martes, 11 de marzo de 2008

109.

Armado con una escoba como única defensa contra el desánimo, el pobre hombre empezó a limpiar su bar, con la esperanza de que el trabajo le permitiese olvidarse de la terrible jornada de la noche anterior, consumido por la abrumadora noticia del cometa. Por un lado, no era más que un fenómeno celeste. Por otro, los rumores no callaban en su contínua insistencia en la idea de que Shinra les estaba ocultando algo: Si a algo se aprendía en el sector 8 de los suburbios, lo más bajo de lo más bajo, era a desconfiar. Ensimismado, o por lo menos, intentando ensimismarse, no vio al siniestro coche negro que se detuvo en la acera, ante su local. Un hombre y una mujer, que vestían sendos trajes negros, con un chaleco de kevlar bajo la chaqueta, bien visible, y llevaban sus respectivas placas de agentes colgando del cuello, se bajaron del coche, caminando los pocos metros que separaban el bar de un vetusto edificio abandonado, al final de la calle. No era el único, pero si el más grande de todo el barrio, y se decía que daba alojamiento a una pequeña comunidad de sin techo.

- Demos una vuelta alrededor, cada uno por su lado. Nos encontraremos delante del sitio con Har y la niña. – Dijo él, llevándose la mano al puro que estaba fumando en esos momentos, mientras con la otra sostenía su rifle de asalto.

Ella ya empuñaba sus dos subfusiles abiertamente, y al igual que él, llevaba gafas oscuras para proteger sus ojos de la luz del amanecer, cansados tras una noche entera de servicio en las calles de Midgar. Como respuesta, ella asintió y se alejó poco a poco de él, buscando calles traseras por las que sus objetivos podrían encontrar una salida.
Él, por su parte, siguió caminando en dirección al edificio, de frente, mirando de reojo al ascendente sol, solo visible durante esos breves momentos en los que el astro aún no había alcanzado la parte superior de la ciudad, momento en el que sería inmediatamente sustituido por los neones que plagaban el techo de la placa.
Poco a poco sus pasos fueron cada vez más lentos, hasta que se detuvo ante la entrada de un pequeño bar, vacío y abandonado, como casi la mitad de los edificios de esas calles. Allí, dio una profunda calada a su puro, mientras contemplaba en silencio la ruinosa mole de siete pisos donde había quedado con sus compañeros. Estos no estaban a la vista, y supuso que Svetlana ya los habría advertido para que asegurasen la zona.

- Bonita mañana, sargento. – Murmuró con una sonrisa que retorció sus cicatrices.
- ¿Qué tiene de especial? – Preguntó una voz áspera y malhumorada desde el bar.

Se trataba de un indigente de unos cuarenta años. Sin embargo, con los estragos hechos en su rostro por la intemperie, era imposible estar seguro. El poco pelo que le quedaba era de un color gris polvoriento, y se cubría la cabeza con un raído gorro de lana. Su condición de oficial militar se reconocía en los galones de la increíblemente gastada guerrera que vestía por encima de otro abrigo. El hombre estaba sentado en una de las oxidadas sillas del bar que había traído hasta la puerta para ver amanecer.

- No siempre te encuentras a un veterano, y menos aún de la primera... – Dijo Scar, sin girarse hacia el soldado.
- ¿Veterano? Tu nombre y graduación, hijo. – Exigió saber.
- Soldado de primera clase Jonás Kurtz, señor. De la 288 de aerotransportados.
- ¿Kurtz? – Preguntó intrigado. – ¿“Scar” Kurtz?
- El mismo, señor. Disculpe que no le salude...
- No hace falta, hijo. Supe lo tuyo. Ascendido a teniente por méritos de guerra y degradado por tus peleas... Justo igual que yo. Te creía más viejo...
- ¿Tu? – Jonás se giró hacia el hombre, levantando su ceja izquierda, haciendo que las cicatrices se retorciesen.
- Sargento Nigel Drax, de la primera de infantería. ¡El uno rojo y grande, nada menos! – Exclamó ufano.
- El uno rojo y fiambre... – Sonrió el turco, mientras revolvía en su chaqueta, sacando un puro y su mechero de gasolina y ofreciéndole el cigarro al oficial. – Se ve que os jodieron bien en la ofensiva del Tet. ¡Y Nigel Drax, nada menos!
- No lo suficiente, chaval. La primera vive mientras viva uno solo de sus soldados. Donde si nos jodieron de verdad fue al volver a casa: Ni un puto desfile, ni putos honores... Apenas una pensión de mierda que me permite comer caliente medio mes. – Dijo mientras aceptaba el puro. – Gracias hijo... De Corel nada menos... Hacía muchos años que no fumaba nada tan bueno.
- Siempre es un placer, para un camarada... Aunque sea de infantería. – Respondió Kurtz. – Nigel Drax, quien me lo iba a decir...
- ¿Te suena mi nombre acaso? – Preguntó curioso el sargento, sin apartar los ojos de su cigarro.
- La última noche antes de pirarme de Wutai, en Hanado, tenía un cabreo de cojones. Faltaban seis horas para que me mandasen a casa, licenciado con deshonor, y estaba medio borracho, pegándome contra tres de infantería. En cuanto le rompí una pierna a uno de ellos, los otros se rajaron y se lo llevaron, pero aún recuerdo como ese desgraciado gritaba “¡si estuviese aquí el sargento Drax te ibas a enterar, hijo de mala madre!”. Me acuerdo porque me hizo gracia eso de “hijo de mala madre”. Les lancé una botella y volví a lo mío.
- ¿Y ya está?
- Bueno... También les dije que me habría encantado darle de hostias a ese sargento, y que le rompería las dos piernas por el precio de una.
- Ahora si que coincide con lo que me habían dicho a mi. – Sonrió satisfecho el indigente. – Yo también me quedé con las ganas de ponerte la mano encima, chico. Lástima de pelea, ¿eh?
- ¡Joder si no! ¡Las malas lenguas dicen que eras el mejor con el cuchillo de toda la infantería! – Respondió Kurtz, acompañando sus palabras de una profunda calada al cigarro. En esos momentos lamentaba seriamente no tener un par de cervezas, y su petaca estaba más vacía que la vida sexual de un leproso.
- ¿Y las buenas? – Preguntó intrigado el sargento
- Esas decían que era yo.
- Por cierto, hijo... ¿Esto es dmz? Veo que llevas la de toda la vida, aunque también le has hecho un par de ajustes. – Indicó señalando al fusil de Kurtz.
- La MFA1, con un cargador bien pulido, el cañón de la A2 y unos engranajes un poco mejores. No se encasquilla y no requiere tanto mantenimiento... Pero no. Va a haber algo de rock’n’roll en breve.
- Suerte, soldado. Si Wutai no pudo contigo...
- ¿No vas a irte? Te aseguro que va a haber tiros si o si. – Scar sonreía ante los huevos que le estaba echando el veterano oficial.
- ¿De mi bar? ¡Que se haya arruinado no significa que lo vaya a dejar, soldado! – Jonás rompió a reír, mientras se quitaba las gafas de sol y las guardaba. - ¡Y menos aún ahora que llegan esas hienas de laboratorio!

Kurtz vio como tras él, por el medio de la calle y dejando de lado cualquier posibilidad de actuar disimuladamente, una tanqueta avanzaba calle abajo haciendo un ruido de mil demonios. No pudo contenerse las ganas de escupir al suelo con desprecio, acompañado de Nigel Drax.

- ¡Odio los soldados! – Exclamó en voz baja, mientras preparaba el fusil.
- ¡El infierno se lleve a esos hijos de puta de laboratorio! –
- El infierno los tendrá, sargento. Un grupo renegado de ellos son la pieza del día...


Todo aquel que hubiese empuñado un rifle de asalto y luchado en el barro en Wutai odiaba a los soldados. Los habían reservado para la toma de las ciudades, dejando a la infantería las zonas rurales: Lo más difícil, sangriento y caótico. Eso si: Ellos siempre estaban para llevarse la gloria en el momento final. Un único soldado de primera clase era capaz de llevarse a un centenar de enemigos por delante, pero para llegar a esa batalla final habían caído doscientos cincuenta compañeros por el camino. Lo peor de todo fue que para ellos si hubo desfile glorioso y retiro dorado.


La tanqueta avanzó a lo largo de toda la calle, hasta detenerse ante el portal del gran edificio en ruinas, el objetivo de esta operación. Allí deberían dar caza a un grupo de soldados que había desertado del cuerpo, cometiendo varios asesinatos. En ese edificio abandonado, vivían casi medio centenar de familias indigentes, formando una comuna. Si lograban camuflarse entre ellos, esta misión iba a ser una puta trampa. Cuando se hubo detenido, dos PM rasos bajaron para asegurar la zona, con movimientos exagerados, gritando el aviso de “despejado” tan alto que al presidente Rufus en la cima de la ciudad le quedó bien clara la situación en ese sector. Tras ellos bajaron un hombre y una mujer, endiabladamente parecidos: Esbeltos, fibrosos y altivos. Su piel era de un tono marrón bastante oscuro. Ella tenía el pelo recogido en una larga trenza que había enrollado a su cuello. Del extremo de esta, pendía un colgante con la forma de un extraño símbolo. Scar dedujo que estaba afilado, por la forma en la que reflejaba la luz. Demasiado ostentoso para alguien tan fiel al uniforme. Él tenía un corte de pelo cuartelario. Al llegar, bien pertrechados con sus respectivas armaduras reglamentarias, desenvainaron sus espadas estandar del grupo Soldado, con unas cuantas materias engarzadas a lo largo del canto de la hoja. El último en bajar era un hombre alto y ancho de hombros, pero muy delgado. Sus músculos se marcaban en sus brazos, indiferente al frío amanecer de los suburbios. Llevaba el pelo recogido en una coleta larga, muy tensa, y el rostro lucía algunas cicatrices en las mejillas sobre una piel parda tan curtida que parecía haberse criado a la intemperie. A la cintura le colgaban dos machetes Kukri, anchos y afilados, con el siniestro relucir verde de la materia en la empuñadura.

- Voy a saludar a la caballería, sarge. ¿Quieres que les de algún recado de tu parte?
- Si, chaval. ¡Diles a esos hijos de la gran puta que me cago en su padre, si es que saben quien es!



Se acercó despacio, sin dejar de mirar fijamente a los soldados mientras fumaba, desafiándolos. A su costado pendía su fusil, cuya culata y bayoneta habían matado a incontables enemigos en refriegas nocturnas a lo largo de la selva. Además, iba bien surtido de granadas, y tenía además dos Aegis Cort y el cuchillo táctico. Entre eso, el kevlar y la materia, venía dispuesto a tomar él solo lo que hiciese falta, pero con la cabeza suficiente de no anunciar su llegada. Antes de que pudiese aproximarse a ellos, dispuesto a golpear a alguien unas cuantas veces, Svetlana se interpuso ante él, mientras Harlan se dirigía al grupo recién llegado apoyando tranquilamente su escopeta en el hombro, mientras les dedicaba una de sus características sonrisas anchas.

- ¿Sois la caballería? No recuerdo que solicitásemos apoyo... – Saludó mirando de reojo a Yvette y Svetlana bajo sus gafas oscuras, asegurándose de que Scar no la liaba.
- Soy el soldado de primera Adir Washairi, y estos son la soldado de primera Idra Washairi y el soldado de primera Nathaniel Jonze. – Respondió el de pelo corto, poniéndose firme. Parecía molesto por el hecho de que no le correspondiesen al saludo. – Tomamos el mando de esta operación. Su misión consistirá en apoyarnos.
- Me temo que no, soldado. Ordenes directas del presidente. – Respondió Harlan, quitándose las gafas mientras clavaba sus ojos en el soldado. – ¿Tienen alguna orden de algún oficial de más rango que les autorice?
- Estamos aquí por su seguridad, agente...
- Inagerr. Estos son la agente Bruscia, la agente Varastlova y el agente Kurtz.
- Un placer. – Respondió Adir con sus disciplinados modales.
- ¡Ja! – Todos se volvieron hacia Kurtz, que lucía una obscena sonrisa, desafiando a cualquiera a decirle algo. Tan solo el más mínimo comentario.
- Como ustedes prefieran, pero ahí dentro hay un grupo de cinco agentes de soldado. Dos de ellos de primera clase. Con la aparición del cometa, parecen haberse vuelto locos, y en su deserción han acabado con la vida de aproximadamente cuarenta personas en un solo día. ¡Uno! ¿Cuales creen que son sus probabilidades de sobrevivir? – Svetlana estuvo atenta a atajar cualquier comentario de Kurtz antes de que llegase a producirse.
- ¡Nosotros habríamos preferido entrar despacio, por sorpresa y confiando en que algunos estuviesen durmiendo. Su tanqueta y sus pregoneros han sido de gran ayuda, soldado de primera!


Adir iba a responder algo, pero su hermana lo contuvo, indicándole con un leve asentimiento que mejor harían entrando y dejasen atrás a esos seres inferiores. Mientras, Jonze avanzaba hacia las puertas del edificio, desenvainando sus machetes. Todo esto sucedía ante la mirada despectiva de los cuatro agentes de Turk.

- Jonás... – Dijo Harlan. – Gracias por haber sido tan educado. – Yvette miró con sorpresa a su compañero ante esa afirmación, antes de reírse.
- Al menos la cosa no llegó a las manos.
- Primero el trabajo... – Respondió Scar amartillando su arma. – Luego el placer.
- ¿Haces los honores? – Preguntó Svetlana. Jonás asintió.
- Puerta trasera, y vamos los cuatro juntos, despacio. Har y yo delante. Yvette de apoyo y Sveta cierra. Calladitos y pillamos a los que intenten escapar de esos tres.



Con el rostro cubierto de sangre caliente, Yvette temblaba, tan pálida que Harlan llegó a preocuparse por ella. Kurtz mientras registraba el cadáver, guardando a buen recaudo las materias que pudiesen obtener de él.

- Haré una trampa. – Propuso, quitando la anilla a una granada de fragmentación y dejándola bajo el cadáver, de modo que este mantuviese el seguro bien firme. Le costó varios intentos y unas cuantas manchas de sangre el colocarlo bien, ya que la ráfaga de 5,56 que le había soltado Yvette a bocajarro había despedazado la mayor parte del cuerpo de ese pobre gilipollas.

El soldado al que acababan de cazar estaba tirado en las escaleras del edificio, entre manchas de sangre, restos de casquería, casquillos y cascotes. Kurtz iba en cabeza cuando se lo cruzó. El soldado, enajenado, frenético y babeante, enarboló su inmensa espada, cargando contra él. La hoja se deslizaba a lo largo de la pared, derribando el viejo y podrido muro a su paso, con un estrépito increíble. Acabado el sigilo, Scar se apartó saltando hacia las escaleras que subían y parapetándose tras ellas, mientras gritaba un aviso para que Harlan, ya situado, le disparase a bocajarro con su escopeta Bonfire. El soldado aún se movía, gritando incoherencias que sonaban como “enoa” o “jenoa”. Cuando la materia empezó a relucir y el poder mako se concentraba, listo para propulsarse de cualquier forma letal, Yvette rugió, vaciando el cargador sobre él. 30 balas de calibre 5,56 despedazaron al pobre loco, salpicando la pared de detrás con pedazos de su cuerpo y balas que lo atravesaron.

- ¿Todo bien, niña? – El mundo volvió a tomar forma a los ojos de Yvette, apareciendo algo más que el cadáver que acababa de despedazar. A su lado pudo ver como era Svetlana quien la sacudía suavemente para sacarla de su abstracción. - ¿Todo bien?
- Eh... Si.
- ¿Primer fiambre, cerecita? – Preguntó Kurtz con sorna, mientras se limpiaba la sangre de las manos contra las paredes. No era un hombre escrupuloso, pero si lo suficientemente cauto como para dejar que su rifle le resbalara de las manos.
- ¡Jonás! ¡Métete por el culo ese argot de soldado de Wutai! ¡La niña es de fiar, ha servido conmigo!
- Para mi sigue siendo una JN. – Dijo, mientras volvía a calarse al hombro el fusil. – ¡Mierda de estado de excepción! ¡Autorizan materia pero no lanzagranadas! – Dijo mientras aseguraba su bayoneta. – Nuestro amigo irreconocible nos ha regalado hielo, prisa y cura. – Se las tendió a Yvette mientras hablaba – y son tuyas por derecho de botín, JNN.

Yvette las miró, recelosa. Estaban cubiertas de sangre. Tragó saliva y las cogió, limpiándolas. Aguantando la mirada al veterano, las acopló a su peto de kevlar con una sonrisa retorcida.

- Gracias. – Dijo, dando por concluída toda discusión. Esperaba algún tipo de respuesta, pero no la obtuvo. El veterano retomó su puesto de hombre en punta.
- Vamos a darnos prisa: Estos mamones saben que estamos aquí, y no quiero que nos encuentren parados. Estamos en su terreno. ¡Vamos!

Los tres agentes siguieron a Scar por los pasillos de las viviendas abandonadas. Las puertas tenían precintos rotos. Algunas habían sido arrancadas de sus goznes, probablemente para usarlas como leña. Las viviendas estaban llenas de basura, mantas raídas y un asfixiante polvo gris que cubría cada partícula de oxígeno, volviendo el ambiente irrespirable. Era como ceniza, pero más pegajosa... Más sucia y podrida, se introducía por la nariz al respirar y se pegaba al interior de las fosas como si fuese petróleo. Ni un alma poblaba esos pasillos, cuyas paredes ennegrecidas formaban sombras inquietantes a la luz del amanecer.


Siguieron avanzando, hasta que finalmente, Kurtz, desde su posición de hombre en punta, alzó una mano para dar aviso de que se detuviesen. Como un solo hombre, la pequeña escuadrilla frenó en seco, tomando posiciones tras la mejor cobertura disponible. Kurtz tomó su fusíl, desplazando silenciosamente el selector hacia modo de fuego automático: Rock and Roll. Un gesto a Svetlana e Yvette hizo que ambas se acercasen, posicionándose para abrir fuego donde les indicasen. A Harlan se le ordenó cubrir la retaguardia: Si Kurtz se había tomado la molestia de montar una trampa con un cadáver, era porque temían la posibilidad de ser perseguidos. Los ojos de las dos agentes siguieron la dirección indicada por Scar hacia una pared a medio derruir, cubierta de escombros. Este mientras se preparaba tomando una Aegis Cort, mientras colocaba en silencio el fusil en el suelo: No tendría las dos manos disponibles para emplear la MF22.

Atendieron a los dedos de Kurtz, mientras se preparaba para dar la señal: Tres... Dos... Uno...

Al unísono, Yvette y Svetlana derramaron una lluvia de balas en la pila de escombros, destrozándola y desplazándolos. Tras ella salió fugazmente una sombra: Uno de los soldados que habían ido a cazar se lanzó a la desesperada para situarse tras una columna próxima: Sólida cobertura de hormigón y la promesa de una breve seguridad. Sin embargo, su astuto rival ya había tenido en cuenta esa posibilidad, pero no lo supo hasta que fue demasiado tarde. Pudo ver con claridad el rápido destello de la materia, cuyo ataque contaba con esquivar. Por desgracia, él nunca fue el objetivo directo del ataque: El conjuro de “terra” hizo venirse abajo la columna y una parte del techo. El breve instante en el que se detuvo para corregir su trayectoria le costó dos impactos de bala en el torso y unos cuantos más, disparados por una nueve milímetros, siendo el más grave un impacto en el tobillo que lo derribó impidiéndole apartarse cuando cientos de kilos de hormigón se desplomaron sobre él.

- ¡Madre! – Apenas llegó a exclamar el segundo Soldado, cuyo papel en la emboscada era saltar desde detrás del grupo. Por desgracia, Harlan estaba preparado y lo recibió con una rápida lluvia de perdigones. Aunque la armadura se llevó la peor parte, con su compañero cazado, seguir no tenía sentido. El soldado lanzó un tajo con su enorme hoja que hizo que el turco tuviese que saltar hacia atrás para esquivarlo. Aprovechando esos segundos extra, el soldado se dio a la fuga por el mismo pasillo por el que los turcos habían llegado.
- ¡Yo me ocupo! – Dijo Svetlana, arrojándose tras él.

Apenas estuvo a un segundo de ser destrozada por un relámpago mágico que su presa descargó a lo largo de las destrozadas estancias del edificio. Logró echarse al suelo a tiempo, pero no se libró de la desagradable sensación de quemazón en la espalda, al haber pasado el rayo a escasos centímetros de esta. El olor a ozono se mezclaba con el del polvo, haciendo aún más irrespirable el ambiente. Sin embargo, no podía permitir que eso la frenase. Tras ella oyó pasos y vio a Inagerr, acompañándola a la caza del soldado a la fuga.

- ¿Aún quieres cobrar tu pieza? – Dijo esta, mientras se levantaba, retomando la persecución. Al llegar a la puerta principal de la vivienda que estaban atravesando, se detuvieron, arrojando una piedra a través de esta. Nada sucedió.

Los turcos aprenden a prepararse para lo peor. No están para tratar con drogadictos o chulos, sino con verdaderos asesinos del crimen organizado, grupos terroristas o paramilitares, sin olvidar los más exquisitos psicópatas. Por eso, cuando el soldado los emboscó no les pilló de sorpresa. Incapaz de usar su enorme espadón en un espacio tan pequeño, el soldado empleó un cuchillo táctico, más manejable en esas situaciones. Su filo llegó a rozar dos veces el peto de kevlar de Harlan, que se preguntó que habría sido de él de no llevarlo. Sus enormes manos negras agarraron firmemente al soldado, intentando contenerlo, pero su fuerza sobrehumana, aumentada artificialmente gracias al tratamiento de exposición al Mako, le convertía en un rival inalcanzable. El soldado se reía, sacudiendo a Harlan como si fuese un muñeco.

- ¿Quieres conocer a la madre, pequeñin? – Decía el hombre. Tenía los ojos muy pequeños, como de roedor, y el pelo corto y despeinado. Se había cubierto el rostro con el polvo que impregnaba el edificio, a modo de siniestro maquillaje. - ¿Crees que se interesaría en un gusano como tu? – Mientras hablaba, sacudiendo al corpulento agente con una sola mano, lo amenazaba con el cuchillo, haciendo cortes superficiales en su rostro y lanzando pequeñas punzadas contra su pecho.
- ¡Yo si que te voy a presentar a una madre, mamonazo! – Exclamó Harlan.

Tras el soldado, Svettlana se había acercado en silencio. Por lo visto el muy idiota debía de haberla olvidado, ya que no llegó a notar su presencia hasta que la hoja de su cuchillo táctico le hubo cortado los tendones de la parte trasera de la rodilla. En ese pequeño segundo, mientas el desquiciado soldado se intentó volver para lanzar un tajo, Harlan afirmó su agarre, lanzando a su enemigo hacia el lado opuesto del pasillo. Rodaron confusamente hasta caer con una mezcla entre crujido y chapoteo nauseabundo sobre el despedazado cadáver de la primera víctima del escuadrón de Turk.

- ¡Guuusaaaanoooo! – Gritó el soldado, deslizando su cuchillo sobre el cuello del turco, pero se encontró con una sonrisa inquietante e inesperada. Un hechizo de barrera impedía a su cuchillo alcanzar a su rival, que seguía reteniéndolo contra el cadáver de su compañero. Cuando comprendió lo que sucedía, las esquirlas de fragmentación de la trampa ya habían volado a través de su cuerpo.




En el otro extremo del edificio, Yvette murmuraba obscenos juramentos, mientras buscaba sin éxito algún clip de munición. Los había agotado. “Ráfagas cortas y precisas” la había estado puteando Harlan, y Kurtz había sido mucho más cruel. Ahora que había quedado probado que tenía razón, la novata se esperaba la peor reprimenda posible.

- ¡Eh! – Le oyó llamarla. Un escalofrío recorrió su columna vertebral, en anticipación. Al girarse vio que le tendía dos clips en una mano y su fusil en la otra.
- ¿Qué quieres que haga con el arma? – preguntó confundida.
- Cargar con ella. Yo iré a pistola y cuchillo, y seguiré en punta. Así podré buscarme la vida cuerpo a cuerpo. Si te estorba, la dejas caer y punto. – Respondió con un susurro ronco. Con el ruido que estaban haciendo Harlan y Svetlana para perseguir al soldado, tenían una posibilidad de irrumpir por sorpresa a por el restante. Ignoraban que sería del pequeño destacamento de soldados que habían venido a quitarles la misión, pero tampoco les importaban.



Solo quedaba un camino, y estaba marcado a mano sobre la cubierta del oscuro polvo que llenaba el edificio. Una flecha blanca y sucia al lado de unas escaleras: Una señal improvisada lista para atraer a los cazadores o a las presas. Fuese cual fuese, no tardaría en verse.

Subieron el tramo de escaleras en el mayor silencio posible, evitando pisar un pequeño riachuelo rojo y espeso que caía por los escalones. Ambos sabían que era sangre y lo evitaban, ella por asco y él para no dejar huellas que le delatasen. Una vez arriba, antes de cruzar la puerta de la pequeña buhardilla de salida de las escaleras, se encontraron a la soldado de primera Idra Washairi. Silenciosa y solenme cuando la conocieron, esta vez emitía entrecortados gemidos de dolor. Su cuerpo estaba cubierto con su propia sangre y entrañas, clavada al suelo con su propia espada. Tan dantesco espectáculo hizo a la novata sufrir arcadas que contuvo de mala manera. Kurtz se acercó a ella, mirándola fijamente.

- Adir... muerto... Jonze... Jonze... No se... Yo...
- Te ha partido la columna en dos, destrozado un pulmón y el diafragma. No tienes salvación. ¿Quieres acabar?
- Bala... Por... Favor...
- No puedo... – Susurró Kurtz. – Nos delatará. Lo siento.

El cuchillo táctico entró por el hombro de la soldado, directo hacia el interior de su caja torácica. Para asegurarse de alcanzar el corazón, el turco lo clavó hasta la empuñadura. La soldado aguantó estóicamente el medio segundo apenas que duró su ejecución, sin gritar. Sin embargo, antes de que Kurtz hubiese acabado de clavar la hoja, ella ya había muerto.

Kurtz indicó a Yvette que lo siguiera preparada, mientras él avanzaba despacio, pegado a la pared de la buhardilla. Al rodearla pudieron ver al soldado Nathaniel Jonze, peleando con fiereza contra un hombre siniestro y extraño. Vestía su uniforme de soldado, que había cubierto con una capa negra hecha con harapos, y había cubierto toda su piel con el extraño y ceniciento polvo negro. Erguido y ensangrentado, lanzaba tajos salvajes sobre su rival, que los esquivaba con fluidez a pesar de su gran tamaño, encontrando huecos con los que lanzar fugaces ataques con sus machetes. Solo conseguía causar heridas superficiales, pero las aprovechaba para acosar a su enemigo, aproximándolo hacia el extremo del edificio. También Jonze habría sufrido una o dos heridas moderadas, una de ellas en el brazo izquierdo, y el reguero de sangre que le caía hasta el puño salpicaba cada vez que lanzaba un tajo.

Su enemigo sin embargo, aunque trastornado, no era ningún novato. Un luchador de mismo rango y categoría, en una pelea totalmente igualada y aún no decidida. Los Washairi habían muerto a sus manos, probablemente: Idra estaba más allá del dolor y la miseria y del cadáver de Adir eran visibles sus piernas y el brazo derecho, aún empuñando su espada, en uno de los extremos de la azotea. Había un tercer cadáver, probablemente el quinto soldado del grupo, que había sido destripado con un arma corta. Probablemente el punto fuese para Jonze.

- Lo ha visto... – Sentenció el turco más veterano a su compañera. – Estate atenta. – Yvette asintió en silencio, preparando su arma.

En ese momento, el soldado loco encontró su ataque: Un tajo lanzado con todas sus fuerzas desde su derecha, potente, pero fácil de ver venir. Jonze acababa de fallar un ataque con lo que no sería capaz de esquivarlo. Asumiendo que era la única forma de salvarse, interpuso su machete izquierdo, apoyándose con el otro brazo para contener toda la fuerza del impacto. Aún así salió despedido, pero esos segundos no pudieron ser aprovechados por su rival, que también hubo de recuperar el equilibrio. Recuperados volvieron a cruzar aceros, pero el loco fue más listo: Se limitó a interponer su espadón sobre su flanco izquierdo, como si de un escudo se tratase, mientras su mano abierta, cubierta por un oscuro resplandor, avanzaba por el otro lado. El brazo izquierdo de Jonze, entumecido por la pérdida de sangre, no fue capaz de detener el ataque a tiempo, y esta vez si le alcanzó la cabeza. El soldado intentó separarse, a pesar de que lo tenían agarrado, y forcejeó. Afirmó su agarre y lanzó un rodillazo contra el vientre de su rival, que solo logró arrancarle una carcajada. El loco le lanzó una serie de puñetazos a la cabeza y todos alcanzaron su objetivo. Cegado por el hechizo de su enemigo, el soldado forcejeaba por librarse, mientras encajaba un golpe tras otro, hasta que finalmente logró apoyar la hoja de uno de sus machetes en el hombro de su adversario. Tras esto, de un tirón, hizo que el filo se deslizase abriéndole una brecha desde la clavícula hasta la cadera.

- ¡Maldita sea! – Exclamó Kurtz. – ¡Locura! ¡Este imbécil se ha enajenado a sí mismo!
- ¿Qué mierda hacemos?
- Seguir apartados.

Jonze sonreía, quizás por el efecto del hechizo, mientras sus golpes descontrolados y a ciegas abrían un tajo tras otro en el torso del loco, que tironeaba intentando liberarse. A la desesperada, fue con un cabezazo, con el que logró liberarse y ganar tiempo para un hechizo de cura. Sin embargo, al despejarse el hechizo, el brillo verde de la materia activa seguía iluminando sus manos.

- ¡Al suelo! – Gritó el veterano, sin embargo, su compañera ya se había parapetado. - ¡Al suelo, maldita sea!

Sus palabras dejaron de oírse cuando algo pareció llevarse todo el oxígeno del lugar: Un torrente de llamas surgió de sus manos, haciendo recular a Jonze, que no logró apartarse de todo. A la desesperada cruzó los brazos ante su cara en una posición defensiva. El loco gritaba carcajadas, mientras las llamas crepitaban. El olor a carne quemada era atroz, y el fuego parecía una especie de líquido etéreo que obedecía los pasos de un macabro baile de destrucción. Ignorando cuanto aguantaría Jonze antes de verse consumido, Kurtz buscó un blanco al que disparar. Lo encontró en la mano derecha del loco, contra el que abrió fuego con su pistola.

El loco miró confuso lo que segundos antes había sido su mano. Ahora no era sino un amasijo de carne, huesos y tendones ensangrentados que colgaba inerte al extremo de su brazo. Unos cuantos dedos estaban en el suelo, tirados alrededor de la empuñadura de su espada. Presa del shock y el pánico, las ansias de supervivencia se crecieron sobre su apetito por la masacre, y sus pupilas dilatadas vieron al turco cargando contra él. Decidido a sobrevivir por encima de todo y de todos, el loco saltó por el borde de la azotea, cayendo varios metros más abajo sobre una avejentada escalera de incendios, desde la que volvió a saltar para aterrizar sobre el pavimento. Kurtz disparaba desde el extremo, pero tras dos disparos no demasiado certeros gritó con frustración cuando un chasquido del percutor anunció que el cargador estaba vacío. Lo dejó caer, sin pararse a recargar y saltó sobre la escalera de incendios. Tardó mas en reponerse del impacto, y empezó a bajar las escaleras de dos en dos, mientras palpaba en busca de más munición.
Cuando llegó abajo, el loco estaba demasiado lejos para dispararle con un arma corta con ciertas garantías de que impactase, pero aún así, Scar no lo pensó: Se lanzó a correr tras él mientras abría fuego, casi a la desesperada, sin embargo, el soldado era demasiado rápido. Corría zigzagueando, buscando la cobertura de las farolas y los contenedores de basura que no habían sido vaciados en meses.

Jadeando, el loco podía oír a su perseguidor corriendo tras él entre blasfemias y maldiciones, y notaba las balas silbando a ambos lados de su cabeza. Si aún no había sido alcanzado había sido por pura suerte, así que mejor no detenerse. Jenova le necesitaba, y él debía preparar al mundo para su venida. Esas malditas cucarachas humanas deberían saber lo que les espera a los enemigos de la madre, y él sería quien se lo mostrase, igual que se lo mostró con sus llamas de purificación a esos patéticos PM que se interpusieron en su camino segundos atrás. ¡Él! ¡Estaba dispuesto a superar al mismísimo Sephirot si era necesario!

Concentrado en sus pensamientos y en el silbido de las balas, no vio al objeto metálico que surgió a su derecha para impactar sonoramente contra su cabeza. Nigel Drax, sargento de la Primera de infantería siempre había odiado a esos putos soldados. Él era incapaz de hacer esfuerzos sin padecer un infierno de dolor debido a la metralla que tenía incrustada en la espalda, y sin embargo la pensión no le había llegado para nada, mientras que esos hijos de puta vivían a cuerpo de rey y eran venerados como héroes. Ese silletazo contenía la rabia y amargura de años viviendo al borde del arrollo, lanzados en una serie de golpes. Cuando Kurtz llegó, el soldado yacía inerte, pero Nigel lloraba de rabia mientas seguía lanzando golpes contra su cuerpo sin vida.

- ¡Esta es por Tom! ¡Esta por Rogers! ¡Esta por Dancoeur! ¡Esta por la puta provincia de Hanado! ¡Esta por la caída de Hasu! ¡Esta por el Tet! ¡Nosotros ganamos la guerra, hijos de puta! ¡Nosotros moríamos y vosotros solo estabais ahí para el último ataque y llevaros la gloria! – Mientras tanto, el antiguo aerotransportado se limitaba a contemplar en silencio. A ese pobre loco le tocaba pagar, ocho años después del fin de la guerra. Si hay algo cierto, es que la vida da vueltas, y en una de ellas siempre encontrará la forma de hacer que pagues.



En lo alto del edificio, los turcos ya se habían reagrupado todos menos Scar, aunque este ya había confirmado el final de la operación por radio. Ahí arriba, Harlan atendía con materia las heridas del soldado, aunque las quemaduras en sus brazos eran muy graves. Las manos habían salido bien paradas al menos, y parecía que no había perdido la movilidad, aunque la piel de sus antebrazos había ardido completamente. El olor a carne quemada era nauseabundo, y a pesar de haberlo conseguido, la novata no dejaba de hacerse preguntas. Lo peor era que sus compañeros si parecían saber lo que estaba pasando. Era como si un aura de fatalidad los rodease. Como si supiesen que alguien había muerto y no quisiesen decírselo. Entonces se dio cuenta: Este edificio se suponía habitado por una comuna de indigentes de tamaño medio: Aproximadamente medio centenar de familias habían hecho de este edificio su hogar refugio, y convivían en él cooperando para sobrevivir al día a día con los escasos medios de los que podían disponer. Esas personas no habían aparecido, y sin embargo en su lugar había aparecido un sitio vacío y cubierto de un polvo negro desagradable que parecía adherirse al interior de los pulmones al respirar. Yvette se insultó a si misma. ¡Debería haberse dado cuenta antes! ¡Ni siquiera lo llegó a ver cuando contempló como el loco lanzaba ese torrente de llamas contra el soldado! Era tan simple... ¿Cómo no pudo verlo? ¿Cómo no reconoció las cenizas?

- Unidad 12 a cuartel. Repito. Unidad 12 a cuartel. Objetivo cumplido, manden una ambulancia. Tenemos cuatro bajas y un herido, repito: Cuatro bajas y un herido. Hemos sobrevivido los cuatro turcos y el soldado de primera Nathaniel Jonze.
- ... – Yvette no llegó a oír que le dijeron por radio a su compañera. La estática se lo impedía. Miró a Harlan, en busca de una explicación pero este se había envuelto la cadena de plata en la que llevaba la materia alrededor del brazo izquierdo y parecía rezar.
- Si. – Respondió Svetlana. – Hemos encontrado los habitantes del edificio... O lo que ha quedado de ellos. No hay supervivientes.

8 comentarios:

Ukio sensei dijo...

Bueno, gente. Dejo este comentario para aclarar algunas notas. La verdad es que me apetecía meter algo de vietnam y escarbar un poco en Kurtz. Se que dije a muchos que escribiría sobre Kowalsky o sobre otras cosas, pero teniendo en cuenta que Kowalsky ahora mismo está superando el shock de haber sido atacado con piro por un maníaco, le dejaremos descansar. Llevo teniendo este relato en mente desde hace unas cuantas semanas, por sacar al entrañable personaje del sarge Drax y de paso ir moviendo cosas: Ha aparecido el cometa y muchos diréis que casi ningún soldado se volvió loco. Sin embargo me parece divertido que algunos si lo hagan y haya que darles caza. Nada es perfecto, así que siempre puede fallar algo. Tenemos muy pocos tronaos uberpoderosos matando en nombre de Jénova, aunque sangren y mueran, no lo harán sin llevarse a muchos consigo.

Más cosas: Kurtz y Svetlana empiezan a trabajar juntos (Yvette y Har tienen demasiada química como para separarlos, por si alguno se lo había planteado) y además tienen cierto pasado común que poco a poco iré desvelando (hay algo insinuado, deberíais repasar relatos). He metido soldados propios y hecho escenas de peleas especialmente gores y macabras quizás por que me parecía (igual es que acabo de ver Death Proof, pero ahora solo he acabado la escena final, asi que no cuenta).

Más rollos: Vietnam.

DMZ: DeMilitarizedZone. Zona desmilitarizada, allí donde el ejército no tiene control.
JNN: Jodida niña nueva. Castellanismo de la expresión FNG (Fucking New Guy)
Tet: Nuevo año vietnamita, adaptado a Wutai. La ofensiva del Tet fue llevada a cabo por el ejército norvietnamita durante lo que sería un alto el fuego, y aunque EEUU logró contenerla, no fue sin sufrir gran cantidad de bajas. Podéis ver sobre ella en "La chaqueta metálica". Existió en la realidad, el 30 de Enero de 1968.
La caída de Hasu: Esta se refiere a la caída de Hue. La ciudad fue tomada con grandes esfuerzos por yankilandia, pero cuando estos abandonaron el país, dejándola en manos del ejército survietnamita, esta cayó en nada. Debería matizar algo como pudo caer si ShinRa ganó la guerra, pero bueno...
Más cosas: El lanzagranadas que añora Kurtz es el M203, que solía ir acoplado a los M16


Espero vuestras opiniones, gente.

KITE dijo...

Me encanta el olor del napalm por la mañana. Realmente el relato huele tanto a ozono como a Vietnam.
Está bien eso de que ahora todo quisque acabe por volverse loco con la aparición del meteorito; yo ya estaba pensando en ponerlo en práctica, pero de forma distinta. Ya se verá.
Bueno, el relato no supera a sus predecesores, pero como crónica de un estado de crisis está de puta madre con todo eso de las balas, la sangre y la ceniza. No sé cómo, pero he logrado imaginarme todas las escenas como si se tratara de la mítica escena entre película bélica en la que se meten en un edificio ruinoso e intentan organizarse para cazar al cabrón que anda jodiendo la marrana (véase La chaqueta metálica) y un thriller sobre psicópatas escondidos en algúna habitación de hormigón polvoriento llena de charcos de sangre.
Chapó, pero me hubiera gustado que matizaras más el carácter de Yvette cuando descubre qué fue de toda la gente que malvivía entre las ruinas.

Ukio sensei dijo...

En lo de Yvette tienes razón, quizás me hayan podido las prisas, pero de 5 días, que tuve, llevaba ya por lo menos el tríple, así decidí darle caña y ya editaré.

De todos modos, a estas alturas ya se debería saber que Yvette es más dura de lo que parece.


PD: Me alegro de verte con vida.

Astaroth dijo...

Buen relato: realmente se nota ese estilo gore, remarcado en diversos aspectos. También ha sido grato ver como profundizas en los turcos, en especial con Yvette, la cual era practicamente una pequeña desconocida en cuanto a su mundo interior (siempre pensé que estaría más acostumbrada a la sangre).

Y nada, voy a ver que hago como relato... A ver si me queda algo bien hecho.

Astaroth dijo...

PD: Que alguien me corrija, pero... ¿El sector 8 no era la zona donde estaban localizados todos los sistemas técnicos, fábricas y demás en Midgar?

Que yo recuerde, no era un lugar habitado ni una zona donde hubiera viviendas.

Noiry dijo...

Que yo sepa no se sabe nada sobre el Sector 8, en el juego no entras en él . Lo de las fábricas y eso que dices no me suena.

Al relato, técnicamente genial como siempre, la única pega que te pongo es que te regocijas demasiado en Kurtz y en Vietnam. Aún con todo, las descripciones me parecen muy acertadas para crear ese ambiente tan siniestro y cargado.

Astaroth dijo...

Que yo recuerde, el Sector 8 es la zona donde entras en el disco 2, cuando te lanzas en paracaídas. De todas formas, lo volveré a mirar...

Ukio sensei dijo...

Mira, Astaroth: He tenido que improvisar sin haberme leído el relato anterior. Lo que Sinh dijo fue que los sectores estaban ordenados también por su calidad de vida, de los mejores en los primeros números hasta la miseria absoluta del 8. Si es industrial, se cambia el edificio abandonado por una factoría y resuelto.

Noiry, si me regocijo en mi personaje es porque Kurtz lo vale. Pasalgo? Nah, ahora en serio... Me regodeo, pero es el veterano, el de las ops y las trampas en cadáveres. No creo que a ninguno de los otros se les ocurriese plantearse esas operaciones como una puta zona de guerra. De todos modos, los otros tres ya irán progresando y teniendo sus momentos de lucidez.