viernes, 26 de septiembre de 2008

139

"Konban-wa... oh, vaya... ¿me ha oído?

Qué curioso. Normalmente nadie me escucha. Y eso que podría narrar tantas maravillas... pero seguro que está ocupada y no desearía distraerla de sus quehaceres...

¿Que no lo está? ¿Que me oirá encantada? ¡Sugoi! ¡Acomódese entonces!

¿Por dónde empiezo? Bueno, como es evidente por mi ropa y mi aspecto, yo no nací aquí, en... Midgar, creo que se llama esta ciudad. Vengo de un sitio distinto, que me atrevo a suponer es mejor que esto, al menos de lo que he visto. No, yo nací en Wutai, y la verdad es que fui muy deseada.

Mi padre era un famoso y habilidoso artesano, aunque la gente lo llamaba artista. No había más que ver sus obras para darse cuenta de que era verdad. A él le debo esta piel tan blanca, estos labios rojos y estos finos rasgos... oh, perdón, a veces tiendo a alabarme demasiado... como decía, mi padre estaba muy orgulloso de mí. Presumía ante sus colegas y amigos de mi belleza y perfección. Mandó hacer para mí los vestidos más exquisitos y los adornos más intrincados, labrados en jade montado sobre oro rojo.

No me mire con esa cara, se lo ruego. Le aseguro que no miento.

Los días pasados en la gran casa de mi padre fueron felices. Me encantaba observarle cuado se tomaba su té del anochecer, con las puertas de papel de arroz abiertas de par en par para mostrar su hermoso jardín bañado por la luz anaranjada de poniente y el aroma a jazmín en el aire. En esos instantes él alcanzaba la Ochitsuki Ochii... lo que ustedes traducirían por "Gran Serenidad", y las arrugas de su rostro se ablandaban dulcificando su apecto, con sus cabellos de blanco lirio y su hakama azul oscura. Así lo recuerdo siempre que pienso en él. Lo extraño tanto...

No, le agradezco su preocupación, pero no voy a llorar. Una dama educada sabe cuando debe contenerse.

Fue en primavera cuando llegó el día que a todas nos llega de dejar el hogar paterno en brazos de otro hombre. Él era un noble señor, de porte arrogante pero de espíritu sensible, y quedó prendado de mi figura bailarina nada más verme. Ofreció a mi padre todo cuando poseía a cambio de mi humilde ser, y mi honorable progenitor leyó en los ojos del noble el ansia de fuego que había brotado en él, así como la sombra de la tristeza revoloteando de fondo, aguardando entrar en escena si la respuesta era una negativa. No tuvo corazón para negarse.

Así llegué a mi nuevo hogar, la mansión de Taichi-dono. Aunque estaba claro que no podía esperar yo otro destino, pues... ¿quién si no alguien de semejante categoría hubiera convencido a mi padre? Estaba escrito que acabaría en manos de un noble y rico señor, y tuve la suerte de que Taichi-dono me apreciase por algo más que por mi valor intrínseco. Estaba literalmente hechizado conmigo. Era capaz de contemplarme horas y horas con sus vivos ojos azabache, y llegó a escribir haikus sobre mí. Me dotaba de todas las virtudes. Era su hirameki, su musa. Ésa también fue una época feliz.

Hasta que comenzaron los males.

Me pareció que Taichi-dono en un par de ocasiones mencionó la palabra "guerra" para referirse a lo que estaba ocurriendo. Bueno, encerrada en casa, yo no sabía mucho, pero oía los rumores de los sirvientes y los extraños silbidos y lejanos truenos que más tarde supe que se trataban de explosiones. El noble Taichi-dono estaba tan triste entonces... no quedan hoy día hombres como él, ¿sabe? Y si no, fíjese en ése de ahí, hace falta tener mal gusto para ponerse a admirar a esa señora vieja de gran nariz en vez de a esta humilde narradora de usted, y no es que yo tenga nada contra la vejez... ya ve que yo también tengo mis años.

Oh, sí, pregunta usted por la guerra. Fueron tiempos terribles, se lo aseguro. Nadie en la mansión era capaz de conciliar un sueño tranquilo, y poco a poco los criados se marcharon... yo estaba muy angustiada por mi padre, hubiera deseado saber de su suerte, pero por supuesto, aquello era imposible.

Finalmente una noche la mansión de Taichi-dono fue atacada. Se declaró un pequeño incendio en el ala este y unos hombres con extrañas ropas penetraron en el recinto. Todo fue muy confuso, a mi alrededor reinaba el caos, y siguió reinando durante varios días de tenebroso cielo y estruendo de pasos y gritos. Pensé que era el fin y que tanto Taichi-dono como yo pronto seríamos enviados al Tenkai, pero me equivoqué.

A la guerra le siguió el saqueo, sin respeto ninguno. Las cosas fueron puestas patas arriba y mi humilde persona, tras dar muchos tumbos, acabó aquí, en Midgar, entre ignorantes incapaces de apreciar mi auténtico valor... ¿sabe que yo en realidad debería estar sobre la placa? Sí, sí, como se lo digo, pero aquí abajo nadíe sabe estimarme y aquí estoy, en un puesto miserable en una ciudad de gaijin que no me escuchan...

¿Cómo dice? ¿Que usted me llevaría si yo quisiera? Oh, eso podría ser fabuloso... es la primera que me ha oido desde hace tanto tiempo... ¿Que no cuenta usted con fortuna ni mansión adecuadas para mí? No se preocupe, pese a todo, yo reconozco en usted una princesa...

Vaya, vaya a por sus tomodachi que yo no me moveré..."


- ¡Malditos animales! ¡Largaos de aquí!-

Los transeúntes del emrcado pudieron observar cómo un grueso tendero de aspecto desaliñado imprecaba a varios gatos, aparecidos casi de golpe sin venir a cuento, que correteaban por su puesto. En su ir y venir, los mininos arrojaban mercancía al suelo, maullando todo lo que sus pulmones les daban. Los puestos vecinos también se vieron asaltados, y una estatua de una bruja quedó tumbada de lado entre otros objetos desparramados.

Con toda aquella algaravía, nadie se percató de la gata negra que saltó al puesto de figurillas exóticas de Wutai, agarró delicadamente con su boca una deliciosa muñeca de porcelana que representaba a una geisha y se escabulló sobre los escombros.

Y el agradecimiento del alma de la muñeca, que los humanos eran incapaces de oír (pero no así otras criaturas) hizo sonreír a Shinyoru.

A partir de ahora tendría una amiga (y un tesoro por el valor de miles de guiles) en su pequeño refugio.

- ¡¡¡¡Miyaaaaaaaaaaa...!!!!-

6 comentarios:

Ukio sensei dijo...

Mucho gato activo para estar el fiero Etsu presente, que el can tiene pachorra pero no tanta.


Por lo demás, un punto de narración bastante bunito. Aunque se hizo corto.

Y por cierto, en un relato como este, habrían venido bien un par de tediosas descripciones. :P

Irvin dijo...

¡Vaya, es breve pero me ha gustado!

Algo en la narración me recuerda a Leyendas de los Otori, porque se fija en los mismos detalles; aunque imagino que la cultura oriental arrastra unos rasgos demasiado característicos que los occidentales no dejamos de notar.

Vaya minino ladrón que en lugar de robar pescado se lleva antigüedades XD

Astaroth dijo...

Cierto, recuerda en parte a Leyendas de los Otori.

Ha sido cortito, pero entretenido. Ya me temía desde hacía un rato que la cosa iba de felinos, pero lo de la muñeca fue la sorpresa.

¿Y el enlace, cuál es?

Yo, alma condenada dijo...

XD el mercado, la figura de la bruja volcada (se refiere a ella como "la señora tan fea) y Kurtz sujetando la bruja.

Y por cierto, los mininos aparecieron DEPUÉS de que etsu se fuese Xd ten en cuenta que antes la muñeca tuvo con terminar de contarle su historia, y luego Shinyoru tuvo que irse a por sus colegas para que distrayesen al tendero XD.

No conozco "Leyendas de los Ootori". ¿De que va?

Irvin dijo...

Son una saga de 4 libros de una autora llamada Linda Hearn. Ella es australiana pero los libros se ambientan en un lugar que podríamos llamar "Japón medieval". Por eso decía que los occidentales se fijan en las mismas cosas de la cultura oriental.

Los libros son de aventura y salen ninjas, nobles y traiciones varias; pero la narración es como muy madura y lenta en las descripciones, se entretiene en unos detalles muy concretos. No están mal, siempre te puedes asomar a una biblioteca y pillar el primero a ver que te parece (se titula El suelo del ruiseñor; fue el que más me gustó con diferencia).

Noiry dijo...

Es un relato ciertamente curioso, y será porque lo leí con un Nocturno de Chopin (oigh) pero me parece muy sosegado y tranquilo.
De los más originales que se han escrito por aquí :)