Son mis asuntos!-

– ¡Y es su cabeza, imbécil!-

– ¿Me has llamado para dicutir mi vida privada, o hay algo más?-

Ascanius contubo un resoplido. A pesar de lo que pudiera parecer, él y Alex se llevaban bien y se apreciaban, pero su díscolo hermano sacaría de quicio a un santo, incluso a un santo que lo conociera desde que nació.

– Es evidente que no...-



Era oficial. Iori se había vuelto paranoico.

Podía resultar dificil de ver para la gran mayoría que asoctumbraba a verlo por los pasillos de la universidad, o en los laboratorios, pero Laura había tenido el "privilegio" de llegar a conocerle, y que ni ella fuese capaz de sacarlo de su piso para tomar un vulgar aperitivo clasificaba como alarma urgente.

– En serio, I-kun, estás raro...- comentó mientras preparaba café. Un pulcro joven de tez pálida esperaba en el sofá, releyendo datos. Incluso para andar por casa tenía que ir perfecto, refunfuñó mentalmente la chica. El chandal gris que llevaba no hubiera estado más impoluto de haber colgado en una percha.

– Imaginaciones tuyas.-

– Sí, claroooooo... y las vacas vuelan. Desde que hablaste con mi padre vives con un pie fuera de la realidad. ¿Vas a contarme de una vez lo que pasó? Papá no puede, cada día está más olvidadizo.-

– Lo sé... cuando fui a verlo ni se acordaba da que nos había presentado hace años y me recitó tu biografía.-

El comentario era pequeño, pero por lo menos demostraba que Iori aún podía seguir una conversación. Siempre que le sacases las frases con sacacorchos.

Laura puso la taza de café negro delante del chico, y se sentó en el sillón contiguo, sorbiendo su capuccino. El estado de su padre, por la avanzada enfermedad que lo consumía, había pasado de preocupación a resignación. Y una ex-militar no podía dejarse llevar por la pena de ver morir a alguien. Sería como tratar de secar el mar con una bayeta muy húmeda.

– Contesta.-

– No.-

– ¡Contesta!-

– Acabo de hacerlo. Mi respuesta es no. No te voy a contar lo que pasó.-

Ni siquiera la miraba. Toda su atención se centraba en aquellos puñeteros papeles, y su rostro ligeramente demacrado se veía iluminado por sus ojos como ascuas que devoraban ávidamente cada párrafo. La chica ojeó el pequeño salón, de paredes blancas y con una lámpara de pie por toda fuente de luz, el sofa, los sillones, la mesita, el estante con la tele, y cuando llegó al interruptor de la luz se dijo que ya había divagado bastante y que era hora de sonsacar al chaval.

– Hay dos opciones...- la inclinación hacia delante de Laura si consiguió sacarlo de su indiferencia, o al menos eso pareció.- O es algo avergonzante entre hombres... o es algo que debió quedar enterrado en el pasado.-

Iori maldijo la puntería de Laura. No sólo era buena disparando armas de fuego.

– En caso de que fuera alguna de la dos, como comprenderás, mi respuesta sigue siendo "no".-

– Pues ya me dirás entonces como pretendes que te ayude, "genio".- resopló la chica.- Para eso me llamaste, ¿no?-

El chico la miró. Aunque era mayor que él (ella rondaba los treinta y seis), no aparentaba en absoluto su edad. Tenía el cuerpo nervudo, con los músculos bastante marcados para una chica, la piel tostada y el pelo rubio ceniza, largo y rizado. Usualmente se lo soltaba, pero hoy lo recogió en una cola de caballo. Vestía unos pantalones militares y una camiseta blanca, y su expresión enfurruñada se le antojaba encantadora al témpano de hielo que era su mente.

– Necesito que encuentres a alguien, y antes de que me preguntes, yo no puedo salir a buscarlo... o buscarla...-




Dejarse llevar, no pensar... hmmm, y era tan delicioso... aquel tacto deslizándose por su piel expuesta.... Victoria ronroneó.

El calor aumentaba, empañándolo todo.

Y ella sólo se veía capaz de suspirar y seguir...


– No me puedes pedir esto, Ascan...- la mueca de dolor de Alexander no era, por una vez, fingida.- Por favor, no...-

– No tenemos otra opción. Ni tú ni yo. ¿O es que crees que me siento feliz?- arrojó el periódico del día sobre la mesa, abierto por la mitad. En una pequeña esquina se detallaba el informe de un incendio en los suburbios la noche pasada. Un pub de mala muerte, según leyó.- No fue un simple incendio. Hay rumores entre los de la jet set que fue una venganza de los mandamases. Pero nadie se atreve a decir nada en voz alta, lo cual indica que es algo "oficial".-

Su hermano asintió. "Oficial", en dicho contexto, era la palabra clave con la que ambos hermanos designaban los actos de organismos oficiales del gobierno. Y hasta que nadie sacase la versión oficial, todo quedaba en murmullos de corredor.

– En cualquier caso...- preguntó Alex tomando un sorbo de su crema.- ¿Qué quieres decirme con esto?-

– Que no podemos escapar, Alex. Tú lo hiciste a medias, pero sigues siendo un Castro e Andrade, con todo lo que eso conlleva. Tienes que hacerlo. No es una petición.-

– Ascan, no...-

– Las órdenes vienen de arriba. Sabes a lo que te arriesgas si desobedeces... y a lo que nos expones a los demás.-

– ¡A la mierda, Ascan, yo no voy a matar inocentes!-

Esto estaba siendo más dramático de lo previsto, pensó el mayor. Ojalá yo sólo fuese un pijo dedicado a llevar los negociones de la familia, pensó. Ojalá tú sólo fueses la oveja negra y mi rebelde hermanito. Alex estaba punto de derrumbarse... y él no podía ayudarlo ni salvarlo. No podía decirle que no pasaba nada. Lo miró con tristeza.

– Puedes llorar ante mí...

– ¡Que me follen con alabre de espino antes que eso!- escupió entre dientes mientras apretaba
los puños. Si tenía que hacer patente su desesperación, lo haría con la furia.

– No tienes elección...-

– Lo sé, joder... lo sé.- apoyó las manos en la mesa y las contempló.- Eso es precisamente lo que no puedo aguantar. La falta de opciones.-

– Lo harás bien.-

– Lo haré y punto...-

Soy bueno en lo que hago. Por eso me encargan estos trabajos. Lástima que sea bueno matando. Lástima que me encarguen asesinar a gente que no ha hecho nada sólo para gobernar a través del terror...

Alexander miró impotente la hoja que su hermano le tendía, y que detallaba su misión: enfrentar a la gente los suburbios unos con otros. Ni siquiera le decían el para qué.



Eduardo revisando su vieja colección de Cds de música era la viva imagen de la felicidad. El Saucer iba viento en popa, su nieta por fín tenía en la cabeza algo más que matar gente y esa noche había concierto libre en su local a cargo de una banda novel pero a su juicio muy buena, Impel Down.

Y sin embargo, a veces le daba la impresión de faltarle una pieza en el puzzle. La mirada feliz se transformó en añoranza cuando vió la foto junto a la caja de los Cds. Tenía toda una pared de su salón con instantáneas de los reclutas que habían pasado por su mando, todos ellos, pero esa foto nunca terminaba de decidirse a colgarla. Jamás logró decidir quién ganó la pelea entre su rencor o su afecto.

Quizás fuese mejor relegarla a un cajón de esos que sólo abres una vez cada diez años, en medio de la gran limpieza caótica que organizabas cuando las pelusas ya te saludaban al salir de debajo de la cama.

"No es más que otro recuerdo para la colección, viejo. No intentes resolver ahora lo que no resolviste hace dieciocho años..."

Silbando, metió los últimos compactos seleccionados en la caja y bajó al local. Todo estaba listo par la noche y sólo le quedaba matar el rato haciendo cosas típicas de barman, como limpiar vasos con un paño.

Acústicamente, la siguiente escena puede resumirse en: puerta que se abre, vaso que se rompe, voz que susurra un nombre.

"Laura..."



Llegaba tarde al lugar donde había quedado con ella, lo sabía. Seguramente estaría furiosa. Y contra lo que pudiera parecer, no le daba igual. Pero le estaba costando llegar...

Ajá, el parque a la vista... sólo deseaba que la acera no se moviese tanto.

– Tú, maldito imbécil de...-

– Hngoooooooooolaaa... qué passssha... ssssssssiento la tardanza, en serio, hgaaaa sido... una estupideeeeeezzzzzz...-

Victoria alucinó. Un Alexander disculpándose era raro, pero un Alexander ebrio y medio arrastrado era el colmo. Su enfado no pudo con su preocupación... y eso la molestó. Se suponía que ese tío no le caía bien.

– ¿Tienes alguna excusa para tu borrachera, o simplemente va a ser un "porque puedo"?-

– Vaaaaaaa, Vic... ngooooooo te enojesssssss congmigo... ¿estoy borrasho?-

– Mucho.-

– Cojjjjjjjjjjonudo... hay coshas a las que no debería enfrentarssssse alguieng sobrio...-

La niña lo agarró por el brazo y lo guió a través de Mercado Muro. Su paciencia era de mecha corta, pero esperaba que el trayecto hasta el club de su abuelo fuese aún más corto. El chaval necesitaba un jarro de agua fría en la cabeza. Y a lo mejor también el agua fría.

Veinte minutos más tarde, Alex estaba razonablemente semisobrio sentado en el borde de la cama que Vic utilizaba cuando se quedaba con Eduardo, y ella estaba esperando una explicación.

– Soy un mierda...-
– ¿Por cual de los muchos motivos disponibles lo dices?-

Él la miró con seriedad.

– No es algo para tomarse a broma.-
– Perdona...- la disculpa fue sincera. Alex estaba demasiado amargo y con la mirada desmasiado desesperada como para continuar por el camino del sarcasmo con él.- ¿Qué ha ocurrido?-
– Que voy a ser un puto bastardo de SHINRA, y lo voy a ser porque no tengo elección...-
– Eso no me aclara mucho...-
– Es mejor no saber más.- respondió huraño.

Victoria no tenía mucha experiencia consolando gente. Su abuelo hubiera sabido manejar la situación, pero no estaba en el club. De modo que ella hizo lo único que sabía: lo abrazó como a un niño y le susurró.

– Calma, calma... estoy aquí...-

Su madre solía actuar así cuando, de niña, estaba triste.

Pero por lo que Vic recordaba, el paso siguiente no era que el consolado se echase a llorar a moco tendido.



Ahhhhhh, dioses, no quería terminar... aquello le gustaba demasiado. El gozo era superlativo.

Aquella sustancia blanco lechoso resbaló por su cuerpo. Suspiró antes de quitársela con desgana, porque sabía que eso era un "se acabó la diversión".

Y así, desnudo y húmeda, Victoria salió de la ducha. Envuelta en una toalla, regresó a la habitación y contempló a un Alexander que, agotado, se había dormido. Había llevado un buen rato de lacrimógena confesión entender lo que le pasaba, y de momento Vic prefería no juzgar.

Alex iba a tener que disparar a gente de los suburbios. Porque sí.

Porque SHINRA lo quería.

Y ella no podía volverle la espalda, ni tampoco detenerlo. Quien mandasen después de él si fallaba podría ser incluso peor.

"SHINRA debe caer..."

jueves, 19 de febrero de 2009

159

Con un gesto preciso y mecánico se ajustó las delgadas lentes sobre el puente de su recta nariz y examinó las diferentes flores con ojo crítico y gesto serio. Por supuesto, elegiría las más adecuadas. Iori nunca hacía nada sin asegurarse de que lo hacía milimétricamente calculado para que fuera perfecto, aunque se tratase de elegir un simple ramo de flores.




Suspiró, si es que era posible compararlo así, con la exactitud de un reloj, mientras se acercaba al mostrador. Iori rara vez fallaba en algo, pero hasta él admitía que no tenía ni idea del lenguaje de las flores.




- Disculpe.- llamó a la joven dependienta con voz neutra.- Necesito que me ayude.- y sonó más como una petición que como una orden.




La interpelada, una veinteañera de cabello castaño recogido en una coleta, alegres ojos a juego, vaqueros, camiseta verde pistacho y mandil blanco, en el que brillaba una pequeña plaquita con el nombre "Claire", se volvió hacia el cliente... secretamente encantada de atenderlo. Era un joven de aproximadamente su misma edad, con piel marfileña, ojos negros y cabello igualmente negro, cortado de manera formal pero con concesiones rebeldes como el flequillo de finos mechones. Tal vez pudiera ligar con él, aparentaba ser alguien serio y formal.




Sonrió mientras lo atendía.




- Por supuesto. Dígame que tipo de flores quiere.-




- Son para visitar a un ingresado en el hospital. Las quiero sencillas, sin ningún mensaje romántico.- un glaciar no hubiera sido más frío que la respuesta de Iori.




- Oh, pues... esto...- los nervios le iban a jugar una mala pasada a la novata, recién empleada en la floristería y obviamente no acostumbrada a una actitud tan formal y distante.




Recorrió con la mirada los diversos recipientes, pensando qué podría sactisfacer el pedido de aquel cliente de manera completa. Algo le decía que equivocarse no era una opción.




- Yo... le sugeriría unos crisantemos blancos y amarillo pálido.- hizo memoria acerca del significado de dichas flores para recitarlo.- Simbolizan alegría, optimismo, descanso y vida larga. Perfectas para un convaleciente. Sólo le costarán 10 guiles y le regalamos la envoltura.- hizo un nuevo y atrevido intento por simpatizar...




- El precio me conviene. No tarde, tengo prisa.-... que seguramente hubiera dado más frutos si lo aplicara a una roca cubierta de escarcha. Definitivamente este joven era un robot, pensó desalentada. Oh, bueno. No era el único de su tipo en todo el mundo, ya encontraría a otro más majo. Gafitas incluídas. A Claire le gustaban los gafitas.




Procurando no estropear el plástico, la chica envolvió el ramo y lo ató con una cinta blanca.




Iori pagó lo pactado y se marchó tras un leve "gracias". Ni tiempo le dio a Claire de decirla el clásico "Esperamos que vuelva a neustra tienda". Pero él no gastaba su atención en esas nimiedades superfluas. Educación sí, derrochar simpatía ni hablar. Eso era para seres patéticos que necesitaban agradar como fuese.




Arrancando su pulcro Youta IQ gris metalizado, puso rumbo al hospital donde estaba ingresado su mentor. En el asiento del copiloto, el ramo. A los pies de éste, su bolsa con el portatil, la agenda, los bolígrafos y otros ítems aburridos de detallar, impecablemente clasificados en compartimentos. En la radio, una canción de un viejo grupo, los Atomic Wasteland anunciaba el presentador... no era precisamente el tipo de música de Iori, que fue cambiando de emisora hasta encontrar la de clásica, con un concierto en violín de Yenessa Mae dispuesto a amenizar sus oídos. Conducir era algo que le gustaba: se trataba de una actividad tranquila, unipersonal y relajante. A veces cogía el coche y se daba una vuelta al sector por el puro placer de conducir.




Con lo cual, al llegar al hospital su alegría había subido un par de peldaños en la escala, aunque habría que ser un auténtico genio de la psicología gestual y facial para detectarlo, y aún así cabría la duda.




Aparcar, coger el ramo y encaminarse a la puerta no le llevó apenas tiempo. Su traje negro con corbata y su bata blanca le ayudaban a confudirse entre los pasillos atestados de médicos, enfermeros y pacientes, pero Iori no era médico, ni deseaba serlo. Él era un prometedor futuro científico, y eso era algo que le debía a...




Ajá, habitación 207. Allí estaba.




- Adelante, adelante, está abierto...- una voz vieja y cascada, débil coo el cruji del papel antiguo, contestó a sus toques.




- Saludos, maestro. Es un placer verle.- nada más ingresar en el cuarto depositó su ramo en la mesilla.




Sólo había una cama grande, y el ocupante era un hombre que ha visto pasar mucha vida ante sí. Escasos cabellos blancos, poblados bigotes y una venerable barba cana, unidas a unos rasgos tan arrugados como los de una tortuga y un cuerpo flaco y anciano componían al profesor Xero, doctorado en Ciencias de la Genética, laureado investigador en el pasado e inexplicablemente caído en desgracía unos años atrás. La vejez y la enfermedad habían hecho mella en su cuerpo, reduciéndolo a un estado inmóvil, pero pacífico. Su rostro amable mostraba la alegría calmada de quien ve llegar a la muerte y la saluda como una amiga.




- Iori, qué gusto verte. Mi mejor alumno, y también el único que se acuerda de su pobre y anciano profesor. ¿Quieres tomar algo? Sé que no aprecias los dulces, pero esas galletas de ahí son de jengibre amargo, sin azúcar ni glucosa.- el profesor Xero señaló la caja sobre la mesilla junto a su cama con una ducle sonrisa.




- Es usted muy amable, maestro. Ya sabe que me encanta conversar con usted y aprender de su experiencia.- aseguró el joven mientras se sentaba cerca y cogía la galleta ofrecida. Estaba rica, con un toque casero: la primera sonrisa del día, leve y tímida, asomó a sus labios.




- Me las prepara mi hija Laura, una muchacha estupenda. Es una lástima que no heredase mi pasión por la ciencia, pero me siento muy orgullosa de ella. Estuvo en el ejército, ¿sabes? Y fue de la unidad de francotiradores.- la respiración resollante del anciano daba fe de su debilidad.- Ojalá pudiera contarle a ella lo que llevo guardando tanto tiempo...-




- ¿Ese asunto del que nunca ha querido hablar, maestro?- preguntó de súbito Iori, repentinamente tenso e interesado.- Sabe usted que yo lo respeto y me siento muy agradecido por sus enseñanzas, pero...-




- Iori, eres inteligente y sabes que eres como un hijo para mí. Es evidente que deseo contártelo.-




- Maestro, no sé si será adecuado....-




- ¡Lo es, lo es!- la excitación creciente del profesor se convirtió en un acceso de tos que detuvo su perorata unos instantes, mientras su alumno le daba un vaso de agua.- Gracias, muchacho. Eres una buena persona. Es por ello, y por tus dones científicos, que quiero confesarte mi pecado. Tal vez tú puedas terminar mi empresa y darme la paz... Iori, yo no soy bueno.-




- No debe decir eso, maestro. Me brindó toda la ayuda, la beca de estudios y sus conocimientos cuando yo era un simple estudiante. Usted es bueno.-




- No, hijo, no... eso fue, en principio, para librarme de la culpa. Y luego, porque te empecé a querer. Pero debes saber que hice cosas terribles, cosas por las que debo pagar y por las cuales renuncié a seguir trabajando para Ellos.- la forma de pronunciar "ellos" mandó un escalofrío por la columna de Iori.




- SHINRA...-




- Yo trabajé para ellos en mi juventud, muchacho, en sus laboratorios. Por entonces tenía prestigio y una prometedora carrera: experimentábamos con MAKO y buscámabos combinaciones genéticas que nos permitieran crear mejores medicamentos. Diré en mi defensa que siempre busqué el bien para la gente... pero eso no me absuelve, hijo, no. Nunca debí aceptar el ofrecimiento. Pero la curiosidad de la ciencia es grande, tú lo sabes. No, no debí aceptar...-




Siguiendo el hilo tartamudeante del profesor Xero, Iori se asombraba internamente. Había ido con la idea de conversar un rato sobre genética con su antiguo mentor y protector, pero se encontró con un anciano consumido que deseaba entregarle sus oscuros secretos. Todo estaba ocurriendo demasiado rápido, pero no podía reprimir su ansia de saber más.




- ... es la enfermedad del científico y del investigador, hijo, y tú la tienes, más incluso que yo. Ay de aquellos que juegan a ser dios... y yo jugué, Iori, yo jugué por vanidad, por orgullo, por la ciencia... me creí capaz de arrebatar a Dios uno de sus misterios. Todo el equipo lo creíamos.- intentó mover su cuerpo frágil a un lado, dejando acceso cómodo a su almohada.- Bajo la almohada hay una carpeta. Quiero que la cojas y te la lleves, porque pasará a tus manos junto con el resto de mis archivos. Por favor, cógela...-




El joven no se vio con fuerzas para negarle aquella súplica y rebuscó hasta dar con la susodicha, gruesa y pesada. Una descolorida pegatina-letrero titulaba la carpeta.




- Proyecto Hesperia...-




- La locura del hombre sumado al poder de la tecnología, hijo. Yo trabajé en ese proyecto, y también en su ramificación.- tomó aire antes de soltarlo.- Era un experimento destinado a conseguir la eterna juventud.- una lágrima se deslizó por su arrugada mejilla.- Fuimos unos locos, hijo...-




- Pero maestro, eso es algo fabuloso, algo que hace tiempo que la humanidad busca. ¿Dónde estaba el problema?-




- Que experimentamos con humanos.-




- Cobayas voluntarias, claro está.-




- No, Iori... no fueron voluntarios. Nunca lo fueron.- otra lágrima cayó.- Los drogamos en secreto, y luego los secuestramos y lso turturamos con nuestras operacioens durante años, y todo por un sueño loco... fuimos unos monstruos, y nos alegramos de ello. Al principio todo era fiesta, champán, celebración de logros... los sujetos respondieron bien y pudimos ir avanzando. Pero...- incapaz de seguir, suelta un sollozo contenido. Un helado Iori no sabe que es peor: si la confesión digna de un demente o ver llorar a su respetado profesor.- ... pero eran seres humanos. ¡Niños! ¿Te das cuenta, muchacho? Tenían familia, amigos, vidas que nosotros les arrebatamos sólo porque ellos fueron marcados. Como instrumental. Como simple material. Tan horrible, tan inhumano, y al mismo tiempo tan apasionante... no podíamos parar... tan cerca...-




- Lo... ¿lo consiguieron?- preguntó con cautela.




- Nunca lo supimos, hijo... nunca lo supimos. El culmen de nuestro experimento se completó lejos de nosotros, y tal vez fuese mejor así.- tosió.- Pero yo sé que ella dio a luz. Siempre lamenté lo que hice desde el día en que la vi llorar cuando los separamos. Me acordé de mi mujer y de mi hija, y pensé como me sentiría si me alejasen de ella así de golpe. No pude seguir viéndola como una cobaya después de eso. Quise ayudarla, compensarla, pero ella desapareció, y jamás la pude encontrar por mcuho que la busqué.- de repente, el anciano bajó la voz a un susurro.- SHINRA quiso taparlo todo. ¿Sabes? Nos realojaron en otros puestos con el fin de olvidar el asunto. Pero yo no pude olvidarlo, muchacho, no pude. Fue una locura... y quise buscarla, compensarle todo el dolor. Fue entonces cuando te encontré.- lo miró con cariño.




- Maestro, sinceramente, no entiendo nada.- repuso un confuso Iori. Otros se hubieran hechaod a temblar, o esbozado caras incrédulas, o nerviosas, pero no él. Lo único que delataba su estado era el leve tic de su pierna derecha.




- Los archivos... está en ellos... ellos te mostrarán lo que pasó... leelos bien... y perdóname... perdóname... he querido redimirme... continué investigando solo después del incendio... también está en los archivos, mi trabajo... complétalo, hijo... complétalo...- la voz se extinguió.




El anciano seguía vivo, pero el agotamiento y los fármacos lo habían dejado fuera de combate, y sumido en un sueño reparador. Sin duda pronto vendría una enfermera a comprobar su estado. Su apreciado alumno se levantó, acomodó un poco el cuerpo del profesor y lo besó en la frente antes de irse.




El Iori que salió de la habitación era, en esencia, el mismo que había entrado: pragmático, metódico, perfeccionista, frío. Pero el gusanillo de la curiosidad había mordido su mente...




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Un rato más tarde, a solas en su estudio y tras leer los documentos, un Iori con la cabeza entre las manos, los cabellos mesados y los codos apoyados en su mesa lena de hojas desparramadas, apretaba los dientes y sudaba frío.




- Maestro... por esto podrían condenarnos a ambos. Pero tenía razón. La enfermedad del científico es nuestra perdición, y yo la tengo mas que usted.-

martes, 3 de febrero de 2009

Encuesta 4

Victoria Renlen

Asesina a sueldo bajo el pseudónimo de "No Existence". Tiene 25 años, aunque tan sólo aparenta 12.

Fruto excesivamente exitoso de un experimento para lograr el viejo sueño humano de la eterna juventud, sus padres fueron usados como sujetos de laboratorio y ella nació muy poco después de que lograran huír de las instalaciones en medio de un ataque terrorista. Se escondieron en los suburbios y allí formaron un hogar. Sus padres murieron ambos muy jóvenes.

El aspecto general de Vic es de una chiquilla deportista normal y corriente, salvo por su peculiar coloración de pelo, en blanco, gris y negro por capas, y por sus ojos, uno violeta y el otro dorado. Heredó de su madre albina una cierta sensibilidad a la luz, así como una insaciable sed de venganza. No le gustan las armas de fuego y prefiere matar envenenando, estrangulando o apuñalando con sus dagas. También usa unas finas y largas agujas, que clava en puntos vitales para producir la muerte, como las fosas nasales (ya que si se atraviesan llegas directamente al cerebro).

Lo que mejor define su carácter es la amargura, la frialdad y el sarcasmo. Puede fingirse alegre y despreocupada, pero en su mente siempre está evaluando nuevas víctimas y planes para acabar con ellas. Lo calcula todo al detalle, es muy minuciosa y poco socializadora. Prefiere pasar en soledad las horas muertas.

Tuvo una infancia feliz, lo cual agrava aún más la frustración que siente por haber perdido la posibilidad de una vida normal en su adolescencia. Actualmente las circunstancias han hecho que reflexione, abriéndose un poco más al mundo y pensando en otras cosas además de su venganza.

Comparte su vida (y casa) con Hiro, un perro pastor, Lobo, perro de las nieves, y Yami, una gata negra. Antes vivía con Eduardo, pero decidió independizarse. Últimamente, además, hay alguien que parece empeñado en meterse en su vida: Alex, agente extraoficial de SHINRA. Y luego dicen que los contrarios no se atraen...

La inspiración del personaje es múltiple. Empezó gracias a Paris y cías, después de leerme Azoteas por primera vez. Quería un personaje que fuese un asesino profesional, especialista en no dejar pruebas. El dibujo de una chica manga le dio el aspecto, y darle vueltas al tema de los deseos humanos sobre la vida y la juventud completó la idea: sería una mujer atrapada en un cuepro de niña por culpa de experimentos de SHINRA. Así de paso surgió el móvil de la venganza. Su nombre se lo puse porque me gusta XD tan simple como eso, y su apellido viene de un personaje de Bastards!, Lucer Renlen. Es quizás la que más planificada ha estado desde el principio, y toda su evolución personal se planeó al detalle en su creación. Sin embargo, sugerencias posteriores le han dado un matiz inesperado que iré desvelando.

No se me ocurre ninguna persona que poner de ejemplo de imagen, pero iré buscando...




Eduardo Seeker.

Ex-instructor militar, dueño del pub "Club Saucer" en Mercado Muro. Ronda los 60 y pocos años.

De joven entrenó a soldados para SHINRA, entre ellos Kurtz. Le apodaban "El Instructor del Demonio", pero era apreciado por sus reclutas. Se jubiló anticipadamente a los cincuenta y cinco, y montó el "Club Saucer" junto con su ahijada y sobrina Maya, deseando poder proporcionarle a ella y a su hija una vida normal. Además, el trabajo le gusta y le da para ir viviendo sin grandes problemas. Es lo que llamaríamos un viejo rockero en cuanto a música.

Tiene el pelo color gris acero, corto y un poco en punta, y lso ojos castaños. Los años le han pasado factura en las arrugas que se ciernen sobre sus ojos y manos, pero toda una vida de sano entrenamiento tiene sus ventajas, y este honorable señor podría competir con Sean Connery en conservadurismo corporal y físico.

Su carácter es tranquilo, muy templado y amable, con vena humorística plácida y una gran reflexión. De las personas que no pierden los nervios y observan una situación con lucidez antes de meterse en ella.

Vive solo en un piso sobre su bar, que antes compartía con Victoria. En su tiempo libre hace la limpieza y entrena para no perder la costumbre. Enseñó a su nieta todo lo que ella sabe sobre armamento, combate e infiltración.

Este personaje nació ligado a Vic como su mayor apoyo moral y logístico. Porque si Batman tiene a Alfred, Superman a sus padres y Caballero Luna a Frenchie, "No Existence" tiene a su abuelo adoptivo. Necesitaba alguien que hubiera sido el instructor de Victoria en sus talentos como asesina, y anda mejor que un ex-instrutor militar para ello. Lo de que enseñase a Kurtz me lo sugirió Ukio.

El nombre de Eduardo lo saqué de mi propio abuelo, que también tiene un bar (aunque ahís e acaban los parecidos XD). Seeker viene del verbo "seek": buscar, seguir, marcar, y implemente me gustó su sonoridad.

Su pinta sería la de un Sean Connery con cicatrices y algo más de músculo, o el comandante O´Neall de stargate con unos cuantos años encima.




Alexandross Rui de Castro e Andrade.

Agente de los servicios extraoficiales de Shinra. Tiene 22 años.

Díscolo, oveja "negra" de la familia, Alex desdeñó llevar la vida de un rico de la alta sociedad en favor de la aventura y decidió hacerse agente secreto. Por tanto, aunque es un "niño de papá", realmente no se aprovecha de ello y vive de su sueldo (si bien su familia le pasa un "pequeño estipendio"). Pese a todo, su familia lo adora y se divierte con su rebeldía. Se puede decir por tanto que tuvo una vida feliz y protegida, aunque ilustrada en la realidad. Lector voraz de libros y artículos de investigación, aprendió sobre la vida dura bajo la Placa y otros lugares y decidió verlo en primera persona. Trabaja para SHINRA bajo secreto, por lo que conoce la corrupción de la organización y la odia. aunque no se une a la causa de la destrucción total, cree que una depuración progresiva le vendría muy bien.

Su aspecto físico es el de un guaperas de melena negro azabache, ojos verdes y piel bronceada, con unc uerpo trabajado a base de ejercicio físico y trabajo de campo. Mantiene en todo momento una descuidada elegancia, fruto de su educación pijilla, pero encuadrada en un estilo heavy-gótico suave.

Como él mismo se define, "naci el 12 de Octubre, soy Libra y mi tipo de sangre es el AB. Poseo un bonito ático sobre la placa y una estupenda moto de la que no te voy a decir la marca para que no te desmayes. Me gusta el tiro al blanco, los videojuegos y coleccionar mecheros" y por supuesto "No soy un pervertido. Unos las prefieren rubias, otros gordas... a mi me gustan aniñadas. Es una filia como cualquier otra". En otras palabras, el descaro le define y la seguridad en sí mismo le desborda. No se trata de una pose, realmente ES así. Su humor es malicioso, rozando lo negro, pero tiene una vena de caballero medieval y cortés bastante extravagante. Le gusta llamar la atención más que a un pavo real, aunque evidentemente sólo lo hace cuando no está de servicio. Tiende a seguir su propio código de leyes, más que el establecido.

Tiene un ático sobre la Placa, donde habita en soledad, y conduce una Harley Davidson en perfecto estado.

Este chico nació con el firme propósito de darle la réplica a Victoria e incluso conseguir algo que pocos logran: sacarla de sus casillas. Sin embargo, resulta un aire refrescante y revitalizar para la pequeña asesina. Su aspecto vino influído por el Satanás de Virgin Crissis, aunque con el pelo más corto y cambiando el color de ojos. Su carácter tenía que ser radicalmente opuesto a Vic, y claro, salió lo que salió... tiene, en concepto, un cierto parecido con Blaid, el detective de Shadow Lady enamorado de la misma, si bien él no quiere hacerla dejar el crimen.

El nombre Alexandross (Alexander, Alejandro) aha sido de mis preferidos desde que tengo memoria. Rui, su segundo nombre, es en honor al Cid (Rui es la antigua forma de Rodrigo), y sus apellidos son dos famosos linajes de la nobleza condal gallega.

Fotos para él: ninguna, aunque se parece un poco a Grim Garrison... Xd lo gracioso es que no caí en su parecido físico ahsta la segunda vez que escribí sobre Alex.



Eisuke Nakano (and family)

Dueño de una licorería/ultramarinos. Aproximadamente de unos cuarenta y tantos años.

Hombre sencillo de vida senilla. Podría ser tu vecino, tu profesor de instituto o el tendero de la esquina. Fue un niño de clase media-baja con una vida absolutamente normal. Se casó con su novia Nana tras una romántica petición de mano con anillo incluído y tuvieron tres hijos, Segu, Shindo y la pequeña Nadeshiko.

Su aspecto es anodidno, ni feo ni guapo, de cabello y ojos oscuros y complexión algo delgada. Viste muy normal. La misma gama se aplicaría al retso de la familia.

Su caracter es pacífico y paciente, con la eterna sonrisa en la boca y las palabras amables siempre a punto. Su esposa es bastante similar a él en ese aspecto. Sus hijos son obedientes y trabajadores, aunque algo revoltosos, y su niña es la princesa de la casa, delicada y dulce.

Poseen una tiendecita en Mercado Muro, sobre la cual está la vivienda familiar.

La Familia Telerín, como Ukio gusta de llamarla, surgió precisamente por su culpa. Cansada de sus alusiones a bioterrores y personajes extremos, decidí crear a las personas más normales y corrientes de todo Azoteas, una familia ni rica ni excesivamente pobre que se limita a vivir su vida lejos de tanto asesino, Turco, Soldado, camello, proxeneta, drogadicto, perturbado mental o mendigo sin techo. Empezaron con pocas ideas, pero les cogí cariño y acabaron saliendo en otro relato. Seguramente escriba más sobre ellos, porque mi cerebro enfermo ha tenido ideas y la sorpresa está asegurada...

Los nombres, así como el apellido, salieron casi todos del manga: Gravitation, Detective Conan y Card Captor Sakura los inspiraron. No tienen un significado muy especial, salvo el de Nadeshiko, que es "clavel" en japonés y se lo puse para subrayar su delicadeza floral.

Parecido con: el tendero de tu calle. Podría ser cualquiera, en realidad...



Shinyoru

Gata callejera, coleccionista de rostros y vidas humanas. Cinco años gatunos.

La clásica felina callejera, salvo por una particularidad: este bichito es aficcionado a quedarse con las caras de la gente y a averiguar sobre sus vidas, por lo que si supiera hablar podría contar muchos secretos de los suburbios. Sabe incluso las identidades de los famosos asesinos que traen de cabeza a medio Midgard, aunque para ella son sólo joyas d esu colección. No es que sea insensible a loq ue hacen, es qu ele importa un bledo, al igaulq eu lso humanos no se molestan si ven un perro matar a otro perro, salvo quizás para apatar el cadáver del perdedor porque huele mal.

Su pelaje es negro y corto, y sus ojos grises. No alcanza gran tamaño, pero sí mucha flexibilidad, como todo gato que se precie.

Es curiosa y juguetona, aunque indolente.

Su nacimiento fue mi homenaje a todos los perros, gatos y demás fauna suburbana que pulula por Midgard y de la que hasta entonces se había mostrado ejemplos, pero siempre como mascotas o mero decorado. Con Shinyoru quise darles una voz y un caracter a todos ellos. La idea inicial era sacarla en un one-shot, pero los azares del destino y mi encariñamiento con todos mis personajes la hizo salir de nuevo a escena para robar una valiosa figura de artesanía XD y no será la última vez que la veamos por los callejones bajo la Placa...

Su nombre significa "Corazón/mente/alma" (Shin) y "Noche" (Yoru), es decir, "Criatura de la noche, un concepto muy asociado a los gatos.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

149

Victoria suspiró. Aquella situación era para ella como un embarazo adolescente: totalmente inesperado y jamás piensas que te pueda tocar a tí.

Se removía intranquila junto a la farola en la que había quedado en esperar al memo pervertido... Alexandross. Aún admitiendo que él despertaba su curiosidad, también era cierto que la sacaba de sus casillas con una facilidad insultante, y tan sólo esperaba que la "cita" no acabase saliendo en lso periódicos como un asesinatpo en masa o una masacre en un fino restaurante. Bueno, vale, lo del restaurante fino sí lo esperaba. Al fin y al cabo, era una cita.

"No estoy segura de haber elegido bien la ropa..." pensó dudosa. "Tal vez debí haberme puesto algo más normal... más del tipo de lo que llevo siempre... sí, claro. No seas tonta, Vic. Un traje de combate no es apropiado para una... glub... cita."

La misma palabra le sonaba tan rara aplicada a ella misma como el nombre del octavo día de la semana. Apoyada en el cuerpo metálico de la iluminación, veía a la gente de Mercado Muro ir y venir en una divertida agitación. Abundaban las parejas jóvenes y los niños que aprovechaban las útlimas horas de juego antes de ir a casa.

Y ella era un manojo de nervios. Y de bochorno. Todavía le aleteaba por la cabeza el recuerdo de la reacción de su abuelo cuando supo que tenía una cita. No podía olvidar el alborozo. Ni las lágrimas. Y por supuesto las palabras cliché de "Ay, te estás haciendo una mujercita". Resoplando, había murmurado algo así como que cinco años más de apariencia le hubieran convertido en más mujer que esa cita, antes de intentar (infructuosamente) escaquearse por la puerta de la trastienda del "Club Saucer". Eduardo no lo había consentido, y la cuestión se había zanjado en una tarde entera de compras eligiendo ropa, zapatos, accesorios y maquillaje. Así a bote pronto, Vic tenía la impresión de ir disfrazada.

Y no en el mal sentido, por supuesto. El vaporoso y elegante vestido lila se ajustaba perfectamente a su cuerpo y le otorgaba un aire sofisticado, a la vez que hacía juego con su ojo izquierdo. Carecía de mangas, sustituídas por tirantes que se cruzaban en su espalda, y dejaba un sencillo y no muy abierto escote en V. Las torneadas piernas quedaban al descubierto hasta cinco centímetros por encima de la rodilla en el lado derecho, bajando en diagonal hacia el izquierdo donde la rodilla sí quedaba cubierta. La ropa interior, adquirida con una inmensa cara de vergüenza, poseía el interesante detalle de tener relleno, lo que simulaba unos centímetros de pecho en el torso apenas ondulado de la joven. Y las elegantes sandalias negras de tiras cruzadas y un poco de tacón alzaban su por lo demás baja estatura. Un par de juegos de pulseras plateadas, un anillo de dragón del mismo color y pendientes a juego completaban el conjunto (aunque su garganta desnuda deslucía ligeramente el cuadro general, no había podido permitirse comprar uno adecuado. Vic y Edu no nadaban en la abundancia precisamente, y de hecho gran parte del atuendo había sido comprado en el propio Mercado Muro, por lo que no era precisamente de marca).

Dado que el frío no parecía ser un problema aquella noche, y que no tenía ningún abrigo adecuado, Vic renunció a ponerse nada más. Una capa vieja le ayudó a llegar hasta la zona concretada para el encuentro sin ser asaltada.

Nerviosa en extremo, esperaba a su acompañante, Vic jamás había tenido preocupación alguna por su aspecto, así que era la primera vez que sentía ese regustillo de "Le gustará mi vestido?". Tampoco estaba acostumbrada a llevar ropa tan elegante, y temía tropezarse con los tacones si andaba mucho. Pero sobre todo, le preocupaba los comentarios que podían suscitar. Al fin y al cabo, su cara de niña no podía ocultarse con rellenos... pese a la gran labor combinada de maquillaje entre ella y Ed.

"No le va a gustar, no le va a gustar..." rumiaba angustiada. Antes de que tuviera tiempo de preguntarse qué demonios le importaba a ella lo que le gustase o no a ese presumido, una moto que hubiera hecho las delicias de más de ex-integrante de la banda de Isabella se detuvo ante ella con un ronroneo de motor. Sobre aquella preciosidad cromada en negro, plata y algunos toques de gris oscuro, en pose arrogante y seguro de sí mismo, estaba Alexandross. Llevaba unos pantalones negros y una cazadora de cuero, negra con remaches metálicos, que al ser retirada dejó ver una camisa de un deslumbrante blanco. La llevaba por fuera de los pantalones, con los dos primeros botones superiores e inferiores desabrochado, así como los de los puños, anchos y con pico. Un colgante plateado en forma de ala (sencillo pero indudablemente caro... seguramente marca Vicerey, calculó más de una chica mirando embobada) colgaba de un cordón de cuero negro, y algunos anillos relucían en sus dedos. Llevaba el pelo azabache alisado y ligeramente despeinado por el viento... no se había resistido a quitarse el casco durnate la parte final del trayecto. Su sonrisa presuntuosa lo atestiguaba.

Con pose de chico guay, se pasó una mano por el pelo y se acercó a Victoria, ignorando olímpicamente a las nenas que prácticamente lo devoraban con los ojos. Incluso la asesina tuvo que reconocerlo: era apuesto. El chaval tenía un cuerpazo y sabía como sacarle partido. Muy a su pesar se descubrió a sí misma mirándolo con las mejillas levemente ruborizadas. Y cabe destacar que "levemente", en una piel blanco albino como la suya, se traducía en algo bastante notorio.

- Vaya... estaba seguro de que iba a recoger una princesa, pero no pensaba que sería la de los ángeles.- fue su galante saludo, mientras tomaba la pequeña mano de Vic y se la llevaba a los labios para obsequiarle un beso.- Estás preciosa... casi no te reconocía. Aparentas más edad.-

- A... anda ya.- susurró ella, todavía roja e intentando mostrarse despectiva (fallando miserablemente).- Eres un cursi.-

- Y tú el sueño de cualquier chico esta noche.- la halagó él con su sonrisa traviesa.

Maldición. Aquello empezaba a afectarla más de lo que deseaba admitir. Vamos, Vic, contrólate, es sólo una cita obligada, el pago de una apuesta y nada más... y si te late tan rápido el corazón es por los nervios, claro que sí, no es por otra cosa, es por la tensión...

Alex, por su parte, estaba divirtiéndose de lo lindo con la turbación de la chica. Y deleitándose la mirada. No mentía cuando dijo que esa noche Victoria aparentaba más edad. El maquillaje, la ropa y los tacones habían obrado el milagro: uno podría haber dicho que se trataba de una quinceañera comenzando a desarrollarse. Con un poco de imaginación, podría ser una damita de diecisiete años poco crecida.

Vale, con mucha imaginación. Pero eso a él le daba igual.

Aunque, siendo como era el sitio donde pensaba llevarla, mejor así. Aparentando ella más y él menos, a nadie le extrañaría que saliesen juntos como una pareja. No obstante, si hubiera extrañezas no habría preguntas indiscretas. Ventajas del dinero, de la posición social y de la fama de aficcionado a las jóvenes aniñadas que Alex se había forjado.

- Sin mentiras, estás deslumbrante.- intentó relajarla un poco. Realmente esperaba que Vic disfrutase de la cita... al menos lo suficiente como para concederle otra.- Si te fijas en las miradas de la gente, verás que ellos también piensan que eres mayor...- la tomó delicadamente de la barbilla para girar su rostro hacia los transeúntes.- Tan sólo observa.-

- Lo... lo que la gente piense me da igual!!!- exclamó ella recobrando un poco de su fiereza habitual.- Espero que me lleves a un sitio decente.- sonrió con seguridad.- No concedo una cita a cualquiera.-

Alez sonrió, disfrutando del juego.

- Bueno, en un principio pensé que te hubiera gustado ir al Doors of Heaven... tengo entendido que hubo un asesinato el otro día, y como el tema te fascina tanto...- silabeó inocentemente.

Tocada y punto para el capullo. Victoria entrecerró los ojos fingiendo desdén, pero no pudo evitar que una risa temblase en la comisura de sus labios.

- ... pero como hoy tengo ante mí a una princesa refinada, he decidido que nos vamos al "Rincón del Gourmet". Es un restaurante exclusivo en la avenida Las Acacias. Te gustará.-

Victoria asintió, poco convencida. Si el sitio era lujoso y de clase alta, como bien se temía por el nombre, iba a cometer más torpezas que un carnicero novato ayudando a un forense. Iba a sentirse mal, lo presentía.

Su presentimiento, fue acertado, aunque no el motivo.


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Abrazada con todas sus fuerzas a la cintura de Alex y con un casco protegiendo su cabeza, la joven asesina temblaba, y no precisamente de frío, con los ojos bien cerrados e intentando no gritar.

Para cuando llegaron al lugar y se bajaron de la moto, poco le faltó para no devolver. Si bien no tenía nada en el estómago que pudiera echar.

- Podrías haberme avisado...- suspiró entre jadeos.-... que el sitio es... ahhhh... estaba sobre la placa.-

- Mis disculpas. Ignoraba que el cielo abierto te sentase tan mal. Falta de costumbre, supongo. ¿Te encuentras bien?- preguntó solícito, pasando un brazo por la fina cintura de Victoria y estrechándola suavemente contra sí para calmarla.

- No es el cielo abierto...- contestó entrecortadamente, demasiado agotada por el susto como para enfadarse.- Agradece haberme traído de noche, porque siendo de día no respondo de mis actos.-

Alex puso cara de no entender nada, Vic frunció el entrecejo. No tenía ganas de explicarle que, por ser hija de una mujer albina, ella había heredado un fuerte sensibilidad hacia la luz. Por eso, para ella vivir bajo la placa no era un sacrificio, si no un alivio. No quería imaginarse el suplicio de vivir a pleno sol. Además, si tantos informes había leído, seguramente ya lo sabía.

Victoria se sonrió. No, no lo sabía. Porque el moreno había mentido.

Sin quitar su brazo de la cintura de ella, y tras haber dejado la moto asegurada, Alex entró en "El Rincón del Gourmet" como si fuese el dueño y dio su nombre a un mâitre de cabello y bigotes grises retorcidos en una perfecta espiral, que los saludó con rimbonbancia y los condujo a la mesa más elegante que la asesina hubiera visto en su vida. Un mantel en tono melocotón suave con un sobremantel granate, dos estilizadas velas blancas en atírticos pies florales, tres copas de diferente tipo y fino crital y dos pares de cubiertos de (podía jurarlo) plata enmarcando dos platos de porcelana exclusiva de Wutai uno encima de otro para cada comensal, una servilleta a juego con el mantel por cabeza y una exquisita cesta con diversas clases de pan.

Alexandros, todo caballerosidad, apartó la silla de Victoria para que ella pudiera tomar asiento, muy cohibida por el lugar y los clientes (vestidos con carísimos trajes y espectaculares joyas), quienes lanzaban miradas de reojo a la joven pareja. Algunos de ellos, como los Bruscia o los Vassaly, ya conocía al joven de Castro e Andrade e hicieron sutiles gestos de saludo, levantando las copas y sonriendo con condescendencia. Aunque Alexandross Rui tuviera fama de ser la oveja rebelde de la familia, seguía siendo un niño rico adorabo por unos progenitores que había ganado tiempo ha su status y su fortuna... heredada a su vez de bastardos igualmente ricos y de alta cuna. Como todos ellos, por otra parte. Y dado que su aficción a chicas jovencitas era conocidas en los círculos de cotilleo de la alta sociedad, a nadie le extraño la delicada y diminuta trufa de chocolate que estaba sentada a su mesa.

Sentados uno frente al otro, ojeaban la carta: Alex con el gesto despreocupado de quien ya se sabe de memoria el menú y Vic con la intesnsidad de un crítico gastronómico. En realidad, intentaba conceentrarse en desentrañar los exóticos nombres de los platos... y estaba segura de que, por como lo pintaban, "Calimari" no era calamar.

- Te recomendaría que probases el filete de chocobo... es sencillamente delicioso.- le aconsejó él con voz seductora y hechicera.- Una de las especialidad de la casa. Algo me dice que no eres vegetariana, princesa.-

- Aciertas una vez más... y empiezo a preguntarme de dónde sacas tanta información.-

- Ya te lo dije, leí cierto archivos confidenciales que...-

- Mentira. Tú lo sabes y yo también. Ni siquera con todo tu poder de niño pijo y enchufado hubieras leido unos informes clasificados como TOP SECRET... y menos aún cuando esos informes se perdieron en el incencio.- Victoria apartó la carta y lo miró directamente a los ojos, apoyando su barbilla en sus manos entrecruzadas.- Lo que sabes de mí lo has sacado de otra fuente, y quiero saber cual es.-

- Me has pillado.- sonrió malévolamente Alex.- Eres muy lista. Pero tú también mientes. O me engañas. "No existence" no se habría comportado del modo en que tú lo has hecho. No aceptaría un reto, si no que me hubiera eliminado nada más saber que conocía su secreto, y no habría acudido tan legal y honestamente al sitio de duelo. Me hubiera emboscado para silenciarme. No actuaste en tu línea habitual, cosa que debo agradecer, y yo también deseo concoer tus motivos, princesa.-

Los ojos verdes desafiaron al par morado y dorado, pero no con agresividad, si no con deseo y ansia.

Un amable camarero con smoquin y delantal rompió el silencio preguntando amablemente las peticiones de la pareja. Alexandross ordenó su cena habitual en el local, bogavante de Costal del Sol acompañado por una exclusiva guarnición de verduras de Kalm y pain-aux-algues, mientras que Victoria se decantó por una chuleta poco hecha de moguri con arroz blanco, importado desde Wutai. En deferencia a su acompañante, el joven quiso declinar el oferta de un vino Gran Reserva, pero ella insisitó en que no debía privarse por hacerle un favor, y solicitó una copa para él y un zumo de nuez Zeio para ella. Entrantes, sopas y demases quedaron a cargo del chef, que, como muy ostensiblemente recalcó Alex, debía soprenderles con su ciencia culinaria.

Con la bebida delante y la comida en camino, la conversación se reanudó al abirgo de oídos indiscretos, pues las mesas estaban estratégicamente dispuestas apra que lso comensales de las mismas hablasen sin molestarse unos a otros. Ventajas de los locales chics, pensó Victoria.

- Alguien debe empezar la ronda de confesión.- sonrió.

- Yo inicié este asunto, así que es justo que yo comience.- la respuesta Profident de él no se quedó atrás.- Tu caso empezó a interesarme desde que oí hablar de el por primera vez. Un misterioso asesino en serie, que realizaba crímenes prácticamente imposibles en habitaciones cerradas donde un adulta jamás hubiera podido entrar... y que casualmente sólo atacaba altos directivos de SHINRA. Y siempre variando su modus operandi.- hizo girar la copa entre sus dedos.- Mi pregunta era... ¿por qué? ¿Y quién? Los lugares elegidos como escenario del crimen mee llevaron a suponer que el famoso "No Existence" vivía bajo la placa, pero eso fue todo. Nadie parecía saber nada, ni siquiera en los suburbios. Entendí que sólo buscando en persona encontraría una pista... recorrí de cabo a rabo varios sectores bajo la placa sin hallar nada más que rumores e hipótesis,a cada cual más loca.-

Se detuvo unos intantes para degustar el vino en un pausado sorbo. Diversos entrantes como embutido selecto y canapés extravagantes fueron servidos sobre la mesa. Ambos picotearon los preparados, él centrándose en sus favoritos y ella probando fascinada cada plato, experimentando los nuevos sabores.

- Decidí recopilar toda la información que la prensa y los diversos cuerpos de vigilancia tuvieran sobre tí, si bien algunos expedientes quedaban, como bien decías, fuera de mi alcance. Gracias a ellos puedo restringir la zona de búsqueda y hacerme una idea más concreta de cómo selecionaba y acechaba el asesino a sus víctimas. Pero de su aspecto, ni la más ligera sombra.- negó con la cabeza, sonriendo para sí.- En todo caso, jamás imaginé a una niña tan preciosa.-

- Pervertido...- musitó Vic entre dientes.- Entonces fue cuando fuiste a Mercado Muro, ¿verdad?-

- Tu inteligencia me fascina y me encanta, princesa.- repuso él guiñandole un ojo de manera tan seductora que algunas damitas de alta sociedad, sentadas en otras mesas y menos afortunadas en cuestión de acompañantes, lanzaron un suspiro colectivo.- Sí, fue en ese momento cuando comprendí que, si había algún lugar de tránsito obligado para quien busca vicios en los suburbios, era ése. Y una noche, cansado de buscar, entre en un adorable local... el "Club Saucer", estoy seguro de que te suena.-

La mirada de sorpresa y alarma de la joven fue su mejor rescompensa y estímulo para continuar.

- Mientras descansaba en una mesa, me fijé en una vieja caja de cartón olvidada sobre un estante. No tenía nada que hacer y el periódico me aburría, así que decidí curiosear y la cogí. Lo que había dentro puede traducirse como el mayor tesoro de un buscador. Documentos oficiles, un diario de experimentación... y notas personales de tu madre.-

Alex había dicho esto último con sumo cuidado, ante el cambio que sus palabras iban efectuando el la mirada y el rostro de Victoria. De impasibles pasaon a llameantes, para luego congelarse en una fría cólera y en un intenso dolor. Ella sólo había visto y leído una vez esos escritos, pero no necesitaba más. Eduardo, aterrado por la reacción de su nieta adoptiva al conocer aquella información, habia decidido sepultarla en el desván para que no volviera a sufrir releyendo el pasado. Ahora que se acordaba, su abuelo le comentó algo sobre una limpieza casera hacía un par de meses... ¿o un mes? No le había rpestado atención al tema y ahora lo lamentaba.

- Así descubriste mi secreto.- comentó con voz rota, vacía. Sus ojos se clavaron en el plato y no volvieorn a alzarse hasta que el camarero retiró los entrantes y trajo la sopa, humeante y de delicado aroma. Alex respetó su silencio, mientras la contemplaba con preocupación y... algo más.- Mi pasado... y lo que soy.-

- Sí... y fue una revelación.- asintió él, mientras cataba su plato. Entre otros sabores distinguió champiñones, aceite, orégano, albahaca y cebollitas; Victoria tampoco puso mala cara al placer gustativo.- Aunuqe aparentemente sin relación, entendí que aquellos escritos estaban describiendo algo... algo inconmensurable, que nadie imaginaría. Pero que de existir... los papeles daban el motivo para matar a gente de SHINRA. Venganza. Y si lo que ponían era veraz, si realmente existía una criatura con una mente adulta en un cuerpo infantil, entonces esa criatura disfrutaría de ventajas insospechadas. Nadie sospecharía de ella, Podría entrar por sitios inpracticables para cualquier otro.- sonrió de nuevo.- Quizás mi obsesión con "No existence", que me hacía tenerlo todo el tiempo en la cabeza, ayudo a que buscase una relación entre él y aquellos papeles, pero la cuestión es que, cuanto más lo pensaba, más lógico me parecía. Volví varias veces al "Club Saucer" y tuve ocasión de verte. Aunque finjes muy bien, a veces tus ojos, o tu manera de moverte, delatan que no eres una niña y que has recibido algún tipo de entrenamiento físico.-

Victoria le devolvió la sonrisa, internamente llena de admiración.

- Supiste atar muy bien los cabos. Y tuviste suerte. Mi enhorabuena.- aplaudió con discrección. Su expresión se volvió peligrosa, aunque no dejó de sonreír.- ¿ ahora qué? ¿Por qué ese estúpido reto? Podrías haberme apresado, denunciado a SHINRA mi existencia...-

- Porque no te mentí, Victoria.- era la primera vez en toda la noche que él pronunciaba su nombre... y también que la miraba tan intensamente. Que ella supiera, al menos.- Realmente entiendo por qué haces lo que haces. Y te apoyo, te admiro... me interesas. Tal vez mucho más de lo que imaginas. Quiero estar a tu lado, y no puedes negarte. Soy el único, fuera de tu abuelo, que sabe tu verdad. No vas a rechazarme porque sabes que, en el fondo, pocos entenderán y aceptarán como yo lo que eres.-

- Estás muy seguro de tí mismo... ¿y si yo prefiriese la soledad?-

- Si la prefirieses...- dejó que la pausa se alargara dramáticamente.- ... me habrías matado aquel día en el cementerio de trenes.-

Victoria tomó su copa y bebió sorbor de zumo para hacer tiempo y digerir el impacto. Aquella situación era totalmente nueva para ella y no sabía cómo reaccionar, con sus puntos de orientación perdidos. Era consciente de que su autoimpuesta reclusión había dado como resultado una nula capacidad para relacionarse con los demás, y ahora tenía miedo. Miedo de equivocarse.

- Ahora es tu turno... explícame por qué el sanguinario "No existence" me perdonó la vida y aceptó la apuesta... sabía que tu honor te haría cumplirla, pero sinceramente, esperaba que intentases matarme.-

- Porque quiero cambiar.- confesó ella, mirando hacia abajo.- Llevo años dedicada sólo a mi venganza, que es también la de mi madre, mi padre y aquellos a los que SHINRA torturó. Soy una aberración que no tiene cabida en este mudno, porque los humanos sólo aceptan algo cuando ellos peuden tenerlo o comprenderlo. La juventud eterna es el sueño de muchos, pero precisamente por eso no soportarían la existencia de alguien que la tuviera. Porque ellos no la tienen.- apretó los párpados para tratar de contener las lágrimas.- Cuando comprobamos que mi crecimiento se detuvo y que estaba condenada a quedarme tal cual, se destrozó mi vida entera. Me alejé de mis amigos de infancia, me aparté del mundo y me centré sólo en entrenarme para lograr, algún día, la venganza. Nadie debía saber quién era yo, o mi verdadera edad. Debía permanecer escpndida. Y con el tiempo, me acostumbré.- contuvo un sollozo. Relatar en alto su historia hacía que ésta cobrase una nueva forma, y desahogaba su corazón, congelado durante tanto tiempo.- Me volví insensible y fría, como corresponde a un asesino. Y rompí cualquier contacto con la vida normal, salvo mi abuelo.-

- ¿Cuál fue?- preguntó idolentemente Alex.

- Qué?-

- Si las cosas estaban verdaderamente como las describes, tuvo que ocurrir un evento muy gordo para abrirte los ojos. ¿Cuál?-

Volvieron a desafiarse con la mirada, altivos, arrogantes, y a la vez dependientes de las palabras del otro.

- El Meteorito.- fue la sencilla respuesta.- La noche que apareció visible en el cielo, tomé conciencia de una posible muerte cercana. Entendí que quizás un día todo acabase y yo habría dedicado mi vida únicamente a matar y a vengarme sin dar cabida a nada más. Pero también pensé que aún quedaba tiempo para cambiar eso.- suspiró, lenta, tranquilamente. Con ese gesto se fueron sus recticencias y, en cierto modo, su dolor.- Decidí cambiar, abrirme al mundo. Y juré que si se presentaba una oportunidad, una sola, de que alguien me aceptase sabiendo la verdad, la aprovecharía. Entocnes, tú apareciste y desvelaste que conocías mi secreto. Acepté el reto por orgullo y por... por si algo pasaba.- esbozó una sonrisa maliciosa y divertida.- Y mirá, síq ue pasó. Acabé enredada en una cita con un pervertido acosador de menores.-

El chascarrillo arrancó una carcajada a Alex, que olvidó incluso protestar alegando que no eran las menores las que le gustaban.

- Así pues... ¿a partir de ahora dejarás que te acose y conocerás más gente?-

- Sí... pero no dejaré mi venganza sin completar. Compatibilizaré ambas cosas por muy difícil que sea.-

- Así lo espero... si no, no serías tú.- Alex se inclinó hacia ella, tomándola de la mano.- Mi preciosa Victoria.

El consecuente rubor y las risas del joven sirvieron de interludio para el cambio a los platos fuertes, el bogavante y la chuleta.

Ahora, mutuamente sincerados, los dos se sentían más relajados y cómodos, listos para conversar temas más intrascendentes y, a la vez, tan importantes para unir a dos personas con un lazo de amistad, afecto o...

- ¡¡¡¡QUIETO TODO EL MUNDO O APRETARÉ EL BOTÓN!!!!!-

Su afable y recién comenzada charla se vió interrumpida por el grito y el murmullo de varias voces ahogadas por el meido. Muchos comensales (aquellos que no se habían desmayado) clavaban unas miradas horrorizadas y temerosas en el loco zarrapastroso que acababa de entrar en el local sin que el mâitre hubiera podido frenarlo.

El hombre tenía el pelo escrespado, revuelto y sucio, manchas y ronchas decorando su piel enfermiza, cuarpo esquelético, ojos iluminados por la locura, o las drogas, o quizás ambas cosas, y expresión de fanático peligroso. Se había despojado de la larga gabardina que le ocultaba al entrar, dejando ver unos andrajos sobre los que lucía un tremendo cinturón de explosivos, unidos por un cableado a lo que parecía un mando con interruptor de tiempos pretéritos. Sobra decir a quién pertenecía la mano que sostenía el mando.

- El Plantea ha sido condenado por Dios... ¡¡¡por vuestra codicia y vuestros vicios, que manchan Su creación!!!! En Su bondad os ha perdonado hasta hoy, pero ya no más. ¡¡¡¡Habéis condenado a la Humanidad entera!!!!- el hombre farfullaba con voz enloquecida pero firme, mientras hilillos de babas y espuma escapaban por la comisura de sus labios.- ¡¡¡Meteorito se acerca por mandato de ÉL, para que seamos todos purificados!!!! ¡¡¡Jajajajajaa!!! ¡¡¡La Humanidad se ha condenado por sus vicios, y sois vosotros, carroñeros, chupasangres, bastardos impíos, vosotros habéis sido los peores!!!!! ¡¡¡Vuestra inmundicia y vuestra hipocresía Le han disgustado y Su bondad acaba!!!! ¡¡¡Ahora todos moriremos!!!! ¡¡¡Jajajajajjaa!!!! ¡¡¡Yo os purificaré!!!! ¡¡¡YO OS...!!!-

Un sonido de disparo interrumpió el discurso por unos instantes antes de que un grito lo continuara.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡OHDIOSJODERCOMODUELE!!!!!¡¡¡¡OHDIOSDIOSDIOSMIMANOMIMANOMEHAVOLADOLAMANO!!!!-

Mientras el personal de seguridad del restaurante reducía al berreante y recientemente manco fanático, ahora inofensivo al carecer de mano con la que pulsar el bamboleante interruptor que colgaba de su cintura, Alex guardaba su Aegis con total tranquilidad.

- Buen tiro.- comentó indolentemente Victoria mientras tragaba con educación.- Y no le has dado al mando, se nota que eres un profesional.-

- Me hubiera gustado meterle otro en la cabeza, pero los reflejos autmáticos de lso cadáveres son una molestia que podrían haberle hecho pulsar el botón.- asintió Alexandross. Por la calma que ambos manifestaban, parecía que estuviesen hablando del tiempo.

- ¿Ves? Son idiotas como estos los que me recuerdan por qué quiero seguir vengándome.-

- ¿Por la estupidez humana a la que representan?-

- No. Porque en el fondo su discurso, aplicado con lógica, tiene razón.-

viernes, 26 de septiembre de 2008

139

"Konban-wa... oh, vaya... ¿me ha oído?

Qué curioso. Normalmente nadie me escucha. Y eso que podría narrar tantas maravillas... pero seguro que está ocupada y no desearía distraerla de sus quehaceres...

¿Que no lo está? ¿Que me oirá encantada? ¡Sugoi! ¡Acomódese entonces!

¿Por dónde empiezo? Bueno, como es evidente por mi ropa y mi aspecto, yo no nací aquí, en... Midgar, creo que se llama esta ciudad. Vengo de un sitio distinto, que me atrevo a suponer es mejor que esto, al menos de lo que he visto. No, yo nací en Wutai, y la verdad es que fui muy deseada.

Mi padre era un famoso y habilidoso artesano, aunque la gente lo llamaba artista. No había más que ver sus obras para darse cuenta de que era verdad. A él le debo esta piel tan blanca, estos labios rojos y estos finos rasgos... oh, perdón, a veces tiendo a alabarme demasiado... como decía, mi padre estaba muy orgulloso de mí. Presumía ante sus colegas y amigos de mi belleza y perfección. Mandó hacer para mí los vestidos más exquisitos y los adornos más intrincados, labrados en jade montado sobre oro rojo.

No me mire con esa cara, se lo ruego. Le aseguro que no miento.

Los días pasados en la gran casa de mi padre fueron felices. Me encantaba observarle cuado se tomaba su té del anochecer, con las puertas de papel de arroz abiertas de par en par para mostrar su hermoso jardín bañado por la luz anaranjada de poniente y el aroma a jazmín en el aire. En esos instantes él alcanzaba la Ochitsuki Ochii... lo que ustedes traducirían por "Gran Serenidad", y las arrugas de su rostro se ablandaban dulcificando su apecto, con sus cabellos de blanco lirio y su hakama azul oscura. Así lo recuerdo siempre que pienso en él. Lo extraño tanto...

No, le agradezco su preocupación, pero no voy a llorar. Una dama educada sabe cuando debe contenerse.

Fue en primavera cuando llegó el día que a todas nos llega de dejar el hogar paterno en brazos de otro hombre. Él era un noble señor, de porte arrogante pero de espíritu sensible, y quedó prendado de mi figura bailarina nada más verme. Ofreció a mi padre todo cuando poseía a cambio de mi humilde ser, y mi honorable progenitor leyó en los ojos del noble el ansia de fuego que había brotado en él, así como la sombra de la tristeza revoloteando de fondo, aguardando entrar en escena si la respuesta era una negativa. No tuvo corazón para negarse.

Así llegué a mi nuevo hogar, la mansión de Taichi-dono. Aunque estaba claro que no podía esperar yo otro destino, pues... ¿quién si no alguien de semejante categoría hubiera convencido a mi padre? Estaba escrito que acabaría en manos de un noble y rico señor, y tuve la suerte de que Taichi-dono me apreciase por algo más que por mi valor intrínseco. Estaba literalmente hechizado conmigo. Era capaz de contemplarme horas y horas con sus vivos ojos azabache, y llegó a escribir haikus sobre mí. Me dotaba de todas las virtudes. Era su hirameki, su musa. Ésa también fue una época feliz.

Hasta que comenzaron los males.

Me pareció que Taichi-dono en un par de ocasiones mencionó la palabra "guerra" para referirse a lo que estaba ocurriendo. Bueno, encerrada en casa, yo no sabía mucho, pero oía los rumores de los sirvientes y los extraños silbidos y lejanos truenos que más tarde supe que se trataban de explosiones. El noble Taichi-dono estaba tan triste entonces... no quedan hoy día hombres como él, ¿sabe? Y si no, fíjese en ése de ahí, hace falta tener mal gusto para ponerse a admirar a esa señora vieja de gran nariz en vez de a esta humilde narradora de usted, y no es que yo tenga nada contra la vejez... ya ve que yo también tengo mis años.

Oh, sí, pregunta usted por la guerra. Fueron tiempos terribles, se lo aseguro. Nadie en la mansión era capaz de conciliar un sueño tranquilo, y poco a poco los criados se marcharon... yo estaba muy angustiada por mi padre, hubiera deseado saber de su suerte, pero por supuesto, aquello era imposible.

Finalmente una noche la mansión de Taichi-dono fue atacada. Se declaró un pequeño incendio en el ala este y unos hombres con extrañas ropas penetraron en el recinto. Todo fue muy confuso, a mi alrededor reinaba el caos, y siguió reinando durante varios días de tenebroso cielo y estruendo de pasos y gritos. Pensé que era el fin y que tanto Taichi-dono como yo pronto seríamos enviados al Tenkai, pero me equivoqué.

A la guerra le siguió el saqueo, sin respeto ninguno. Las cosas fueron puestas patas arriba y mi humilde persona, tras dar muchos tumbos, acabó aquí, en Midgar, entre ignorantes incapaces de apreciar mi auténtico valor... ¿sabe que yo en realidad debería estar sobre la placa? Sí, sí, como se lo digo, pero aquí abajo nadíe sabe estimarme y aquí estoy, en un puesto miserable en una ciudad de gaijin que no me escuchan...

¿Cómo dice? ¿Que usted me llevaría si yo quisiera? Oh, eso podría ser fabuloso... es la primera que me ha oido desde hace tanto tiempo... ¿Que no cuenta usted con fortuna ni mansión adecuadas para mí? No se preocupe, pese a todo, yo reconozco en usted una princesa...

Vaya, vaya a por sus tomodachi que yo no me moveré..."


- ¡Malditos animales! ¡Largaos de aquí!-

Los transeúntes del emrcado pudieron observar cómo un grueso tendero de aspecto desaliñado imprecaba a varios gatos, aparecidos casi de golpe sin venir a cuento, que correteaban por su puesto. En su ir y venir, los mininos arrojaban mercancía al suelo, maullando todo lo que sus pulmones les daban. Los puestos vecinos también se vieron asaltados, y una estatua de una bruja quedó tumbada de lado entre otros objetos desparramados.

Con toda aquella algaravía, nadie se percató de la gata negra que saltó al puesto de figurillas exóticas de Wutai, agarró delicadamente con su boca una deliciosa muñeca de porcelana que representaba a una geisha y se escabulló sobre los escombros.

Y el agradecimiento del alma de la muñeca, que los humanos eran incapaces de oír (pero no así otras criaturas) hizo sonreír a Shinyoru.

A partir de ahora tendría una amiga (y un tesoro por el valor de miles de guiles) en su pequeño refugio.

- ¡¡¡¡Miyaaaaaaaaaaa...!!!!-

viernes, 15 de agosto de 2008

131.

Unos maullidos junto a su estómago y algo cálido y húmedo rozando su mejilla la sacaron de su profundo sueño. Yami, acurrucada y pegadita a su vientre, protestaba por falta de comida en su plato, y Hiro lameteaba su cara con su lengua rosada en una babosa demostración de cariño perruno.


Desperezándose con lentitud y unos cuantos gruñidos, la niña se levantó de su cama.


- Ya voy, ya voy...- musitaba como incesante cantinela, mientras se acercaba a la alacena disimulada contra la pared y cogía de ella un saco de pienso para servir a sus mascotas. La gata se puso a tragar de inmedianto entre ronroneos de placer, pero Hiro prefirió acomodarse junto a Lobo en la inmensa manta extendida por el suelo del rincón destinado a ellos. Allí dormían hechos una piña los tres, siempre y cuando alguno no decidiera colarse en la cama de su pequeña cuidadora en busca de mimos.


A Victoria no le importaba. En lo que ella le concernía, probablemente esas ocasiones serían las que más cerca iba a estar de compartir cama con alguien. Con gesto pesado, recogió el libro que había estado leyendo antes de quedarse roque y lo colocó en la abarrotada estantería.


"Me empiezo a quedar sin espacio..." pensó. "Tendré que hacer reformas..."


El argumento del libro aún le daba vueltas por la cabeza mientras se preparaba su somero desayuno. Estaba escrito por un nativo de Wutai y narraba episodios de la guerra que los altos mandos de Midgar solían "olvidar". Relatos estremecedores por lo real de su argumento, con nombres, fechas y lugares auténticos.


"Son las cosas como ésas las que me hacen recordar el por qué lo que hago es justo y bueno..." meditó sorbiendo un poco de café. "La gente de aquí da asco. Los líderes de aquí dan asco. Lo que hicieron da asco."


Si se lo paraba a pensar, el café solo también daba asco. Había olvidado la leche.



************


Media hora más tarde, su enjunta figura paseaba por Mercado Muro con su mochila marrón a cuestas. Su suelto y alborotado cabello tricolor llamaba la atención allá donde pasaba y recibía miradas de envidia de muchos niños rebeldes con ganas de demostrar su antisistemismo ante sus padres.


La rutina de Vic había cambiado desde la aparición del cometa en el cielo. Ahora no se limitaba a vegetar en su casa mientras preparaba planes de muerte sigilosa, ayudar a su abuelo con el bar y revisar el arsenal. No, ahora también paseaba, iba más a menudo a las tiendas del lugar y charlaba con la gente. Distaba mucho aún de tener amigos en el sentido más común de la palabra, pero al menos no era una sociópata. O eso se decía a sí misma.


- ¡Vic, deja de mirar las musarañas! ¡Necesitos que me ayudes a colocar los vasos!- bramó Eduardo, que limpiaba una mesa del local con una bayeta amarillenta. La joven dejó su actitud ausente de lado para agacharse, coger con pereza los diferentes recipientes de cristal y ordenarlos bajo la barra.


- Vaso de tubo, vaso grueso, copa de pie, copa redonda...- fue murmurando para sí mientras contaba mentalmente la cantidad. Estaba tan ensimismada que no fue consciente de que la observaban hasta que se levantó.


Inmediatamente todos sus sentidos se pusieron en alerta, sus cabellos se erizaron y sus manos comenzaron a tensarse. El chico tenía unos brillantes ojos verdes que la miraban con descaro de arriba abajo, cabello azabache y en aquellos momentos encendía un cigarrillo con un zippo plateado. Su aire era presuntuoso, propio de alguien altamente seguro de sí mismo y de su ego.

Vestía un ceñido pantalón negro de cuero, una camisa blanca con los dos primeros botones sin abrochar y una imponentes botas con remaches en acero, de marca New Stone.


La envidia corroía a la pequeña adulta, quien por cuestiones de talla (y muchas veces tambíen de dinero) tenía vedadas cosas así. Debía conformarse con su habitual atuendo: pantalones cortos negros, camiseta blanca sin mangas, brazales coral y botas negras de caña alta.


Estaba claro que aquel guaperas con pinta chulesca no era de debajo de la placa ni por casualidad. Nadie de allí podría permitirse esa ropa, ni ese mechero exclusivo.


El chico siguió mirándola a placer, sin apartar por un segundo la vista ni siquiera para dejar caer lánguidamente la ceniza de su cigarro en el recipiente puesto a tal fin sobre la mesa. Y eso la molestaba mucho.


- Abuelo, tengo que irme ya.- masculló, colgando el trapo con el que secaba los vasos. El hombre, maduro pero aún musculado, la miró con los brazos en jarras. Llevaba unos simples vaqueros y una camiseta negra de un viejo grupo de heavy.


- Es temprano y prometiste ayudarme a limpiar.- advirtió con una sonrisa astuta.


- Por faaaaaaaaaaa, te lo compensaré otro día...- repuso ella, zalamera y poniendo ojitos.


- Te tomo la palabra, pequeña delincuente. Mañana y pasado, cena juntos. ¡Sin rechistar!-


- ¡Sí, señor!-


Saludo militar y abrazo posterior, Vic agarró su mochila del estante y salió. Sabía que Ed le había permitido escaquearse porque debido a su reciente cambio de actitud, a veces iba a jugar con niños del parque (sí, aun a pesar de su edad). Descubrir eso había sido como un reconstituyende para el viejo, que se había quitado diez años de encima de golpe. Su garito parecía más que nunca un pub heavy donde el dueño y barman se camuflaba perfectamente entre los grupos de entre veintitantos y treintaytantos que frecuentaban el local.


Probablemente si el ex-instructor militar supiera la verdadera causa de la marcha, hubiera dejado de sonreír en el acto.


"Tal y como pensaba, el muy bastardo me ha seguido..." lo contempló por el rabillo del ojo en el reflejo de un deslucido escaparate. Mercado Muro, a aquellas horas, tenía un caudal nada desdeñable de gente, pero aún no había comenzado el mogollón nocturno. Era el momento ideal para cosas del tipo que ambos pensaban. "El chaval está pecando de curioso. No me gustan los curiosos. Veamos a ver cuanto sabe antes de decidir si le hago un favor cortándole la garganta..." pensó.


Se paró ante una juguetería y esperó a que el chico se pusiera a su lado.


- ¿Te gustan los peluches?- su voz no hubiera desmerecido como barítono, era grave aunque juvenil. Sonreía con encanto. La asesina le calculó unos veintipocos años.


- ¡Sí, sí, sí, me encantan!- rió con tonito agudo e infantil, los ojos iluminados de inocencia.


- ¡Jajaja! ¿Te gustaría ese moguri blanco de ahí?-


- ¿Me lo conseguirías?- carita de niña, carita de niña...


- ¡Claro! Pero...- la sonrisa se volvió maliciosa, los ojos especuladores.- No me parece propio de una "SK" tan eficiente juguetear con peluches. ¿Tan infantil es Naomi Embell?-


Cara de niña a la mierda. La boca se desdibujó en un rictus de frialdad, los ojos se entrecharon convirtiéndose en dos rendijas felinas, el rostro cambió. La adulta Victoria miraba al insolente.


- Bueno, a veces le gusta ir a jugar al parque, así que debe de serlo. ¿Sabías que también le encanta contar los trenes de dos en dos?-


No servía de nada disimular por más tiempo, ni fingir incredulidad inocente. El tipo sabía quien era ella, había captado su sutil código a la perfección. Y él el de ella.


El chico sonrió, satisfecho, y le tendió una mano que ella no aceptó.


- Me llamo Alex. Y estoy sinceramente encantado...- la entonación que dio a esa palabra no acabó de tranquilizar los tensos nervios de la chica.- de conocerte, Victoria. Espero que seamos muy buenos y cercanos amigos...-


El brillo de diversión y algo más en las pupilas del ojiverde mosquearon a la tricolor.


- Yo no contaría con ello. No me gustan los sabihondos.-


- Sí, la verdad es que son una especie en extición... pero seguro que acabaré por convencerte de que yo merezco sobrevivir a mi especie.-


- Eso lo veremos con el tiempo.-


Dándole la espalda, se marchó.


Alex siguió mirando su pequeña figura hasta que desapareció entre la multitud. Rió con alegría.


- ¡Es todo un carácter!- sacó un nuevo cigarrillo con el que deleitarse los pulmones.- Esta chica cada vez me gusta más... ahora, veamos si logro mi misión...-



*******************************************************


¡MALDITO, MIL VECES MALDITO!


Poca gente conseguía romperle los nervios a Vic, pero aquel escuerzo había estado a punto de hacerle perder la compostura en público.


"SK". Naomi Embell. Serial Killer No Existence.


En otras palabras, "Sé quien eres".


Contar trenes de dos en dos.


Su reto, "A las dos en el cementerio de trenes, los dos solos".


Por su actitud, el chico parecía haber aceptado, pero no entendía a qué vino eso de ser amigos.


Ella bien se lo dijo, "Sabes demasiado para mi gusto".


Audaz su contestación, "Sé que matas a aquellos que saben sobre tí, pero yo lograré que no me mates."


"Eso lo veremos esta noche".


Qué cantidad de mensajes subliminales se podían soltar en una conversación de besugos... Vic sacó sus armas preferidas para ponerlas a punto y revisó su traje de combate. Era todo en negro, de hechura similar al de los ninjas de las series animadas. Le gustaba porque se ceñía al cuepro dándole libertad de movimiento y la ocultada en la oscuridad.


Pronto puso rumbo a su cita con el futuro cadáver.


Pero lo que Vic no sabíe es que había una parte del código que no terminó de descifrar en toda su complejidad...



**************************************************



Un viento gélido barría el lugar, silencioso y decadente. Los trenes amontonados, rotos y medio carcomidos por el óxidos no eran un lugar recomendable a las dos de la noche si se quería volver a ver amanecer. Era un lugar muy conocido para duelos de todo tipo... especialmente duelos que acababan con derramamiento de sangre y un muerto en las esquelas del periódico mañanero.


La zona preferente para aquellos asuntos solía ser una descampado circular entre los trenes, amplio y con algunos escombros por el suelo. El chico ya la estaba esprando allí, con la espalda apoyada en uno de los oxidados vagones y los brazos cruzados en actitud de suficiencia.


- Eres puntual.- murmuró Victoria tras la tela que le tapaba la boca. Ahora mismo, lo único visible de su cuerpo era la zona de los ojos. El resto estaba cubierto por el traje negro.


- Tú también. Pero yo me he adelantado por si acaso...- sonrió con arrogancia.- No es de caballeros hacer esperar a una señorita.-


La joven no contestó. Se limitó a desenfundar sus dagas. Colmillo Nocturno brillaba en su mano diestra, con bordes aserrados y hoja asimétrica. Redención (un kukri) ocupaba la siniestra, con su impecable y liso filo reluciente cual estrella, y dos diminutas dagas gemelas ocultas en su funda. Tradicionalmente servían para afilar la daga, pero vic había acabado por encontrarles mejores usos.


Alex extrajo un Cuchillo Militar LEC de su chaleco. Él también había elegido ropa negra y ceñida para el combate, con un pantalon largo y el chaleco cubriendo su torso, dejando ver sus brazos con tatuajes tribales, aunque sin renunciar a sus pesadas botas. La joven asesina tomó nota de este detalle, que la favorecía al quitarle rapidez y agilidad a su adversario. Pero más le valía que no la alcanzase una patada o le partiría todas las costillas.


- ¿Vamos a armas blancas, entonces?- rió el chico.


- Siempre podemos cambiar luego a los tiros, si te aburres.- siseó friamente en respuesta.


Se ojearon durante unos segundos, ambos en pose de combate, calibrando al enemigo. De repente, con un rápido movimiento, Victoria abandonó su posición, haciendo veloces fintas, y lanzó un corte directo al vientre. Alex lo detuvo en el último momento con su propio cuchillo y ella aprovechó la coyuntura para obsequiarle con un fino corte en el antebrazo propinado por su otra daga. De un salto hacia atrás, se aparto.


- Eres buena...-


- No lo sabes bien...-


Todo se volvió un confuso remolino de velocidad a partir de esas declaraciones. Brincando, saltando, rodando por el suelo, la joven puso en jaque a su rival a base de amagos, cortes e intentos de apuñalamiento que siempre eran detenidos por el LEC de Alex. Lo cual no significa que éste no se llevara su ración de cortes, y para cuando la niña pausó su agresivo ataque, tenía la ropa desgarrada en varios puntos y los brazos con tatuajes nuevos.


Entonces, con sorprendente destreza para el peso que llevaba en los pies, el chico se movió. dos pasos adelante, finta a la derecha para esquivarla, amago hacia atrás y... ZAS!!! El corte fue limpio y un tajo se abrió en el traje de la pequeña, cruzando diagonalmente su pecho. No la había herido, pero por acto reflejo ella se llevó el brazo izquierdo al torso, cubriéndose. Con rabia, enfundó a Redención y extrajo las pequeñas dagas cogiéndolas entre las falanges proximales. Alex tuvo que retroceder varios pasos para no ser víctima de los afilados intentos de matarlas, ya fuese a dagazos o a puñetazos con la izquierda, armada con los minifilos.


Ataque, ataque, esquiva, bloqueo, contrataque, doble parada, retroceso, ataque, contrataque... la sucesión de golpes era rápida y precisa. Un observador externo casi hubiera calificado aquello de una danza, más que de un duelo. Un baile letal para uno de los dos contendientes, cuya música era el entrechocar del acero. Poco a poco se fue haciendo evidente que por ese método nunca temrinarían. Con armas blancas, Victoria era superior, pero debido a su complexión en cansancio hacía mella en ella, y Álex, aunque más competente con armas de fuego, era bueno parando y esquivando y se cansaba menos.


Jadeando, ambos dieron un salto para retroceder y se quedaron mirando a una distancia de cinco pasos.


Álex arrojó su cuchillo al suelo.


- A tiros.- proclamó, serio.


- A tiros...- aceptó ella, guardando sus dagas en las respectivas fundas y dejando éstas en el suelo también.


El peligro era latente, la tensión palpable. El chico sacó una de sus dos Aegis Cort. La joven extrajo su prácticamente única arma de fuego de uso habitual, una Giordano bautizada como Crucifixion.


- Aaaaaaaay... no quería tener que recurrir a esto...- dramatizó Alex.- ¿Con lo que yo te quiero, por qué me haces sufrir?-


- Cállate, niño. Tú no sabes lo que es el sufrimiento.- escupió Victoria. Mira que decir que la quería, sin conocerla de nada y en medio de un duelo a muerte... si alguna vez llegaba a ver su lápida, le escribiría en ella un epitafio personalizado: "Pelmazo inconsciente y descerebrado".


- Tienes razón.-


La sonrisa se borró de repente del rostro masculino y fue sustituida por una expresión calculadora y fría. En ese momento, Vic se dio cuenta de que se enfrentaba a un profesional, y no a un simple chuleras. Eso la alteró. No entraba en sus planes medirse con un tirador entrenado, ya que a ella no le iban las pistolas. Prefería los filos y los aseinatos bien preparados. Por primera vez en mucho tiempo, "No Existence" se iba a enfrentar a un reto que la superaba.


Ambos duelistas cruzaron miradas durante un segundo antes de salir corriendo hacia los escombros y parapetarse. Alex, más alto que ella, lanzó una ráfaga de seis disparos que la obligaron a rodar lateralmente por el suelo antes de cubrirse tras un saliente oxidado. Desde allí ojeó el lugar ubicando la posición del otro y disparó dos veces. Una de las balas se incrustó en la pared, pocos centímetros por encima de la cabeza del joven. La segunda estuvo en un tris de perforarle el brazo, si no fuese porque se encogió tras su parapeto después del primer disparo.


Con agilidad, Alex saltó sobre una montaña de desechos y apuntó a Vic desde arriba. La pequeña tuvo que iniciar un rápido sprint en zigzag por entre los vagones para evitar sus balas. De duelo, aquello pasó a una carrera de obstáculos, con los dos contendientes dando saltos y corriendo sobre los desvencijados trenes. De vez en cuando, el sonido de un disparo correspondiente a una bala errada cruzaba en aire. Sintiendo el corazón a mil por hora y los pulmones a punto de estallar por el esfuerzo, Victoria no dejaba de darle vueltas a la situación. El tipo había demostrado ser un profesional del gatillo, y también del moverse en situaciones de riesgo. Con pistolas, la superaba, y era soprendentemente veloz teniendo en cuenta sus botas de medio kilo o más de peso cada una. Podría haberla cogido ya. Podría haberla liquidado hacía rato. Entonces, ¿por qué no lo hacía? ¿Acaso le apetecía jugar con ella al ratón y al gato?


Oyó un roce tras su espalda y se volvió con la giordano apuntando. Error fatal. Una sombra se cernió a su espalda.


- Has perdido.-


¡BANG!


La bala que se alojó entre sus omóplatos le daría la respuesta.


"Hijo de... putaaaaaaaa..." fue su último pensamiento antes de sumirse en la negrura.



************************************************************************************



Cuando volvió a abrir los ojos no pudo creer que estaba viva. Pero el precioso dolor muscular que su cuerpo le regalabla proclamando a gritos una espectaculares agujetas para mañana se lo confirmaban. Aún tenía el mal vicio de respirar. Y a todas estas... ¿donde estaba?


- ¿Ya despertaste?-


Mierda.


- ¡BÁJAME AHORA MISMO!-


¡En su puto regazo! ¡El muy cabrón la había tomado en brazos! Alex esbozó una sonrisa sarrdónica.


- No quiero. Yo gané. Así que tengo derecho a un premio.-


- ¡¿Premio..?! ¡Vete al Infierno! ¡Eres un pervertido!- trató de retorcerse, pero sentía el cuerpo extrañamente aletargado.- No has usado munición letal, ¿verdad? Utilizaste anestesiantes.-


- ¡Correcto!- el chico rió contento como un niño.- La única manera de ganarte y poder hablar contigo luego. Los efectos terminarán de pasársete dentro de un rato.-


Victoria suspiró y se resignó a aquella humillante posición de damisela en apuros.


- Y por cierto, no soy un pervertido...- continuó diciendo como si nada.- Unos las prefieren rubias, otros gordas... a mi me gustan aniñadas. Es una filia como cualquier otra.-


Se podría jurar que había una hoguera en el pelo tricolor de la asesina, del humo que echaba. ¡Pero sería cerdo el muy...!


- Y además yo sé que no eres una niña.- sonrisa Profident.- Eso es lo que más me gusta de tí. Cuerpo de niña y mente de mujer. Eres como mi ideal, pero con más carácter.-


- ¿Y tú que cojones sabes de mí? ¿Quién eres tú, pervertido?-


- ¡Heyq, que tengo nombre! Me llamo Alexander Rui de Castro e andrade, y antes de que empieces a mirarme feo, yo no escogí nacer en familia pija. Tengo 22 años, naci el 12 de Octubre, soy Libra y mi tipo de sangre es el AB. Poseo un bonito ático sobre la placa y una estupenda moto de la que no te voy a decir la marca para que no te desmayes. Me gusta el tiro al blanco, los videojuegos y coleccionar mecheros. Y soy tu fiel, devoto y rendido admirador.- finalizó.


La cara de Victoria se traduciría por un: "Que alguien lo vuelva a encerrar en el loquero, por caridad". Alexander actuó como si no la viera y extrajo una libretita de su roto chaleco.


- Hace unos pocos años, descubrí entre viejos archivos de Shinra unos documentos medio roídos acerca de un viejo experimento cancelado llamado "Proyecto Edén". Por lo poco que pude leer, entendí que se trataba de unas pruebas destinadas a lograr la eterna juventud, o alguna chorrada similar. Mencionaba también que se logró gestar a un sujeto óptimo que hubiera sido el cúlmen del asunto. Pero no decía nada más.- fue pasando páginas.- Comencé entonces a buscar noticias y carpetas de archivos relacionados con las fechas en las que el experimento estaba en su última fase, y hallé varias referencias a un incendio ocurrido en las instalaciones del proyecto a causa de un ataque terrorista que SHINRA oculto bajo secreto de sumario. El rastro estaba ya frío después de tantos años. Decidí mirar entonces noticias de desapariciones en los años de inicio, elaboré una lista de nombres y cotejé los datos con los restos de documentos. Dos nombres en concreto eran mencionados con mayor frecuencia que los otros: Maya y Fire... para no aburrirte, terminé por descubrir que ellos eran los "Adán" y "Eva" del proyecto Edén, e inicié su busca por su lugar de origen, los suburbios. Para entonces, tú ya habías comenzado a matar, pero aún no se te conocía. Encontré la tumba de ambos en el cementerio, y por sus epitafios entreví que habían tenido un descendiente... demasiado clásico eso del "Devota esposa y madre", si me pides la opinión. ¿Pero donde estaba ese retoño? Muerto no. Hice pesquisas por Mercado Muro y me enteré de que, antes de fallecer, Maya había vivido con Eduardo Seeker, propietario del "Club Saucer". El mismo que tenía una adorable nieta... pensé que era imposible. ¿Una niña? La chica debía tener unos veinticinco años, no podía ser... a menos...- la miró de manera penetrante, con aquellos brillantes ojos verdes que parecieron exhalar rayos X. Vic se sintió como se le hubiera visto hasta el alma.- A menos que el Proyecto Edén hubiera tenido éxito. Eterna juventud.-


- Una maldición para quien la padece.- escupió Vic.- Y causa de muerte de muchos inocentes usados como sujetos de pruebas. Todo orquestado por SHINRA... ¡por tus malditos jefes!-


- Ohhhhhhhh, eres muy lista...- el chico fingió asombrarse.- ¿Cómo lo has descubierto?-


- Usas el arma más típica de los esbirros de SHINRA. Eres un profesional del combate y las armas, te he visto moverte. Y sólo alguien de SHINRA con pase especial podría haber tenido acceso a los documentos de la historia que cuentas.- ella lo miró con indescriptible odio y desprecio.- Eres mi enemigo jurado. SHINRA es una corporación de huevos pdoridos.-


- Completamente de acuerdo, pero su sueldo me ayuda a pagar mis facturas.- la broma no arrancó una sonrisa a la adusta asesina.- Soy un agente de los servicios "extraoficiales", en teoría no estoy fichado como trabajador de SHINRA CORP. y voy por libre. Pero no estoy aquí por trabajo, si no por gusto. No vengo a liquidar a "No Existence"... muy al contrario, quería conocerte. Cuando dije que era tu devoto y rendido admirador, no te mentí. Cuando te dije que merecía sobrevivir a mi especie, tampoco.-


Vic notó que ya podía mover su cuerpo y bajó con delicadeza de los brazos del chico. Éste aumentó el agarre un momento, como si no quisiese soltarla, y luego la depositó en el suelo, mirándola largamente. Suspiró.


- Sé que para tí soy un SHINRA, uno de los bastardos a los que matas por odio y venganza, y que estaría mejor a seis metros bajo tierra con un losa de mármol encima. Pero quiero demostrarte que estoy contigo, que creo en lo que haces y que lo apoyo. He sido testigo de la corrupción de SHINRA CORP. Quiero que dejes de verme como un SHINRA, y que me dejes vivir y ser... tu amigo, de momento.-


La niña lo miró con los ojos entrecerrados y las manos en las caderas.


- Supongamos que confío en tí. ¿Tú como supiste que yo era quien era?-


- Ahhhhhhhh, eso mejor te lo cuento en nuestra cita.-


- ¿Cita?-


- Claaaaaaaaaaaaro, he ganado el duelo y por tanto puedo pedir un premio. ¿Cena en el Uudon Shiro dentro de tres días? Co invito, claro, y te paso a recoger. Es sobre la placa, te gustará.-


Victoria sintió la tierra hundirse bajo sus pies. ¿Una cita? ¿Con el pervertido?


"¡¿Espers, por qué yooooooooooooooooooooooo...?!"