martes, 26 de octubre de 2010

Entrevistas: Skeith, Susurro, Lagarto

El ambiente en la habitación estaba impregnado a partes iguales con el relente a botes de pintura viejos y el olor habitual de un pequeño taller. Gran cantidad de trastos apilados en cajas de mudanza se habían apartado para hacer sitio, y ahora una mesa redonda con tres sillas aguardaba en el centro. El cuarto era angosto, y su estrechez la realzaba aún más la escasa luz procedente del portalámparas que colgaba del techo.

Sentado a la mesa había un tipo de pelo oscuro y corto, con una perilla algo descuidada que pugnaba por convertirse en barba de pleno derecho y gafas. Llevaba un chaleco negro sobre una camiseta de manga larga, y unos vaqueros algo pasados. Sus ojos se movían de izquierda a derecha mientras leía unos cuantos papeles. Tenía los párpados algo entrecerrados y el gesto torcido en una mueca de disgusto.

Detrás de él, apartado del cono luminoso que irradiaba la bombilla, se encontraba otra persona. La mayoría de él estaba tan cubierta de ropa y harapos que era complicado saber si se trataba de un hombre o una mujer. Fuera lo que fuese, debía tener el termostato roto. No hacía precisamente frío en aquel zulo. Este segundo personaje parecía un vagabundo. Iba con una capucha calada hasta los ojos y no se apreciaban sus rasgos. Mientras esperaba, se apoyaba pesadamente en un objeto alargado, también envuelto en tela. Era metálico, sin duda: el de pelo negro lo había oído tintinear al entrar su dueño.

-¿Y bien? No parece que vaya a venir, Skeith.
-Y bien nada. Ahora toca esperar. Él lo tiene más fácil que nosotros para venir aquí.
-¿Y vendrá?
-Supongo. Le he dado motivos para venir, y aunque parezca tímido, no es un cobarde. Ha tragado mucha mierda, durante bastante tiempo. Sólo le faltaba encontrarse con esto.

Antes de poder replicar al que se llamaba Skeith, una puerta se abrió por encima de ellos. Otro hombre, también moreno, acababa de entrar en escena. Por encima de ellos se oyeron los pasos, seguros y pesados, de sus botas. Iba vestido de manera informal, como Skeith, pero a diferencia de él, llevaba la ropa con bastante más estilo, y la llenaba bastante mejor. Tenía un cuerpo fuerte y atlético, vestido con una camisa blanca y unos pantalones marrones. En el cuello brillaban las placas con su nombre, rango y unidad en SOLDADO. Iba afeitado, y en su cara resaltaban los ojos de aquellos que han sido tratados con mako. Parecía enfadado.

-¿Qué hacéis aquí?
-Pues por de pronto, esperarte, Dwight. Tenemos unas cuantas cosas que tratar entre los tres. Antes de que preguntes, no, no hay ningún monstruo en este sitio.

El tipo envuelto en harapos hizo un ruidito, casi como una risa que se cortó abruptamente. Susurro miró extrañado a Skeith, y después dedicó una mirada tranquila a su acompañante. La serenidad de su cara no alcanzaba a encubrir el hecho de que estaba alerta ante aquellos dos. Sin embargo, también estaba intrigado. Conocía al tipo sentado en la mesa. El otro no le sonaba de nada.

-Tranquilo, está en tu misma situación.
-¿También le envías a matar bestias pardas con un séquito de novatos? – ante el comentario del soldado, el encapuchado volvió a reír. Skeith gruñó ante lo que consideraba una comparación con el Contable.
-No es momento de andar con tonterías, que tenemos trabajo. Al grano. Me han llegado estos días unos cuantos correos. Pensaba que eran spam y estaba por borrarlos, pero resulta que no van sólo dirigidos a mí, sino también a vosotros.

Se hizo el silencio ante aquella noticia. Para empezar, el vagabundo carecía de correo, y no le conocía absolutamente nadie... de manera que no se le ocurría que alguien pudiera ponerse en contacto con él, ni siquiera a través de terceros. En cuanto a Susurro, todo aquello empezaba a olerle a violación de intimidad.

-¿Y qué son?
-Preguntas. Simples preguntas de gente desconocida. Como os decía, al principio pensaba borrarlo, pero luego pensé que puede ser interesante contestar.
-¿Por algún motivo en concreto?
-No, son sólo preguntas que hace la gente. Hasta ahora me han estado apoyando desde la sombra y me parece adecuado devolverles el favor.
-¿Qué gente?
-Vuestras preguntas luego, por favor, estos otros interrogantes son más urgentes. Veamos, hice una lista para poder agilizar el proceso. Las tuyas son éstas, están marcadas como “Susurro”. Aquí están las tuyas. No sé por qué las marcaron como “Lagarto”.

En el silencio, se escuchó a Susurro atragantarse. Cuando le miraron, estaba completamente serio. Ninguno se había percatado, centrados como estaban en los papeles, de la sorprendente (y escasamente vista) sonrisa del SOLDADO.

-Bien, ¿quién quiere empezar?
-Yo. Cuanto antes acabe, antes podré volver a mis asuntos. No me ha sido sencillo llegar hasta aquí, de modo que prefiero aprovechar el tiempo. ¿Tienes un lápiz?
-No hace falta, yo apuntaré – comentó Skeith sacando una grabadora.

Sin pensarlo dos veces, el encapuchado plantó el papel en la mesa y con la uña recortó la palabra “Lagarto”, como si estuviera usando un cúter. Luego se puso a leerlo. Mientras leía, murmuraba para sí, repitiendo las preguntas. Conforme posaba sus ojos en algunas de ellas, los dedos se le crispaban. Un movimiento a sus espaldas tiró una caja, y un temblor de pura rabia recorrió su cuerpo. Parte de las capas de ropa cayeron al suelo cuando se levantó bruscamente y dio un puñetazo en la mesa. Susurro le miró asombrado, mientras que Skeith se tapó la cara con la mano.

-Joder, que aún no tenía que ver nadie tu aspecto entero…
-¡¿Pero qué se creen esos bastardos?! ¡No tengo intención de responder algo como esto!
-Yo creo que sí la tienes… - replicó Skeith sacando un pequeño objeto de su bolsillo. Se trataba de un pedazo rectangular de una sustancia blanca y flexible. Skeith la hizo bailar sobre los dedos como si fuera una moneda, mientras en su otra mano sostenía un pliego de papel. El vagabundo reconoció la goma de borrar y tragó saliva. Junto con la saliva, se tragó la rabia.

-Oye, si yo no debía ver esto, ¿ahora qué? ¿Para el siguiente relato sabré cómo es?

Skeith miró a Susurro y le tranquilizó con un gesto. Lo que parecía un bolígrafo en su bolsillo tenía un cierto parecido a un neuralizador, junto a unas gafas de sol. El confiado tipejo sonrió para sí, puso en marcha la grabadora y empezó a preguntar.

Skeith: ¿Qué es lo que dices cuando entras en un restaurante tradicional de Wutai y no tienen tu plato favorito?
Lagarto: Nunca he ido a un restaurante tradicional de Wutai. Ni falta que hacía.

Sk: ¿Cuándo mantuviste tu primera relación sexual?
L: Nunca. Yo no he “mantenido relaciones”. No es fácil con mi aspecto… pero ya lo verás. Lo verás tú y todos.
Sk: Claro, claro, lo que nos faltaba, sexo reptiliano…
L: Que quede claro: yo no soy un reptil.
Sk: Vale, lo que tú digas, pero ellos lo creen así.

Sk: ¿Cuánto te miden las uñas?
L: Y yo qué sé. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que tomarme las medidas?
Sk: Susurro, mira si hay un metro…

Después de un breve forcejeo, quedó comprobado: las uñas le miden más cuanto más ganas le tiene a la persona que tenga enfrente. Skeith decidió juiciosamente, tras vendarse los cortes, que había que conformarse con eso. Frotándose las heridas, pasó al siguiente punto.

Sk: ¿El jabón del mismo nombre que tú, Lagarto, te paga royalties? ¿Es así como compras los caramelos con los que sobornas a los niños?
L: No esperes ni por lo más remoto que responda eso…
Sk: Al menos podrías contestar a lo de los niños.
L: Yo no soborno a nadie. No cuenta como soborno si luego los matas y recuperas lo que pagaste.
Susurro: De modo que tenemos un delincuente aquí mismo.
Sk: Eh, nada de deformación profesional. ¿Desde cuándo trabajas gratis para el Contable?
Ss: Cierto…
L: De todos modos, no he sobornado nunca a un niño. Sólo secuestré a su madre y le pedí que me hiciera un recado, que luego ya le llevaría con ella.
Ss: …
L: ¡Vale, no fue un secuestro! ¡Le partí una pierna cuando la niña no miraba y me la llevé! No hace falta ser un genio para saber que la llevarían a un hospital. Luego la cría se creyó perdida, así que me acerqué y la convencí de que le diera mi mensaje a Elliot, que si lo hacía la acompañaría con su madre. Y eso hice, la dejé a la puerta del hospital y me largué.
Ss: Todo un samaritano…
L: Hey, si las hubiera matado habría tenido más agentes buscando “monstruos” o asesinos por los rincones. Ya me tocó liquidar a uno que me había visto desde demasiado cerca.

Sk: Sigamos (antes de que al SOLDADO se le pase por la cabeza sacar la albaceteña)… ¿Como logras colarte con tus horrendas pintas en lugares tales como edificios de oficinas o así?
L: Nunca he entrado en ningún sitio así. Por suerte, nunca me faltan voluntarios. Cualquiera en Midgar a quien le ofrezcas dinero o droga es capaz de tirarse de cabeza a un reactor.
Sk: Miles fue un ejemplo perfecto.
L: Pues no era el más tonto de los que “contraté”. Además, como Miles hay miles esperando un poco de droga imaginaria.

Sk: ¿Tienes alguna relación particular con Eliott o la jefa Lehman?
L: A la tal Leman no la conozco. En cuanto a Elliot, soy un ángel custodio… siempre que haga lo que le digo.
Sk: Vale, sí, pero ¿qué relación tienes con él?
L: Chantaje, o como yo prefiero, extorsión. Es una buena relación, si eres el que manda.

Sk: ¿Cada cuanto haces cambios de pieles? ¿Duelen?
L: Por última vez: no soy un lagarto. La siguiente pregunta quedará sin responder, da igual lo que hagas.
Sk: Bueno, no te sulfures. Tampoco a mí me atrae que te llamen así. A fin de cuentas, eres mi creación. Soy como tu padre.
L: Mi padre… Me están dando ganas de decirte lo que piensa Sefirot de su padre. Si él le detesta por convertirle en un asesino de masas con la popularidad por las nubes, figúrate lo que pienso yo de ti siendo un engendro furtivo que vive en alcantarillas.
Sk: Un engendro furtivo que comanda monstruos enormes, dilo todo.
Ss: De modo que era cosa tuya…

Aquí la grabación se interrumpió, justo cuando el siseo que se produce al desenfundar una espada se entrecruza con un rifle al ser cargado y de ello nace un chillido de dolor. Al momento, la grabación se reanuda, aunque parece que ha habido un lapso de tiempo en el cual a Skeith le han extraído una bala y cosido una herida de arma blanca, ambas aparecidas misteriosamente.

Sk: Bueno, calma ya de una vez, u os borro a ambos y hago venir a otro personaje, ¿eh?
Ss: Tus reclamaciones al maestro armero. Para eso creaste a uno.
Sk: Va, venga, las dos últimas para… para este. ¿Cuántos caimanes de los que pueblan las alcantarillas has cosido juntos para hacer esa mascota?
L: ¿Se refiere al monstruo que usé? Lo encontré por ahí… Pensaba que era un bégimo. Ya me estaba imaginando montado en él y lanzando Meteo a la gente de arriba, pero resulta que no tiene ese poder. Aún así, fue un excelente guardián, pero muy costoso de mantener.

Sk: A veces me pregunto por qué pareces un loco homicida… Y finalmente: ¿A que saben los SOLDADOS?
L: ¿Crees que como carne humana? Ni que fuera el Midgar Zolom.
Sk: No, pero lo de que no eres un reptil aún lo tienen que mirar los herpetólogos. Bueno, tu parte está terminada. ¿Vas a irte ya?

-No, esperaré a ver lo que contesta nuestro soldadito. Nunca está de más disponer de algo de información extra.

Susurro no parecía muy contento de oír aquello. La privacidad era para él algo de suma importancia. Nunca compartía gran cosa sobre su vida con los demás compañeros de trabajo, y a la empresa le daba la información mínima necesaria para trabajar en ella. Desgraciadamente, en una compañía como Shinra la información era importante. Y había que tener cuidado con quienes llevaban los archivos, pues estaban bastante cerca del departamento de los Turcos.

Sk: Bueno, vamos allá. Dwight Distr… Diastro… no, eso es un arma del Baldur.. “Diastraefen”. SOLDADO de 2ª clase, alias Susurro. La gente quiere saber… ¿Cuántos decibelios alcanzó tu grito más alto?
Ss: ¿Es una broma? ¿De verdad hay gente tan aburrida como para interesarse por eso?
Sk: No sé. Responde a la pregunta.
Ss: No lo sé. Nunca me ha dado por medirlo.
L: ¡Ja! A mí me intentas medir las uñas y a él nada, ¿no? ¿Es porque soy negro?

Sk: Anda, calla, que ni siquiera se sabe si eres humano, reptil o un tendal andante. A ver, Susurro, ¿por qué entraste en SOLDADO, y cómo lograste ascender?
Ss: Cuando vine a Midgar, estuve un tiempo en la universidad, pero mis padres no son lo que se dice ricos. Tuve que trabajar al tiempo que estudiaba, hasta que decidí que, puestos a trabajar, que fuera eso lo único que hiciera. En SOLDADO pagaban bien y daban un entrenamiento completo, de manera que no hacía falta tener una carrera terminada.
Sk: … Creo que es la primera vez que hablas tanto de una vez.
Ss: Si prefieres me callo.
Sk: No, no, está bien. Y de los ascensos…
Ss: En parte fue por méritos, en parte por las deserciones que ha habido recientemente.
L: “Deserciones”. Así es como llaman ahora a la chifladura por sobreexposición al mako en reacción a las células de Jénova, ¿eh?
Ss: Eso es confidencial. Cuando esto acabe, vas a tener que acompañarme.

Sk: Chicos que nos descentramos. Alguien quiere saber también qué te diferencia del otro millón de tíos duros silenciosos e inquietantes que pueblan estos lares.
Ss: …
Sk: …
Ss: …
Sk: … Ya veo. Eres más silencioso.
Ss: No sólo eso. No conozco a todos los tíos “duros y silenciosos”, pero apuesto a que cuando dicen lo de duros va a que son cracks en combate o algo así. Lo mío no es tanto el combate como el uso de materia y la planificación.

Sk: Vale, sigamos. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu compi el calvo?
Ss: ¿Mallet? Era mi amigo… más o menos.
Sk: ¿Más o menos?
Ss: Sí. Por alguna razón, la gente no suele acercárseme demasiado, y yo no soy muy sociable tampoco. Mallet metía puyas a todos y a todo, y fue de los pocos en dirigirme la palabra más allá de las comunicaciones en misión. Podría decirse que era mi único amigo. Echo de menos su conversación y el intercambio de puyas.

L: Ya ves, y ahora está mue- GRUMFG
Sk: Caaallaaa, que la lías… A ver…¿Te criaste en Midgar? Si es así, ¿en que sector? Si no, ¿donde?
Ss: Me crié en una granja a las afueras de Nibelheim. Como dije, mis padres no son ricos; son granjeros y vivían en las afueras. Después de que el pueblo se incendiara, se mudaron a la zona de Corel. Con los ahorros que tenían lograron hacerse con un terreno y empezar de nuevo. Aún tenemos la granja de Nibelheim, pero hace tiempo que nadie vive allí.

Sk: Ajá, interesante. ¿Practicas alguna religión en particular?
Ss: No. Me gusta la mitología, pero soy ateo.

Sk: ¿Como te haces oír en discotecas y otros lugares ruidosos?
Ss: ¿Quién tendría que oírme? Si voy, voy solo; los de la barra se entienden bien por signos.

L: Es aún más soso que yo. Y mira que yo…
Sk: Lo tuyo digamos que es por necesidad, ¿vale? Bueno, y por último: ¿tienes algún amigo próximo? ¿Novia? ¿Familia? ¿Mascota?
Ss: Sólo mis padres, y el perro que tienen, Rust.

-Bueno, vuestra parte ya está… Queda la mía, que ya la haré y…

Las miradas del vagabundo y Susurro, ambas frías y duras como pedazos de hielo, se clavaron en Skeith. Ahora sonreían ambos. La sonrisa del encapuchado revelaba más dientes de lo debido, todos incómodamente afilados. La del SOLDADO no era mucho mejor.

-De eso nada.
-Nos has tenido aquí un buen rato para esta tontería. Ahora te toca a ti y vamos a estar aquí hasta que acabes - Una mano garruda aferró la grabadora y la encendió de nuevo, cogiendo el papel mientras Susurro se colocaba estratégicamente tras la silla de Skeith. Si se le ocurría intentar algo, tendría las fuertes y poco amables manos del agente prestas a hacer un nudo con sus piernas y mantenerle quieto. Aún sonriendo, el vagabundo cogió la hoja de papel. La información que saliera de allí bien podría ser usada para otro buen chantaje. O como prefería él, extorsión. Sin embargo, al leer las preguntas, su mueca risueña se convirtió en una de estupor.

-¿Qué demonios son estas preguntas? No hay por dónde coger la mayoría de ellas.

Antes de que ninguno de los otros dos pudiera reaccionar, Skeith se quitó las gafas, se puso las de sol y activó el neuralizador. Tanto el encapuchado como Susurro se quedaron completamente inmóviles y dejaron caer los brazos, inertes. Sus ojos se dedicaron a mirar al vacío.

-Bueno, creo que mejor yo me interrogaré a mí mismo, que vosotros tenéis demasiada experiencia. Por partes:

¿Observaremos nuevos encuentros entre Lagarto y miembros de SOLDADO?
-Sin duda. El Lagarto es el pj con el que quise entrar a Azoteas originalmente, desmarcándome de Turcos, asesinos, SOLDADO y demás clásicos del género... pero me di cuenta de que no sería sencillo utilizarlo sin alguien que mediara por él. Las relaciones con el resto de los mortales serían un reto de no haber contado con su divertido sistema de intermediarios. De ahí vino Elliot. En cuanto a los SOLDADO… su trabajo es cazar monstruos, ¿no? ¿Qué monstruo hay peor que uno dotado de la inteligencia de un humano?

¿Veremos a la jefa Leman en “actitudes picarescas” con sus empleados?
-Podría ser que apareciera más adelante, pero no es algo que tenga contemplado de momento. Por ahora, el único con lazos con Shinra es Susurro, y su departamento es completamente diferente… lo que no quita que la administrativa no pueda encontrarse con otros pjs fuera del trabajo.

¿Cómo descubriste azoteas?
-Fue hace tiempo, y si mal no recuerdo, debió ser a través del blog de Noiry. A través de Noiry fue fijo… ahora, que fuera su blog o alguno de los dibujos de los personajes de Azoteas con un link a la página no lo tengo tan claro.

¿Te sientes raro delante de las iguanas?
-No… Si acaso, ellas se sentirían raras delante de mí. De todas formas, la única iguana que vi en carne y hueso estaba algo pasada (muerta, en un plato. La trajo un amigo de mi tío, a saber por qué, yo era un crío y la vi de pasada).

¿Con quién te apuntarías a un crossover?
-Hombre, hay variedad. Tengo bastante que aprender de cualquiera de los escritores de Azoteas. Por si no se nota, hice bachiller de Ciencias (lo mismo vosotros también), así que sí, podría asimilar bastante de vuestros estilos. Si me pasa con Reverte, con Tolkien y con cualquier cosa que me lea, por qué no con vosotros.

¿Con qué personaje estás más cómodo? ¿Cual es más fácil de usar?
-El Lagarto, sin duda. Tengo claro lo que quiere, cómo lo quiere, cuándo lo quiere y qué medios usará para conseguirlo (todos). En el caso de Elliot, no es sencillo de manejar en algunos puntos (imagino que se habrá notado). En cuanto a Susurro, es fácil de usar… pero buscar las situaciones y crear las oportunidades para no convertirle directamente en un brutaco con espada más ya no es tan sencillo. Y luego está Gilford.

¿Qué personaje de otro escritor querrías pedir prestado?
-Buena pregunta. El problema es que aún no conozco bien a todos los personajes, y que no siempre dedico mi tiempo a andar leyendo por Internet. De los que conozco… Rolf es entrañablemente cabrón, para qué negarlo, aunque no estoy seguro de poder llevarlo bien. Soy más de personajes con cara de palo que se dedican a ser cabrones políticamente correctos.

-Y sin más, os dejo por hoy. Tengo que salir de aquí antes de que estos dos espabilen. Molaría ponerles recuerdos chungos, pero… realmente, no deben conocerse todavía.

***

-Bueno, qué, ¿cómo ha ido la cosa?

Elliot observó a Skeith a través de sus gafas y se fijó instantáneamente en las tres líneas rojas que aparecían sobre la venda del brazo. Tampoco escapó a su mirada el otro vendaje, que cubría el hombro, y en la cojera de la pierna izquierda. Casi lamentó haber preguntado, pero la curiosidad le podía. Skeith se sentó en una silla mientras el científico servía café en dos tazas.

-Bastante bien. No las tenía todas conmigo respecto a Susurro. Al final apareció, pero aún me pregunto por qué vino con ropa de calle.
-Ah, pues eso… Al parecer, le pillé cuando estaba de permiso. No veas con qué cara entró. Que si cómo tenía su número, quién era, etc… No le dije que me lo habías dado tú, descuida. Cuando le mencioné que era una emergencia, y eso del monstruo, es cuando realmente decidió bajar. Antes de eso me había dicho que llamara a la sede central si tenía algún problema, que él tenía fiesta.
-Ya veo…

Elliot se sentó también a la mesa y sorbió un poco de café. Eran ya las siete y media, y había estado en casa prácticamente todo el día. Seguía sin trabajo, y tenía demasiado tiempo libre. Se había propuesto, al menos para pasar el rato, ponerse a limpiar el garaje, que estaba atestado de trastos, pero la inesperada visita de Skeith le había dado otras cosas en qué ocuparse.

-¿A qué hora vuelve Marie? Tengo que irme antes de que llegue.
-Aún le queda un rato, así que hay tiempo para el café. ¿Han salido ya esos dos?
-¿Ellos? ¡Qué va! Tienen calambre cerebral. Despertarán dentro de poco. Les instalaré unos preciosos recuerdos aleatorios. Posiblemente acaben creyendo que pasaron una tarde escuchando algo de música o echando un vistazo a un bestiario de las minas de mitrilo.

Un tenue rugido interrumpió la conversación. Ambos miraron en dirección a la ventana.

-Oh, oh… Se está acercando.
-¡No jodas! ¿Ya? ¡Vamos, vamos!

Ambos recorrieron un trecho de escaleras y sin decir nada más que “¡Joder, joder, deprisa!” agarraron a Susurro y al vagabundo, aún zombificados, para sacarlos de ahí. En esas estaban cuando una gran puerta se abrió de golpe y dos puntos luminosos se ensañaron con sus retinas. Un rugido ominoso llenó el garaje al tiempo que el coche de Marie hacía su entrada.

Sk y E: ¡AAAAAAAAHH!
Ss y L: Ooohhh... Aaaghhh...

2 comentarios:

Ukio sensei dijo...

Ha estado gracioso. Ese era el plan, aunque cada cual puede presentarlo como le dé la gana.

Ahora... A ver quien es el siguiente al que le toca ser entrevistado

Skeith dijo...

No tenía muy claro si era así o no, pero es como vino. No pude resistirme a poner a Elliot al menos como figurante. Parte de la información (de Susurro, del bicho no cuento tanto) estaba en un doc de perfiles, cuyo formato vi en un post antiguo de Azoteas. Si interesa, ya lo subiré. A mí me van bien para conocer los pjs sobre los que aún no he leído, por si aparecen de repente y no sé quiénes son.