martes, 13 de octubre de 2009

191

El sueño de Lazarus estaba siendo de lo más inquieto. No, esa no era la palabra, no ocurría nada que le pusiese nervioso, pero algo le decía que no iba a acabar bien.Se encontraba en una ciudad desconocida y había viajado en autobús. No sabía cómo había llegado hasta allí, pero segundos antes se encontraba en un enorme lago, en el centro de unas tierras vírgenes, repleto de pinos jamás vistos por el hombre.La pequeña barca en la que se encontraba tumbado, con el paso de los años visible en la seca madera y la pintura blanca desconchada, apenas provocaba ondas en el agua.La tarde, oscura aunque no hubiese empezado el atardecer, irrumpió el silencio con la furia de sus nubles plomizas. Un rayo atravesó toda la esfera celeste ramificándose como si intentase aferrarse a algo y detener su fugaz movimiento; el trueno apareció dos segundos después con tal violencia que los pinos parecieron apartarse temerosos de ser alcanzados por la tormenta.Lazarus sonrió y cerró los ojos. Cientos, miles, millones de gotas golpeando el liso y voluble espejo que era el lago, deformándolo y agitándolo suavemente. No era un mal presagio, realmente disfrutaba con ello, siempre le habían gustado las tormentas, siempre le llenaban de paz.Pero de repente no había lago, ni barca, ni tormenta ni nada. Acababa de llegar en autobús a una ciudad que no conocía. Así eran los sueños.Una puerta acristalada apareció frente a él, como si hubiese venido andando sola hasta aquél lugar. Entonces sintió un puñetazo en el brazo izquierdo y se llevó la mano contraria a la zona dolida.

-¡Au!-era la primera vez que hablaba en todo su sueño.
-Venga hombre, que te quedas dormido.
No sabía si estaba allí desde el principio o había aparecido igual que la puerta, pero a su lado se encontraba una joven (de unos dieciocho años calculó él). No sabía quien era, pero sentía que la conocía.

-¿Qué hacemos aquí?
-¿Estás tonto? Pues ver esto-dicho esto ella le rodeó la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.
Un embriagador aroma a almendras y frutas silvestres pareció atravesar la barrera de la ensoñación e inundar el piso de Lazarus. La lluvia, ahora esto…El sueño estaba siendo de lo más vívido, como cuando te muerde una serpiente o cuando crees que te has caído de algún lugar. “Ese pelo castaño…Con sus rizos y su flequillo liso… ¿Acaso es una amiga o…?”
En cuanto empujaron la puerta la escena cambió de nuevo. Ahora estaban sentados en una larga mesa, llena de estuches, botes de pintura acrílica y barras de carboncillo.
Una luz de atardecer entraba por un enorme ventanal y caía directamente sobre ella, que jugaba con las suaves cortinas de seda roja.

-Me gusta este sitio, si al final te quedas…
A la luz de aquél sol, era mucho más hermosa que antes. Sus ojos marrones parecían convertirse en miel y su sonrisa, más pura. La verdad es que el sueño se estaba volviendo bastante pasteloso.

-Ah, estáis aquí.
Igual que todo lo anterior, un hombre apareció de repente en la sala, con esmoquin, sombrero de copa y una máscara de porcelana cubriéndole todo el rostro.

-¡Oh,Lazarus! Cuanto tiempo.
¿Lazarus? Pero si Lazarus soy yo ¿Quién es ese?”Entonces la chica corrió hacia él y le abrazó fuertemente.

-Lo siento, pero ella es mía- dijo aquél extraño hombre. Llevaba máscara, pero estaba seguro de que en ese momento se estaba riendo tras ella.
Comenzó a sonar un pitido. El despertador. El sueño comenzaba a diluirse y Lazarus iba recuperando la consciencia poco a poco.

-¡Espera, eh, espera!
Ya era demasiado tarde. Aquél micromundo se sesgó y desapareció para dar la bienvenida a la realidad.



-Muy bien, veamos lo que habéis aprendido. Barrote número tres: ¿Cuántos son tres por tres? Número cinco… ¡Silencio!
Sí, desde luego aquél calabozo me estaba afectando a la cabeza. Cuando no convertía a los barrotes de la celda en amigos imaginarios, jugaba con las piedras que había por el suelo.
A falta de cualquier ventana o rendija por la que se filtrara luz, ya no sabía en qué hora vivía. Los dos primeros días me fijé en los cambios de turno que hacían dos jóvenes turcos, pero pronto los minutos se me hacían horas y las horas segundos. Lo que realmente me jodía es que me hubiesen arrebatado mi materia y no pudiese escuchar los pensamientos de la gente nunca más. Seguramente verían que estaba rota y la destruirían.

-¡Joder, siete y ocho! ¿Cuántas veces os tengo que decir que no se folla en clase?
-Por todo el puto Mako de la ciudad… ¡Cállate ya!
Frente a mí, al otro lado de las verjas, sobre una silla plegable se encontraba mi vigilante; un joven turco rubio de la última hornada que, como regía la moda, ya había costumizado su uniforme añadiendo bolsillos y abarrotándolos de cremalleras.

-¿Me das una chapa de Sephiroth si me callo?-le dije sentándome en una esquina.
-Joder…-bufó él mientras yo seguía minando su paciencia- Casi prefiero que ese cabronazo de Kurtz me de una paliza a tener que aguantar a este gilipollas.
-¡Jajaja!-la carcajada fue inevitable- ¿Te han castigado con la insoportable misión de aguantarme? Sabes, cuando yo era pequeño mi hermano me contaba cosas de su instrucción que harían que te hicieses cacota encima… A ti ni siquiera te han dado las llaves de la celda para que puedas pegarme.
-Mira gilipollas de mierda-me chilló sacudiendo los barrotes desde el otro lado- Ahí fuera hay un estado de excepción que hará que te pudras en esta jodida celda mientras yo pueda ir por la calle y decir a una chica que me la chupe por el bien de Midgar. Puede que Turk sea ahora un saco de imbéciles, pero si yo me estoy convirtiendo en uno de ellos es para vivir de puta madre hasta que caiga el meteorito. Porque estoy seguro de que terminará cayendo. Y me da igual que no pueda pegarte, mañana ya no habrá nadie aquí, poco a poco se olvidarán de ti, hasta que un día encuentren tu cadáver descompuesto y digan “No sabíamos si era culpable o no, pero por lo menos ya no dará problemas”.
-Lo sé…-dije yo con cierta melancolía. Las asquerosas palabras de ese pesudoturco tenían toda la razón del mundo-Lo sé y por no pensar en todo lo que he perdido al entrar en este zulo, me entretengo volviéndome loco.



-Pues resulta que mi tío iba ayer por la calle y vio a un amigo suyo con un tractor en una azotea. “Pero Pepe… ¿Qué haces ahí arriba?” y entonces le responde el otro… ”¡Sembrar el pánico!”
Lazarus explotó con una gran carcajada. Ese tipo de chistes eran sus preferidos; escuetos y malos, pero te hacían reír.

-Oh, Axel, de verdad necesitaba esto-dijo secándose las lágrimas de los ojos- Mira que se te da bien la palabra, da igual que sean consejos o chistes.

-Para, para, que me voy a sonrojar. Aquí el que sabe usar la palabra eres tú, novelista.
-Ya bueno pero…
La puerta se abrió y dejó entrar a un ser canijo con bigote y una chupa de cuero.

-Eh, Sam, aquí-El aludido les reconoció y se sentó con ellos en la misma mesa.
-Había unos cuantos SOLDADO en el sector siete, no sé qué harían por allí…Voy a pedirme algo.
Esas cuatro últimas palabras activaron un radar interno que el dueño del bar había desarrollado. En cuanto Samuel entraba, su buen humor se iba al traste y no paraba de recordar las tres jarras de cerveza que ya había estrellado contra la pared en lo que llevaban de mes.

-¡Hasta que no me pagues las jarras no te sirvo nada!
-¿Me lo dices en serio?
-¡Como si fuese normal tirarlas contra la pared de mi local no te jode!
Lazarus dio un gran trago a su cerveza mientras observaba la discusión. De verdad que no sabía por qué Samuel y él eran grandes amigos.

-¿Y entonces qué aparecía en ese sueño?-siguió con la conversación Absalon.
-Si te digo la verdad ya apenas lo recuerdo. Estaba una amiga que tuve hace años y un enmascarado que me decía “Lo siento, pero es mía”. Parezco gilipollas contándote esto.
-No hombre, si a mí esto de los sueños me fascina. Mira, yo lo veo así. Tú te sacaste la carrera de medicina, pero en realidad te habría gustado hacer ilustración, de ahí que soñases con una facultad de artes. Luego está la chica… ¿Pasó algo entre vosotros en el mundo real?
-Lo intenté, pero no surgió nada…
-Entonces está claro, simplemente necesitas un cambio drástico en tu vida.
-Un… ¿Cambio?
-Así es, hacer lo que siempre has querido. Yo por ejemplo, soy vago de cojones, pero odio la monotonía. Si normalmente me afeito dos veces a la semana, voy un día y decido dejarme barba. Si tomo la leche con café, una mañana decido tomarla con miel. Pequeñas cosas que me ayudan a evadirme de la rutina- Samuel se acercaba peligrosamente hacia ellos, así que Axel decidió zanjar el tema- Tú, en cambio, no eres vago, pero eres muy calmado, te has acomodado en una vida que aunque no te des cuenta, no te gusta. Por eso necesitas un cambio radical, algo que deje patas arriba tu aburrida existencia. "Saltar. Subir al cielo en espectáculo pirotécnico. Pasar de la línea recta a las curvas y a la fractalidad y caer como lluvia sobre la tierra, la mente y la red de las palabras."-Su amigo pareció saborear las palabras y continuó- No se de quién es, pero siempre me gusta decirlo.
-Chicos chicos, el camarero me ha contado algo increíble-misteriosamente, el barman ahora se desternillaba de risa tras la barra y les saludaba con una cerveza en la mano. Nadie sabía cómo pero habían hecho las paces- Resulta que en la axila hay cierto tendón o algo así. Y las mujeres, al depilarse con cera, si lo hacen mal y se lesionan ese tendón… ¡Se les puede quedar una teta colgando!



-No malgaste palabras con este señor-dijo una voz grave y ronca que acababa de entrar en los calabozos.
-¿Y usted es?-dijo el turco levantándose de la silla y alzando la ceja.
-Tranquilo, me han dejado pasar, pregúntaselo a tus jefes si quieres.
Eso le bastó al vigilante para volver a su silla sin rechistar. Yo estaba sentado en el suelo así que no tenía ángulo de visión. Se oyeron unos pasos, primero apareció una enorme barriga y luego la cara de mi gran amigo.

-¡Blackhole!
-Richard Blachole Arranz, si te gusta más. Saludos mi preso amigo.
-¡Qué has hecho con Lucille hijo de puta! Como la toques un pelo ten por seguro que iré a por ti.
-Pero un pelo de la cabeza o…Porque he de confesarte que tu chica tiene un coño de lo más lindo.
Al turco, que no se enteraba de nada, le pareció de lo más gracioso y se echó a reír a pleno pulmón. Yo perdí los estribos y me abalancé hacia Blackhole sacando los brazos por los barrotes. Mala jugada, ni siquiera me había fijado en que venía acompañado por uno de sus gorilas. El enorme guardaespaldas, de cabeza rapada y cara redonda, me cogió las manos y las bajó con tremenda fuerza hasta dar con el barrote horizontal. Sonó un choque metálico cuando mis codos golpearon el acero y mis brazos se durmieron momentáneamente. Luego dio paso a un dolor horrible que me llegaba hasta las manos, como si millones de hormigas mordiesen con afán mi piel.

-No se quien eres, pero te lo agradezco-añadió el turco ofreciéndole la mano a Blackhole en un gesto de hombría y compañerismo.
Sólo de pensar en lo que había dicho el jodido millonetis, sólo de pensar que Lucille estaba a su merced, obedeciendo tal vez a alguna de sus enfermizas perversiones…Eso me estaba doliendo más que el ardor en los brazos.

-Te mataré con mis propias manos, te lo juro…Te enrollaré alambre de espino en la polla y te mataré- No era una amenaza, me juré a mi mismo que eso pasaría.
El semblante de Blackhole cambió y miró seriamente al turco.

-¿Puedes dejarnos un momento a solas?
-Pero sólo si le dais una patada en los huevos de mi parte-bromeó el joven rubio mientras se iba con una sonrisa de tonto.
-Bueno, bueno Yief… ¿Cómo has dejado que te metan en un sitio así?
-Ya claro, como si tú no tuvieses nada que ver.
-Pues si te digo la verdad, esta vez no he intervenido, no me conviene que estés encerrado. Verás, en una ocasión como ésta, el villano desvela todo su plan maléfico al héroe moribundo, pero en realidad yo no tengo ningún plan. Solamente te puteo-el guardaespaldas se rió bobamente y se sacudió la americana gris que llevaba- No recuerdo cómo te convertiste en mi pasatiempo favorito, pero es apasionante la de cosas que has sobrellevado. Lo de Tombside me sorprendió enormemente, la verdad es que si os hubieseis puesto de acuerdo, acabar conmigo hubiese sido fácil…El caso es que si sigues aquí yo me aburro así que haré algo al respecto.
-¿Se la vas a chupar a alguien para sacarme de aquí?-no podía creer lo que me estaba diciendo. Yo, un puto juego de niños, un puto entretenimiento del que tiene dinero y tiempo suficiente para ello, una puta marioneta protagonista del show.
-Hablando de chupar, No veas que bien lo hace Lucille- ya no sabía si lo decía para joderme o si realmente hablaba en serio. Quería pensar en lo primero- No me voy a andar con más rodeos. Dentro de unos días supongo que conseguiré sacarte de aquí, pero me seguiré quedando con Lucille, tendrás que ser tú el que vaya a rescatarla, cual princesa del castillo.
Y dicho esto, el señor agujero negro salió de los calabozos para volver a su guarida del mal.



Ya estaba anocheciendo y los tres amigos se habían dividido para ir cada uno a su casa. Lazarus caminaba pensativo por las calles del sector 4. Subir al cielo en espectáculo pirotécnico. Sentía cierto miedo, pero la idea de cambiar le parecía cada vez más sugerente, más atractiva. Se volvería más jovial, más distraído, más despreocupado…Las farolas se encendieron de repente y dieron a la calle un tinte anaranjado. Sí, le fascinarían los amaneceres en vez de las tormentas y por qué no, dejaría de diseccionar cadáveres. Todavía era lo suficientemente joven para entrar en la universidad y estar en la onda. Se matricularía en bellas artes y conocería a mucha gente.
Quería empezar ya con ello y como si fuese una señal divina, frente a él vio su primer indicio. Una chica, con el pelo castaño ondulado y ojos melosos paseaba por la calle alzando los brazos con un cartel: “Abrazos gratis”. Había visto lo mismo en una cadena de televisión, un experimento sociológico en forma de broma en la que una chica guapa ofrecía abrazos. Pero se sentía tan lleno de un sentimiento desconocido que le daba igual aparecer en la pequeña pantalla. Sí, porque uno de los primeros pasos sería perder la vergüenza.
Llegó hasta ella totalmente decidido y la abrazó fuertemente, acercándola a él y elevándola ligeramente. Su melena olía a almendras y frutas silvestres.

-Gracias-dijo mirándola a los ojos. Se quedaron unos segundos así y luego Lazarus retomó su vuelta a casa agitando la mano- Gracias de veras.
Sí, a partir de ahora saltaría y pasaría de la línea recta a la curva y después al fractal.

-Axel, te tengo que hacer un monumento-bromeó consigo mismo mientras pensaba en preparar la matrícula para la universidad.



En su amplio piso, con la única luz del foco que usaba para iluminar a sus modelos, Alexandre, se colocaba su gorro de lana verde y una camisa del mismo color. En su bolsillo derecho, una bolsita con tabaco, en el izquierdo, mechero y papel de liar. Frente a él, en la baja mesa de cristal, descansaban los dos revólveres Archer&Grossman, con una materia mutis y una prisa en cada uno. Resopló un par de veces y se las llevo a las fundas que colgaban de su cinturón de cuero.
Echó un vistazo a su último cuadro, reposando casi en completa oscuridad en un caballete. Había pintado todo el lienzo de negro y luego fue añadiendo los motivos. Una silueta completamente blanca ocupaba la mayor parte del cuadro y en ella se adivinaba las formas de una mujer saludando con la V de la victoria. Su melena al viento se se separaba cada vez más hasta poder ver cada uno de los cabellos, salpicados con más pintura blanca. A la mitad del cuadro, a la altura del corazón de la chica, había escrito “Sry” con un tono bermellón.
Se sentía tremendamente mal con Iris, pero tampoco aceptaba quedarse sin hacer nada así que optó por zanjar el tema cuanto antes.

-Es hora de hacerse el héroe-murmuró mientras cerraba la puerta de su casa, sin saber si volvería a abrirla alguna vez.

7 comentarios:

Rokhsa dijo...

Me ha costado horrores este relato y no porque sea complejo ni nada. Tal vez sea por este pequeño período de vacaciones no se...
El caso es que me ha salido un relato bastante personal en algunas partes y con bastantes fallos en otras que me aseguraré de corregir estos días.

HacksBits dijo...

me ha costado mucho leer este relato porfa háganlos mas simples
y mas cortos
pero igual muy bueno seguí así master

Ukio sensei dijo...

Como que más simples y más cortos? Búsca el 150, y te daré yo algo simple y corto.

Aquí cada uno escribe como quiera, dentro de las normas y de Azoteas.

Buen relato, Rokhsa. Aunque haya costado, ha resultado. De todos modos, pégale un repaso a la ortografía.

Es cosa mía o Sam está sacado de Begbie, el personaje de Robert Carlyle de Trainspotting?

Rokhsa dijo...

Algo de eso hay...Es que el personaje de Samuel surgió de un colega mío que, curiosamente, tiene idas de olla muy similares a las de Begbie.

Ukio sensei dijo...

Y lo del travelo también está sacado del grupo de colegas? XDDD

Anónimo dijo...

Samuel siempre aparece XD. y el la tia de los sueños... que te tengo dicho?

Buen relato el que se lie que lo lea 2 veces (como yo vaya)


PD soy fran que no recuerdo mi cuenta blogger google

Skeith dijo...

Lo he visto bien, pero ya hace tiempo desde que leí el anterior... Tengo que ponerme al día. Quizá removiendo a mi hermana del ordenador con algo de plástico... Posiblemente sea eso más fácil que pedírselo.