sábado, 19 de julio de 2008

126.

Amanecía. Los rayos de sol se desparramaban sobre la placa superior dándole un aspecto extrañamente hogareño a la hostil ciudad. La fresca brisa de la mañana ayudaba a despertarse a aquellos que debían ir a trabajar temprano; algunos, como la soñolienta conductora del Shin-Ra Sahagin, eran afortunados y se encontrarían ahora con el abrazo de Morfeo.
Un helicóptero con el emblema de Shin-Ra sobrevolaba el cielo dorado en dirección al edificio de la compañía. El asistente del helipuerto hizo indicaciones al piloto para asegurar un aterrizaje sin inconvenientes, había heridos dentro del aparato así que no se debía escatimar en cuidado y atención. Varios miembros de SOLDADO de diferentes clases y algún que otro PM bajaron enseguida para hacer sitio a la camilla y a los asistentes médicos, quienes no tardaron en llevarse a la víctima al centro médico del complejo.

Las dependencias de SOLDADO, en el piso 49, pronto recibieron a nuevos huéspedes. Los exhaustos guerreros tomaron asiento en el espacioso salón de grandes ventanales por los cuales se podía ver el interior del edificio Shin-Ra. El jefe de equipo había ido a presentar el informe de la misión y hasta que no tuvieran su permiso no podrían disfrutar de su merecido descanso.
Para el joven SOLDADO de 3ª Alban Weisz ésta había sido la misión más dura de su vida militar, a decir verdad su carrera en SOLDADO hasta ese momento no había sido demasiado remarcable debido al período de paz que se vivía, pero todo ese lío del posible regreso de Sephiroth, Arma y el meteorito había caldeado las cosas.
A su lado, el 1ª Clase Deemer Arsen lucía un semblante ensombrecido por la preocupación, sus ojos oscuros vagabundeaban por la estancia, recorriendo una y otra vez el pasillo que llevaba hasta los ascensores; tenía los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas a la altura del mentón, zapateaba sobre el suelo de forma inconsciente, algo que ponía más nerviosos a sus compañeros.
Cerraba el grupo un 2ª Clase no demasiado brillante. Estaba agradecido de volver a estar en casa y dispuesto a dejar atrás tan aciaga misión, deseando volver a coger en brazos a su hija de 8 meses, que ya había empezado a dar sus primeros pasos.

Las cifras digitales del reloj cambiaban lentamente a la siguiente, el tiempo parecía ir cada vez más lento. Los párpados de los más jóvenes estaban a puntos de ser vencidos por el sueño cuando la campanilla del ascensor se hizo oír al otro lado del pasillo. Los pesados pasos de unas botas militares anunciaron la llegada del jefe. El grupo se puso en pie de inmediato para recibir la deseada información.
- Habéis hecho un buen trabajo, el director os felicita por ello. – hizo una breve pausa antes de proseguir – Podéis ir a descansar chicos, os lo habéis ganado.
El “papá” del grupo alzó el puño en señal de victoria y su sonrisa se extendió hasta las orejas.
- Nos vemos, gente – se despidió.
- Recordad dejar vuestros móviles encendidos, os pueden llamar en cualquier momento. Ah, Alban, el director quiere hablar contigo. No le hagas esperar.

La noticia pilló al chico de la extraña cresta desprevenido, asintió con determinación y tomó el ascensor. Arsen se acercó a la mujer que acababa de liberarles temporalmente de su servicio.
- ¿Sabes algo de…? – la pregunta quedó en el aire, incapaz de continuarla.
- Aún no. Les he pedido que nos informen cuando sepan algo.
- Mmmh…gracias – el ánimo del hombre se ensombreció aún más. Se dejó caer nuevamente sobre el banco.
La SOLDADO se acercó a él y posó la mano en su hombro.
- No te preocupes por eso. Está en manos de los mejores expertos y no se me ocurre lugar mejor para ser atendido que este.
El militar miró a los ojos turquesa de su interlocutora, en los que se reflejaba la determinación y la esperanza. Esbozó una sonrisa insegura.
- No hace falta que te pongas en plan maternal, Alma, soy un tío duro – dijo, más para animarse a sí mismo que para demostrárselo a ella.
- Lo sé, Dee, pero los tíos duros también tienen que dormi. Anda, lárgate antes de que te quedes grogui.
- Vale, jefa. Nos vemos luego – Arsen mostraba su habitual desparpajo y buen humor, aunque tanto él como ella sabían que no era más que fachada. Ninguno quería tener que enfrentarse a una mala noticia.


Alma esperó a que su compañero abandonase la estancia para poder relajarse. Apoyó el enorme espadón contra la pared y se sentó en el banco. Reposó los codos sobre las rodillas y dejó los antebrazos caer entre las piernas mientras se miraba absorta la punta de las botas. Había sido una semana realmente jodida, a penas recordaba cuándo había sido la última vez que había llevado su uniforme de SOLDADO, pero se sentía mejor cuando lo llevaba. Había echado de menos la acción real, estar de en un campo de batalla con la plomiza espada entre sus dedos, el viento árido en el rostro, el sudor, el desgaste y de algún modo el desplegar toda su fuerza, esforzarse hasta la extenuación, sentir la adrenalina recorrer cada milímetro de su cuerpo y estallar de pronto en sus brazos para descargar toda la furia. Había echado de menos ser SOLDADO. Cada herida, cada corte, cada rasguño le había recordado por qué estaba ahí. Pero en este momento lo único que deseaba era escuchar la rasgada voz de Connor y acariciar a sus niños.
Extrajo el móvil del bolsillo de la pernera y pulsó la tecla de marcación rápida, a penas había empezado a dar señal cuando la voz del doctor respondió apurada.
- ¡Ya era hora! ¡Deberías haber llamado antes!
- Buenos días, que se dice…
- Déjate de tonterías, Alma, esta vez estoy enfadado de verdad.
- ¿Qué dices? Tú nunca te enfadas – la mujer sonrió con incredulidad, aún a sabiendas que él no podía verla – Además, sabías que no me había pasado nada o te habrían informado.
- No hables como si no fuera nada relevante. Ya he oído lo de tu compañero. Pudiste haber sido tú.
Alma guardó silencio unos instantes. Era cierto, en otra situación herir a un 1ª Clase era algo que se antojaba difícil, pero cuando te enfrentas a un colosal monstruo marino las cosas cambian mucho.
- Sabes que durante una misión no tenemos vida personal. Junon era un caos y no podía distraerme con minucias.
- Ya… - la voz de Connor parecía herida, abatida – “Antes SOLDADO que mujer” ¿no?
Ambos se quedaron mudos, sin saber muy bien qué decir. La verdad es que empezar una discusión ahora era lo que menos le apetecía a alguno de los dos. Connor estaba acostumbrado al carácter de los militares, llevaba toda su vida tratando con ellos, pero esperaba, de algún modo y a fuerza de costumbre, que ese férreo sentido del deber se resquebrajara y dejase ver el humano bajo el uniforme. Y Alma, pese a su cálida sonrisa y afable temperamento era excepcionalmente hermética en lo que se refería a su vida interior. “Matar los sentimientos”, así lo había descrito ella una vez “Si algo te duele lo cortas y sigues adelante”.
- Me alegro de que estés bien – musitó al fin el hombre, impidiendo al silencio imponerse.
- Gracias – respondió ella quedamente. La ilusión inicial se había diluido y ahora no estaba muy segura cómo seguir… ni tan siquiera de si quería seguir con esa conversación.
A su lado sintió la presencia de alguien acercándose. Como un ángel salvador de situaciones comprometidas apareció la impresionante figura de Jaune la Gualda, quien se cruzó de brazos y apoyó el hombro sobre la pared, esperando a que su supervisora terminase de hablar.
- Tengo que dejarte, el deber me llama. – dijo ella mirando a la recién llegada, dándose cuenta de lo pobre que resultaba esa excusa aunque fuese cierta.
- Está bien. Nos vemos luego.
A Alma ni tan siquiera le dio tiempo a pensar en el breve silencio antes de que Connor respondiese y lo vacías que sonaban sus palabras ya que Jaune se acercó a ella en cuanto cerró la tapa del móvil.
- ¿Cómo estás, niña? – preguntó la veterana a modo de saludo.
- Vaya pregunta – bufó la rubia con sorna – Debo informarte de todas las misiones que se me encomienden, ¿no?
- Como siempre.
- El pasado viernes hubo un asalto al edificio este… Loble creo – comenzó a narrar Jaune, sin demasiado interés – Enviaron a dos turcos antes que a mí, pero está claro que los muy incompetentes no pueden hacer nada solos.
- ¿Resolviste el conflicto? –Alma parecía tan interesada como su subordinada.
La chica guardó silencio un momento, miró hacia la cristalera mordiéndose un labio, saberse derrotada era algo que le costaba aceptar sobremanera.
- No – dijo finalmente, para rápidamente añadir – ¡Los tíos sabían lo que se hacían y tenían a un francotirador!
- ¿Un francotirador?
- ¡Sí, joder! En realidad no habrían sido ningún problema de no haber sido por aquellos dos estorbos de corbata – se excusó, cruzando nuevamente los brazos, indignada.
- ¿Cómo escaparon? – inquirió Alma, poniéndose en pie - ¿El francotirador te impidió seguirles?
- Usaron una flashbang – Jaune parecía realmente enfadada, probablemente prometía una muy dolorosa venganza a aquellos que habían mancillado su impoluta carrera – Me pilló por sorpresa y no pude moverme hasta un rato después. Cuando empecé a seguirlos el francotirador ya no disparaba así que supongo que se irían todos a la vez. Traté de seguirles como pude pero me llevaban mucha ventaja y un coche les estaba esperando a la salida del edificio. Los muy hijos de puta lo tenían todo pensado.
- Ya veo… - la veterana se paseó por la sala- ¿Alguna herida? – preguntó por costumbre, aunque sabía que Jaune nunca salía herida de una misión.
- … No – al menos no física, el orgullo era otra cosa.
- ¿Alguna pista para identificar a los asaltantes? – en la mente de Alma comenzaban a formarse algunas hipótesis, pero no eran más que conjeturas.
- Uno de ellos llevaba algo en la cara, pintura o una máscara negra. Parecía un militar. El otro… menudo imbécil, iba a cara descubierta. Era un crío, no debía tener más de veinte años - Alma alzó una ceja, divertida, Jaune podía clasificarse, según ella misma, como una “cría”- Tenía el pelo algo largo y claro, posiblemente rubio.
La veterana miró fijamente a su joven subordinada, que trataba de recordar más detalles relevantes.
- Ese chico… ¿Era muy ágil?
- ¿Qué? No lo creo, cuando llegué el turco lo tenía bien agarrado y parecía que estaba alelado. Debía ser un novato. Ah, el coche…
- Está bien, no importa –interrumpió Alma con cierta urgencia – Los turcos se encargarán de la investigación. Es su trabajo. Buen trabajo, Jaune, puedes retirarte.
La mujer caminó apresuradamente hasta los ascensores, dejando tras de sí a la despampanante rubia, que se sintió dejada de lado. SOLDADO le gustaba poco pero Turk aún menos.

En la mente de Alma las cosas parecían ir encajando poco a poco, no quería precipitarse y pensó que preguntar a los agentes de Turk podría ayudar a poner algunas cosas en su sitio. Conocía a los turcos, entre ambos departamentos se palpaba una especie de tensión pese a que trabajaban juntos con relativa frecuencia, pero Turk era muy reacia a compartir información con el resto de departamentos; trabajar bajo órdenes directas del presidentes les infundía cierto aire pretencioso.


El sol comenzaba a escalar sobre el cielo, debían ser entre las 10 y las 11. El Edificio Shin-Ra rebosaba de vida, la gente iba de un lugar a otro, de reunión en reunión, los chicos del café corrían extenuados tratando de que su mercancía llegase caliente al jefe de turno.
Para los agentes Inagerr y Castellanera este iba a ser un día tranquilo, tenían que poner en orden su papeleo, así que la única guerra que librarían hoy sería el encontrar el impreso adecuado y ponerse de acuerdo con la versión que iban a dar a su superior. Se dirigían con sendos cafés a las dependencias de Turk.
- Si sigues tragándote esa mierda no vas a llegar a los treinta – comentaba Harlan, señalando con el mentón el vaso de cartón de su compañera, por el que rebosaba nata con virutas, debajo de tan esponjosa capa se encontraba una mezcla de varios cafés y chocolates.
- ¿Y quién quiere los treinta? Además, si no puedo meterme un golpe de tequila en horas de trabajo algo tendré que hacer para mantenerme despierta – respondió ella, atacando la copa con la pequeña cucharilla de café.
- Bueno… suspiró el imponente hombre – cuando antes te mueras antes me cambiarán de compañero – bromeó él, aunque su semblante seguía serio.
- Claro, van Zackal y tú os llevaríais genial. Y eso porque el imbécil de Grim ya tiene otro compañero que si no… - ella le dio un leve empujoncito con el hombro.
- … Visto lo visto, mejor malo conocido…
- Disculpad – interrumpió una voz a sus espaldas.
Los turcos se dieron la vuelta para encontrarse con una mujer alta y de aspecto musculoso sin llegar a ser masivo, el uniforme oscuro de ancho cinturón con el emblema la delataba como como SOLDADO 1ª Clase.
- ¿Sois los agentes Harlan Inagerr e Yvette de Castellanera e Bruscia?
- Sí, ¿por qué? – preguntó la chica, con cierto desdén.
Harlan se adelantó casi imperceptiblemente, dejando claro a su compañera que sería él quien hablaría. No era plan de buscarse enemistades con un SOLDADO.
- Así es – reafirmó.
- Soy la capitana Alma Farish. He sabido del incidente del edificio Loble por mi subordinada y me gustaría saber si hay alguna información que pudieseis darme de lo acontecido.
Harlan se mostró algo confuso y no tardó en dejárselo saber a la mujer.
- El departamento está llevando la investigación y como comprenderá toda la información relativa al caso es confidencial – el turco se mostraba tajante pero había cierto tinte de cautela en sus palabras.
- Por supuesto, pero, como comprenderá, la mejor de mis subordinadas ha sido enviada a una misión y no ha podido resolverla con éxito. No pretendo sonsacarle información sino comprender cómo ha sido eso posible y si ha sido por la mala diligencia de mi agente. También debemos saber si los asaltantes suponen un peligro para la compañía.
La capitana se mostraba diplomática pero había cierto timbre en su voz que hacía que sus palabras sonasen como un mandato. Se mostraba regia, con las piernas separadas afianzando su posición y reforzando esa idea de “no me voy a mover de aquí”. La típica actitud de un capitán de SOLDADO.
Harlan accedió a hablar, era mejor colaborar y que la mujer dejase de hacer preguntas. Después de todo no había una razón para negarse.
- Hacia la una de la mañana recibimos una señal de alerta de una cámara que había dejado de funcionar, tratamos de ponernos en contacto con los guardias de seguridad pero uno de ellos no respondía y los otros aseguraban que la zona estaba limpia. Por si acaso decidimos ir a echar un vistazo nosotros mismos. – relató con seguridad, exactamente las mismas palabras que pensaba escribir en el informe – Encontramos a los asaltantes en el Departamento de Investigación Administrativa II pero no pudimos verificar qué buscaban. Tomé por sorpresa a uno de ellos mientras que mi compañera cayó presa del otro asaltante. Las cosas se complicaron cuando su chica entró en acción.
- ¿Hizo algo impropio? – preguntó la capitana, haciendo como si de verdad la actitud de Jaune fuese relevante, revisando su móvil.
- En realidad no, pero provocó que los asaltantes se pusiesen nerviosos y el francotirador comenzase a disparar. En la confusión del momento me vi obligado a soltar al rehén para ayudar a mi compañera, ya que se encontraba en el área de alcance de los proyectiles – no era exactamente mentira pero tampoco era exactamente verdad.
- Ya veo. Los asaltantes, ¿Han podido identificarlos? ¿Creen que pueden ser peligrosos?
La SOLDADO dirigió su penetrante mirada de mako a la chica, que había permanecido en silencio, rezagada. Sabía que esto no había sido del todo casual, su compañero se había encargado que así fuera y nadie haría eso a menos que hubiera algo que no quisieran contar. Harlan se percató de ello y evitó mirar a su compañera. “No la cagues ahora, pequeña”, pensó.
La mujer apoyó el peso de su cuerpo sobre la pierna, acercándose levemente a la turca, posó la mano sobre la cintura, exponiendo la curtida piel y fibrosos músculos, los dedos encallecidos y rectos. Había visto mundo y había peleado contra él. ¿Y qué había hecho Yvette? Eran radicalmente opuestas y la acomodada niña no pudo sino sentirse cohibida, pasaba sus días junto al siempre sólido Harlan y había estado expuesta al aura violenta de Kurtz, incluso había plantado cara a Svetlana, pensaba que ya nada la amedrentaría, pero una vez más se equivocaba. Alma Farish la miraba desde la más total y absoluta confianza en sí misma, no había violencia ni agresividad en ella, había determinación… pero Yvette era determinantemente orgullosa y nadie, jamás, iba a pasar sobre ella.
- Eran profesionales –sentenció, infundiéndose seguridad pese al leve temblor que recorría su pierna – ambos iban enmascarados y se aseguraron de no dejar nada que les identificara, pero por su situación y teniendo en cuenta sucesos anteriores creemos que puede tratarse de una célula independiente del grupo Avalancha – sonaba tan convincente que estaba por creérselo ella misma.
- Ajá… - Alma parecía pensativa. Los turcos no se movieron de su posición un ápice, esperando que fuera ella quien concluyese la conversación – Muchas gracias por vuestro tiempo.
- Esperamos haber sido de ayuda – comentó Harlan, satisfecho por cómo habían salido las cosas.
- Y que su SOLDADO no deba someterse a ningún comité disciplinario – una sonrisa socarrona invadió los pálidos labios de la turca.
- Eso espero yo también – respondió la capitana, devolviendo la misma mueca.
La mujer se dio la vuelta y volvió por donde había venido, dejando a los turcos en el pasillo con su desayuno enfriándose.
- Sé que pensabas que iba a hablar – anunció Yvette, sorbiendo su dulce cóctel mañanero con una pajita.
- Eso no es verdad – mintió Harlan, llevándose su café sólo a la boca.
- Claro que no, quería ponerte a prueba.


“Ambos iban enmascarados” había dicho la turca, sin embargo Jaune había podido describir a uno de ellos y la SOLDADO no tenía razón alguna para mentir, sin embargo, si sus hipótesis eran acertadas, aquellos dos turcos sí. A menos que se tratara de una macabra coincidencia, las piezas del rompecabezas iban encajando: el piso franco de Brenzov, el asalto al edificio Loble… no comprendía muy bien la relación entre los móviles de ambos asaltos pero saltaba a la vista que habían sido perpetrados por los mismos individuos, salvo por la inclusión en el último de uno o más miembros de apoyo… el grupo aún se estaba afianzando. ¿De verdad podía ser una célula independiente de Avalancha? Lo veía poco probable, el grupo ecologista no se interesaba por Black Ops, su “misión” era destruir los reactores de mako que proveían de energía la ciudad. Además, el “jefe” debía conocer muy bien lo que se cocía en Shin-Ra, no había errores en sus planificaciones y tenía objetivos fijos.
Quizá lo que más le perturbaba era la presencia del joven rubio, en realidad era la piedra angular de su hipótesis ya que daba sentido al resto de piezas. No podía ser otro, era demasiada coincidencia. ¿Balance?
Tenía ganas de llamar a Connor para saber su opinión, pero, primero: sabía que le diría que era imposible y que se estaba imaginando cosas, y segundo: no se sentía capaz de empezar otra vez una discusión y un intercambio de silencios incómodos.



Deemer Arsen esperaba cabizbajo en un banco al lado de la puerta con el letrero luminoso en el que se leía “Quirófano”. La luz del atardecer se colaba por los ventanales del estrecho pasillo, rebotando sobre la pared. Era una tarde especialmente apacible, a penas se oía ruido en las calles y el graznar de algunos pájaros se entrelazaba en el viento que soplaba gentilmente.
Alma llegó a su lado, cansada pero impasible, después de cuatro días sin dormir esperar un par de horas más no era problema. Las ojeras en ambos eran evidentes, así como sus ojos inyectados en sangre a causa del sueño. La mujer se sentó al lado de su compañero, sin decir nada, su mera compañía decía más que cualquier palabra.
Alban Weisz fue el siguiente en llegar, estrenando su uniforme de 2ª Clase. Se apoyó en la pared, con los brazos cruzados; tampoco dijo nada. La brisa mecía algunos mechones rebeldes que le caían sobre los ojos color musgo.
- No hace falta que estés aquí, Alban. Ve a descansar – le aconsejó Alma, sin intención de desmerecer la noble intención del chico.
- No es ninguna molestia, también es mi compañero.
Los 1ª Clase sonrieron. Hacia tiempo que no se encontraban a un novato con la mentalidad de un verdadero soldado.
El plácido silencio se impuso de nuevo, mientras el sol descendía lentamente.
Pasos desbocados se oyeron por el pasillo, como si un bégimo se hubiese escapado por el edificio, enseguida la escuálida figura de Ainsley Lebven se hizo presente, sudando, con la respiración entrecortada por el cansancio.
- ¡¿Qué ha pasado?! – exigió saber, fuera de sí – ¡Acabo de recibir el mensaje!
Alma hizo el amago de decir algo, pero Deemer la detuvo y tomó la palabra.
- Yzak Lebven ha sido herido de gravedad durante su servicio en Junon – reportó, fríamente, como si leyera un informe – Uno de los proyectiles de Arma le perforó el pulmón – Ley se echó una mano al rostro, incrédulo – Los médicos han conseguido estabilizarlo y su vida no corre peligro, pero…
- ¿¡Pero qué!? – el joven cadete empezaba a perder los nervios, caminaba de un lado a otro, revolviéndose y gesticulando.
- A causa del impacto sufrió una mala caída y su médula espinal ha sido dañada entre las vértebras C4 y C7.
El cadete veía por dónde iban los tiros pero se negaba a aceptar nada si alguien no se lo decía antes.
- ¿Eso qué quiere decir?
- Es posible que se quede paralítico – Alban completó el cuadro, también estupefacto. Hablar de las posibilidades hacía que las cosas adquirieran más realismo.

Ainsely perdió el control sobre las piernas, que temblaban furiosamente, y se dejó caer sobre la pared. Se apartó el rubio cabello del rostro, sin saber realmente lo que hacía, sólo quería hacer algo; sus ojos no veían nada, las lágrimas le ardían sobre la piel, cargadas de impotencia, furia y un tremendo sentimiento de injusticia kármica. Se derrumbó sobre el suelo, abrazando las rodillas con un brazo mientras que con el otro se agarraba fuertemente el pelo. El herrumbroso quejido que producía su respiración llenaba la sala.
Nadie dijo nada. ¿Qué podían decir, después de todo? El sentimiento de invulnerabilidad que producía mirar aquellos de ojos de mako no era más que un falso reflejo de la verdad, eran humanos después de todo, y cosas como estas les servían de recordatorio de su mortalidad.
Para Ainsely era especialmente difícil, siempre había visto a su hermano Ike como a una especie de superhéroe, no había nada que él no pudiese hacer. Había conseguido todo aquello que se había propueso: era SOLDADO 1ª Clase, nada menos. Aún era joven, pero el destino se había encargado de cercenar su futuro de forma horripilante, la muerte habría sido más benigna, pero el impedirle ser lo que más amaba: un soldado, un protector, era la peor de las suertes que se le podía desear.

La luz del letrero luminoso se apagó y en unos instantes el cirujano salió a la sala. La expresión seria, aunque los ojos se mostraban satisfechos.
- Está consciente, pueden ir a hacerle una breve visita pero no lo atosiguen, ha sido un día difícil para él. En unos minutos le llevaremos a la unidad de cuidados intensivos.
Ley se levantó de súbito y arrolló al médico, quien, una vez recuperado el equilibrio, entró tras él. Ninguno de los SOLDADO hizo el amago de moverse. Era el derecho del hermano menor ser el primero. Ellos esperarían.

martes, 15 de julio de 2008

125

La música impactó en sus oídos con tanta potencia y brusquedad como la oleada de calor que de súbito comenzó a calentar sus entumecidos huesos y sus ojos, llorosos por el humo y la carga del ambiente, saltaban de un rincón a otro de la discoteca, atestado hasta mas no poder de gente, que saltaban y bailaban unos con otros al compás de la música. Sonrió, complacido. Desde luego la fiesta estaba cumpliendo con las expectativas. Esa tal Isabella había hecho sin duda un gran trabajo con los preparativos, el Tower of Arrogance volvía a brillar, y bastante mejor que cuando lo hacía meses antes de esa maldita redada, dejándolos todos sin diversión… algo que desde luego ya de por sí era difícil de igualar.

Sacó su celular y miró la hora, reflejada en la pantalla verdosa del aparato.

“Las doce… ¿dónde diablos se habrán metido?” pensó, nervioso. Llevaba media hora esperando a su novia y a esa amiga suya que tan pesada era… y cuyo nombre nunca lograba recordar.

Se quedó asó unos segundos, mirando ausente el teléfono, para que luego, tras encogerse de hombros, se dirigiera a la barra.

- ¿No te vas? – le preguntó Belain a su compañera. Podía ver los oscuros y enmarañados rizos moverse al son de sus dedos, los cuales, ágilmente, saltaban por el teclado de un resorte a otro, lanzando constantes y débiles traqueteos y enviando complejos códigos al superordenador de Shinra, mostrados en calve cifrada en la amplia pantalla que complementaba la perfecta máquina.

Estaba tan ensimismada en su trabajo que ni siquiera escuchó la voz de la chica.

- Marianne… ¿Me estás escuchando? – repitió mas alto, captando así su atención.

De súbito se giró su silla, observándola atentamente con sus entrecerrados ojos(o lo poco que se podía apreciar de ellos, ya que gran parte de su frente y cejas estaban ocultos tras unos largos y lisos flequillos).

- ¿Qué? ¿Qué dices Belain? – dijo, acelerada, como si esa interrupción estuviese robando un tiempo muy preciado para ella.

La chica respiró hondo y cerró los ojos, cansada.

- Marianne, son más de las doce de la noche... ¿No crees que es hora de darle un respiro al programa…? Además, mi nene me está esperando…

El sonido de las teclas la obligó a abrirlos de nuevo. ¡Otra vez! ¡Había vuelto a hacerlo como en los cinco intentos anteriores!

- ¡Marianne! ¡Estoy…!

La chica alzó la mano en señal de silencio.

- Estoy segura de que lo tengo.

- Siempre “lo tienes”. La ingeniería genética requiere su tiempo… vamos, déjalo ya…

Marianne ya no escuchaba de nuevo, sus dedos eran los únicos labios que daban respuesta a las exigencias de su compañera.

Resopló de nuevo. No había solución.

Encogiéndose de hombros, se volvió y atravesó la puerta de la oficina. El silencio gobernaba en la IGSSA (Ingeniería Genética de Shinra S.A), subcategoria del departamento cientififico de Shinra, era un conjunto de oficinas encerradas en un alto edificio de la placa superior con un objetivo común: analizar el ADN humano, y la verdad es que sin esa empresa la mayoría de los avances genéticos no habrían sido posibles y muchas de las cualidades SOLDADO se las debían a ellos.

Belait se apoyó en una de las múltiples cristaleras, observando así toda Midgar (tal era el tamaño del edificio que el único que le hacía sombra era la gran CONSTRUCCION DE SHINRA, el edificio desde donde Rufus Shinra oteaba su imperio).

“Tanta ciencia para modificarnos a nosotros mismos y ni siquiera hemos sido capaces de detener lo más básico del mundo”

Cualquiera que escuchase a esta chica pensaría que hablaba de METEORITO, que se alzaba expectante en el cielo, pero nada más lejos de la realidad. Su mirada no mostraba el más ínfimo interés por el meteoro, sino que posaba su mirada en algo que se situaba a mucha menos altura: Los suburbios, la placa inferior. La gente se mataba allí, moría de hambre y otras causas innaturales. Sin luz solar, sin aire puro… ¿Y todo por qué? ¿Por el poder? ¿Materia…?

Negando con la cabeza alzó una mano hacia la caja de interruptores generales, los cuales controlaban la electricidad de la planta. Miró su reloj.

“Las doce y cuarto. El ordenador ya habrá realizado la copia de seguridad automática”

Colocó el dedo índice sobre el ICP y acto seguido le propició un leve empujoncito hacia abajo.

El agudo grito de su compañera le arrancó una sonrisa en sus sonrosados labios.

- ¡Casi lo tenía! ¡Casi lo tenía! –gritaba Marianne mientras manejaba con total habilidad su Shin-Ra Sahagin, descapotable, con unos retrovisores decorados graciosamente con cuadritos negros y blancos, cual tablero de ajedrez. Su voz estaba apagada (a pesar de sus gritos) por el viento que golpeaba su cara, ya que tenía la capota quitada y, para qué mentir, la velocidad que llevaba.

Miraba de vez en cuando a su copiloto, que se limpiaba sus redondas gafas. Al verla hacer esto, frenó en seco en medio de la carretera, obligando a sus cuerpos a echarse hacia delante por la inercia.

- ¡Casi lo olvido!

Se quitó el cinturón y comenzó a rebuscar en los asientos traseros, sobre los que habían dos grandes mochilas. En éstas guardaban sus uniformes y la ropa que se ponían tras la plácida y calentita ducha que se daban en los vestuarios del trabajo. Como siempre solían salir las últimas (lógicamente por culpa de Marianne) no tenían que hacer cola ni recibir las quejas de compañeros de trabajo, lo cual se agradecía enormemente…

- ¡Ajá! ¡Aquí está!

Sacó una cajita de madera y la abrió. Dentro había un curioso piercing de exóticos colores metálicos. – Como en el trabajo no me dejan… -dijo con voz inocentona, mientras se lo colocaba bajo el labio inferior, a su izquierda.

- Bueno que… ¿Nos vamos a la fiesta? – dijo, sonriendo.

- ¿¿Ahora?? ¿¿En serio?? ¡¡No me digas!! – exclamó con sorna su compañera.

- ¡Claro que sí!

- Hace más de media hora que tendríamos que haber llegado…

- No te preocupes, la noche es joven, imagino que esa fiesta no terminará hasta las seis… o las siete incluso… bueno, da igual. ¡Que por unos minutos no se va a acabar el mundo, chica!

Inquisitivamente, Belain miró al cielo. La gran roca brillaba expectante en el cielo…

Encogiéndose de hombros se recogió su rubia cabellera. Lo de ella era incorregible…

El coche volvió a ponerse en camino, dirección los suburbios.

Apenas habían pasado diez minutos cuando las callejuelas del sector 4 comenzaron a asomar en el final de la carretera. El ruido de los vehículos, el barullo de individuos amontonados con cara de bobos ante un escaparate… pesar de ser una hora tan avanzada de la noche, la gente seguía tirada en las calles.

- Oh, me encanta el ambiente de este sector. Ni muy pijote ni muy sucio. Algo intermedio.

“Intermedio… lo dirá por el numero, porque a mí me parecen todos iguales… igual de pobres y sucios”

- ¡Ey, paremos aquí!

Dio un volantazo desprevenido, cambiando de súbito la dirección del coche y “aparcándolo” entre dos contenedores grandes de basura. Las ruedas chirriaron a lo largo de las calles del sector, arrancando miradas inquisitivas a algunos curiosos que pasaban por allí. Luego, al ver que no era nada importante salvo una loca al volante, se encogían de hombros y seguían con su camino.

- ¡En marcha! – dijo, saltando del coche literalmente. Su compañera, sin embargo, optó por la educación y se limitó a abrir la puerta.

A lo lejos, mas allá de lo que era la zona urbana, se podía escuchar el retumbar de los subwoofers de una macrofiesta que tan sólo acaba de empezar.

Marianne abrió silenciosamente la puerta de su lujoso piso en el sector 5. Vivía en un tercero de un edificio de diez plantas y la tranquilidad y paz que se respiraba en el ambiente denotaba la calidad del barrio en el que se situaba.

Lentamente, entró por la rendija y la cerró, realizando un leve ruido metálico. Echó el pestillo y se encaminó hacia dentro. Las losas de madera que formaban el suelo crujieron bajo el peso de sus botas y las luces se encendieron de forma automática al percibir su presencia.

Ya despreocupada por el ruido, que más bien era importante fuera, no dentro, caminó normalmente, atravesando el hall.

A su izquierda estaba el amplio salón, decorado con bonitos cuadros y gran televisión panorámica. El color de las paredes era de un tono madera alegre y en una zona cerca del comedor, a la izquierda, había un precioso piano de cola, echo de madera caoba y barnizado con una leve y fina capa de pintura marrón, que conservaba el tono de la madera prima de que estaba formado.

Siguió hacia el fondo, sin entrar en el salón, para dejar la cocina a su derecha y entrar de lleno en su dormitorio, que más que dormitorio, recordaba a la casa de aquellos muñecos que daban las buenas noches a los niños de toda Midgar, ya que la habitación estaba totalmente saturada de entidades esponjosas, de algodón, tela y demás materiales. Osos, serpientes… toda una gama de peluches era la principal jerarquía que gobernaba su cuarto.

Tiró la mochila al azar, según cayera, en el suelo, y se tumbó pesadamente en la cama, la cual lanzó un leve crujido. Los flequillos le ocultaron sus ojos, los cuales ya estaban cerrados para entonces. Ajena a todo esto, Marianne no se enteraba de los mucjos problemas a los que se debería enfrentar, ya que, en un rincón del escritorio y oculto tras una montaña de dibujos científicos (nucleótidos, genes, mangas, cálculos matemáticos…) su ordenador portátil se había puesto en marcha y en ese momento recibía unos datos. Datos de un nuevo espécimen… un nuevo experimento… un tal Egal Hart.

sábado, 5 de julio de 2008

124

Hoy, estimados lectores, se me ha permitido ver un acto épico. Ante mis ojos, un titán, henchido de justa furia y orgullo, ha descendido a la arena de lucha. Es un hombre silencioso, observador y capaz de irradiar una fuerza tranquila y a la vez abrumadora, como las montañas o los océanos. Su voluntad de acero se impone sobre los límites de la resistencia humana, y sus combates son la prueba de ello.
Ese hombre es un luchador, uno de los últimos de una estirpe cuyos valores se hayan en su hora más oscura, en estos tiempos de egoísmo y depredación. Él es egoísta, pero en una forma superior, como una especie de orgullo, y es este orgullo el que le mueve a alzarse sobre sus desafíos. Es el orgullo y la fuerza, la voluntad de no caer nunca y ante nada lo que hace que se levante una y otra vez.
He visto a este hombre saltar al foso una y mil veces, noche tras noche, mientras yo tomaba un café y escribía notas sobre mi próxima columna, o durante mis malos momentos, buscando consuelo en el acogedor y cálido fondo de una botella de licor.
Él siempre quería entrar el primero en la arena, no para ser el primero en recibir el calor del público, sino porque ansiaba luchar. Como los guerreros de antaño, este hombre vive cada segundo de su vida a la espera del momento del combate. No es una persona violenta, ni agresiva, sino ansiosa de ponerse a sí mismo a prueba.
Tras un leve saludo para sus seguidores, separa los pies, flexiona levemente las rodillas y alza los puños, interponiéndolos ante su adversario. Luego agacha la cabeza y se defiende. Así es como luchó siempre, encajando cada golpe, lanzado por sus rivales o por la propia vida. Con una exhalación, tensando los músculos de la zona que lo vaya a recibir, recibe el impacto sin apenas verse desplazado por él. El símil entre la lucha sin reglas y la vida es muy fácil, pero también muy cierto, y nuestro guerrero protagonista encaja un golpe tras otro con paciencia y abnegación, esperando.
Cuando en esa inmisericorde lluvia de ataques se cansa y vacila, el momento ha llegado, y el titán, magullado pero erguido ataca. Su puño estalla en su oponente como el oleaje durante las tormentas, como el martillo de los dioses azotando la tierra. Un golpe nacido desde el impulso de sus pies, en contacto con el suelo del que parece obtener su fuerza, como los gigantes mitológicos, avanza por todo su cuerpo hasta sus nudillos, su codo, su rodilla o su cabeza, que con este estallido inicial hacen temblar al oponente, derribándolo incluso. No fueron pocas las veces en las que le he visto lesionar a hombres así, rompiendo huesos o causando peligrosas contusiones.

A lo largo de todo este tiempo, este hombre ha permanecido imbatido en todos los combates en los que ha tomado partido, y esto se ha resentido en las apuestas. Nadie quiere arriesgar su dinero apostando contra un oponente invencible, así que la organización decidió dar interés a sus combates. Derrotar a varios oponentes consecutivos, o incluso a la vez fueron sus siguientes desafíos, que encaró con el vigor de una fuerza de la naturaleza, y superó con su orgullo y voluntad de salir siempre adelante. Incluso pusieron un límite de tiempo a sus combates, obligándole a cambiar su estilo de lucha, resistente e incansable, por uno más expeditivo y violento. La imbatible montaña se convirtió en la furia del océano embravecido, y la violencia de las tormentas. Lanzó golpes rápidos con los que tantear y confundir a sus rivales, abriendo un hueco por el que lanzar su aplastante ofensiva, y aprendió en el judo las artes del derribo y la inmovilización. Si te agarraba, ibas a caer. Si te derribaba, ibas recibir golpes capaces de derribar los pilares de esta ciudad, y si aferraba bien alguna de tus articulaciones, la decisión sería simple: ¿Fractura o rendición? ¿Ser derrotado o quedar tullido de por vida?
Sus combates empezaban encajando golpes, y finalizaban casi siempre con la misma secuencia: Agarre, tirón, barrido y caer aplastando con su codo la cabeza del rival. Sus admiradores lo bautizaron como “La caída del indigno”. Así como es el poder y la furia, es la calma, la paciencia y la comprensión. Este hombre es mi amigo. En mis momentos de mayor desesperación, estuvo allí, escuchando mis delirios etílicos y leyendo cada uno de mis artículos. Conté siempre con su apoyo, su presencia y su desinteresado afecto, y uno de mis mejores recuerdos sobre él siempre será verlo sentado a mi lado, brindando conmigo por una reciente victoria, con una sonrisa de satisfacción, con el rostro machacado a golpes, la nariz rota y el labio partido, y el orgullo de que su rival no se despertará hasta dentro de unas cuantas horas. Su reciente melena y su barba le dan un aspecto tribal y agresivo, y sus colosales proporciones, por encima de los dos metros de altura y de los ciento diez kilos de músculos y huesos le dan la imagen del titán que es en realidad. Pero a diferencia de sus rivales, yo conozco también la calidez de su sonrisa y he visto como esos nudillos pétreos, que parecen forjados a martillazos y esos dedos gruesos y fuertes acariciaban a la mujer amada, o tendían una mano al amigo caído.
Además de fuerte, tiene esa forma de inteligencia que tienen los animales: Sabe con solo ver un combate quien va ganando y quien no, más allá de lo aparente. No es un hombre de ciencias, ni de letras, sino de vida. Conoce cuando la situación está tensa y cuando va a pasar algo. Con un vistazo rápido puede saber cuando una persona está tranquila, cuando no, y cuando va a suceder algo drástico. Es la forma más perfecta que he visto nunca de eso que el cine, la televisión y la literatura barata llaman “instinto”.

En el mundo de los combates ilegales, ser imbatible es un mal negocio, ya que, como ya dije, muy pocos apuestan contra algo seguro. A medida que su reputación crecía, sus ganancias iban a menos, hasta que finalmente, el luchador invencible se encontró con un ultimátum: Caer o dejarlo. Si no perdía nunca, nadie apostaría contra él, y no sería rentable, así que sus días en la arena habrían llegado a su fin.

Ayer, ese hombre, con algunas magulladuras leves, se puso en pié al finalizar el combate. Su rival no fue capaz, conmocionado, con la nariz y la mandíbula rotas. Erguido, se volvió a vestir su sencilla camiseta y cogió su cazadora de tela vaquera, y sin mirar atrás, abandonó el local donde se celebraban los combates entre aplausos y ovaciones. El público no sabía que su ídolo acababa de terminar su último combate, y contaba con verlo allí la noche siguiente, listo para luchar para su disfrute una vez más.
Cuando se fue, iban con él su hermano, su novia y sus amigos, y yo, tengo el orgullo de haber estado en ese pequeño e íntimo círculo.

King Tomberi (Kazuro Kowalsky)








El teléfono sonó, e Isabella sintió una mezcla de tensión y alivio cuando cogió la llamada, mientras desayunaba en el salón de su casa, algo de café y rosquillas, vestida con un albornoz de seda violeta.

- Hola... – Dijo una voz cansada al otro lado de la línea. – Acabo de leer el artículo de Kazuro.
- ¿Te gustó? – Preguntó ella, con una sonrisa.
- Si. Siento mucho no haber podido estar allí, pero confía en mi: Era un compromiso muy importante.
- No hace falta que digas nada... Lo entendemos, aunque es una pena.
- ¿Y Henton? ¿Sigue durmiendo?
- Como un tronco... Me ocupé de cansarlo del todo cuando llegamos a casa.
- Eres lo peor, Izzi... – Rió la voz al otro lado del teléfono, pero luego, al callarse, su silencio adquirió un matiz serio, casi fatalista - ¿Iván no dijo nada? – Iván Quouhong era propietario del Foso. Un hombre de aspecto brutal y reputación peor. Se decía que tenía contactos con la mafia local, y que varias veces, algunos luchadores del Foso habían trabajado para él cobrando deudas o ajustando cuentas.
- Nada. Permaneció en su oficina, viendo en silencio como Henton aplastaba a su nueva promesa y no dijo nada. Sin embargo, supongo que mantendrá su palabra. Henton nunca volverá a saltar al foso.
- Yo creo que habría cedido... Quouhong es un tipo peligroso. En fin: Me voy a dormir. Dile a Henton que estoy orgulloso de él. Ha sido admirable.
- Gracias, Rolf. Cuenta con ello. Hoy cuento contigo, ¿no?
- ¡Por supuesto! ¡Ya sabes lo que pienso de las fiestas!


Acabado su desayuno, Isabella, orgullosa mujer de la familia Sciorra, se vistió en silencio en su dormitorio, mientras Henton dormía. No roncaba, pero dado su gran tamaño, su respiración era pesada y sonora. Antes de salir, besó suavemente las yemas de sus dedos y con ellas deslizó una caricia sobre los nudillos de su novio.

Su casa estaba situada en el sector 6, sobre la placa. Era un loft construido uniendo las viviendas de todo su piso, un noveno, en uno de los mejores barrios del sector. Henton vivía con ella desde hacía meses, cuando la banda de los Dragones de Neón fue disuelta, a causa de un joven tiburón empresarial de Shin-Ra ansioso de seguir la moda de tener a renegados y gente al margen de la ley como guardaespaldas. Logró llevarse a la mayoría de sus hombres mediante una chequera y la presencia de dos amenazantes ex-Soldados. Ellos se habían negado, pero cuando salieron las armas a relucir e Isabella prefirió verlos partir antes que verlos morir. Aún así, dos de sus compañeros acabaron bajo tierra y un tercero nunca volvería a andar, y Doran, orgulloso y aventurero, emprendió a los pocos días un viaje en moto alrededor del mundo. Isabella nunca sale de casa sin llevar la pañoleta que este le regaló ese día.
Hoy, sin embargo, se reuniría de nuevo con la mayor parte de su banda. El joven y próspero empresario llevaba meses desaparecido en extrañas circunstancias y sus hombres habían vuelto a estar desempleados. Formarían un buen cuerpo de seguridad para sus planes.
Vestida con un traje de raya diplomática y zapatos de tacón, era una imagen extraña, llevando su gastada cazadora de cuero por encima, el casco y recorriendo la ciudad a lomos de su potente Blackracer de seiscientos cincuenta centímetros cúbicos. De esta guisa, descendió hasta los suburbios, hasta los límites urbanos del sector 4. Allí aparcó su moto frente a una impresionante nave industrial reconvertida en macro-discoteca que había sido prácticamente devastada durante una redada que acabó a tiros meses atrás. Incluso Turk y Soldado tomaron parte en el asunto. Sin embargo, si conoces a la gente adecuada, puedes asegurarte de saber antes que nadie cuando ese local decomisado va a subastarse y con quien tienes que hablar para asegurarte de que tu oferta en sobre cerrado será la elegida, al margen de lo que vayas a pagar por el local. Durante meses, Isabella había estado trabajando en la reconstrucción del local, dotándolo de una forma interior de teatro, con un gran escenario, cuatro pisos abiertos al público y un quinto reservado para vips. Decorado con estatuas, imágenes de condenados, demonios, ángeles caídos, monstruos y dioses en las paredes, y dedicado al ambiente oscuro, gótico y fetichista que tanto había fascinado a Isabella desde su niñez. Lo malo es que también se le llenaría de niñatos adictos a la moda del Faust Metal, y tendría que satisfacer su demanda, pero era un mal necesario. Tenía un pequeño ejército de camareros, matones y proveedores en nómina, y en los círculos de pubs y discotecas de la ciudad, se hablaba de esta misma noche, en que se celebraría la inauguración de la sala Tower of Arrogance, nombre elegido como saludo a su propia familia desde su encantador papel de hija díscola, reforzado con la presencia de un nido de víboras en el letrero de la entrada del local. En su intimidad, Anselmo Sciorra, el siniestro patriarca, había aplaudido la osadía de su sobrina favorita.

Fue un día agotador, ultimando preparativos. Había que asegurarse de que todas las barras estaban bien surtidas, y de que los camareros sabían hacer bien su trabajo, pero como siempre, tenía que haber el típico torpe o la habitual patosa a los que contrataron solo por ser guapos. Entre sus antiguos pandilleros hubo quien puso problemas al uniforme, un traje de etiqueta, pero al final entraron en razón. Si aún trabajasen para ese bastardo misteriosamente desaparecido, además del traje, tendrían encima a esos ex-Soldado. Además de eso, habría varios asistentes, sobre todo en la zona vip, vestidos al estilo del local. Todo un despliegue de gastos, pero había conseguido que la ceremonia de apertura fuese todo un evento, en esta Midgar bajo la amenaza del Meteorito.



Henton llegó por los pelos. La zona vip aún no estaba abierta, y allí decenas de personas ultimaban preparativos. A un lado de ella estaba la oficina desde la que Isabella iba a controlar todo el local, y allí era donde le habían dicho que estaría. El cuarto en cuestión estaba compuesto totalmente de cristal negro reforzado. Desde fuera no se vería más que una estructura oscura, con una gran lámpara de araña colgando de él, pero desde dentro, uno podía contemplar todo el local como si estuviese colgado del propio techo. Allí había un perchero, un gran escritorio de roble negro, con dos cómodas butacas frente a él y una de esas amplias y cómodas sillas, con un gran respaldo. Henton nunca había conocido su nombre, así que las llamaba “sillas de jefe”. Allí estaba Isabella. Tenía sus pies, enfundados en unas botas con tacón que se prolongaban hasta sus bien torneados muslos, y vestía una especie de disfraz de jefe de pista de circo, con una especie de body carmesí, cubierto por una chaqueta del mismo color, con detalles en dorado y una especie de gargantilla de seda violeta ceñida a su cuello. Prácticamente era una especie de súcubo, deseable y sensual. Sobre la mesa reposaban un sombrero de copa, de seda negra, unos guantes de cuero del mismo color y algo que dio escalofríos a Henton: Un látigo. Habría hecho un chiste, pero la situación no era propicia. Isabella tenía el rostro fruncido en un gesto agresivo y a la vez expectante, pero no lo miraba a él. Entonces reconoció al hombre sentado en una de las butacas, por la cicatriz que cubría el lado derecho de su calva cabeza, por encima de la oreja, y que finalizaba en un ojo cuyo iris había perdido el color, siendo de un gris blanquecino y sucio, con el que Iván lo miró, volviéndose.


- Hola, Henton... – Digo Iván Quouhong, levantándose con una sonrisa que retorcía sus facciones. – Ayer te fuiste sin tan siquiera despedirte. Fue muy poco agradable por tu parte...
- ¿Qué quieres, Iván? – Preguntó el luchador, preparándose para entrar en liza en cualquier momento.
- Llevo media hora preguntándole eso. Las puertas del local se abrirán en 10 minutos, y aún hay que echar a sus matones.
- Mis “matones”, como tu los llamas, solo están aquí para asegurarme de que tenemos esta conversación.
- ¿Asegurarte de...? ¿Pretendías irrumpir por la fuerza si no te dejase entrar?
- Tienes quince moteros contigo, mujer. – Dijo con su ronco acento el propietario del Foso. - ¿Crees que soy estúpido? ¿Crees que me voy a presentar solo?
- Yo lo haría... – Dijo Henton
- Y yo te echaría a patadas de mi local usando a mis matones. Se que probablemente tres o cuatro no volverían a andar, pero tu tampoco. – Dejó claro Iván, levantándose.

A sus cuarenta y ocho años, era tan alto como Henton, e igual de corpulento. Su presencia era intimidante, como la de una bestia feroz. Tenía fuerza de sobra para matar a un hombre con sus manos desnudas y sabía como usarla. La respuesta de Henton fue dar un paso adelante para encararlo, lo cual preocupó a Isabella. A escasos minutos de la inauguración, una pelea en su oficina entre esos dos no era lo más deseable.

- Siéntate, Henton. – Dijo, señalando hacia la otra butaca. – Tengo una pregunta para ti. – Nuevamente, tanto el acento como el amenazante lenguaje corporal de Quouhong incitaron al luchador a estar preparado para encajar un golpe en cualquier momento, pero aún así, no opuso resistencia.
- Dime...
- ¿Y tu? – Se giró hacia Isabella. – ¿No tienes cosas de camarera que hacer? ¡Esto es una conversación de hombre a hombre!
- Mi despacho, mi local, igual a mi presencia. Si no te gusta, puedes irte, y llevarte contigo a todas esas cucarachas que están molestando a mis chicos en la planta baja.
- Di lo que sea... Ella se va a enterar ahora o cuando yo se lo cuente luego. – Dijo Henton, intentando atajar una posible discusión, aunque encontró muy optimista ese “luego”.
- Bien... – Pareció suficiente para Iván, aunque fue raro para sus interlocutores verlo claudicar. – Pregúntate ahora porqué luchaste ayer contra quien luchaste: Voronin.
- ¿Voronin? – Preguntó Henton, recordando al tío al que había noqueado. – Es de los mejores, pero tampoco fue...
- Voronin es el segundo mejor, después de ti. – Sentenció Quouhong. – Y el de ayer, para ser un combate entre los dos mejores luchadores del foso, no tuvo la emoción ni el espectáculo que se esperaba.
- Lo siento... – Dijo Henton, encogiéndose de hombros. Fue evidente que no lamentaba nada en absoluto.
- Mira, chaval. Siempre que alguien me dijo que no se iba a dejar caer, fue fácil saber como resolverlo, y lo viste más de una vez.
- Si: Te plantas tu mismo y lo destrozas. – Respondió el joven luchador. – Lo que no se es por que no lo hiciste ayer.
- ¿Tu me habrías dejado ganar? ¿Aunque te hubiese amenazado con que si me tocabas, mis chicos te partirían en dos?
- Nunca... – Isabella se sintió orgullosa de su novio en ese momento, pero Iván hizo lo que menos se esperaba de él: Sonreír.
- No salté a la arena, porque, si bien quedé un poco mal cuando te fuiste sin más, peor habría sido que me hubieses partido la cara delante de todo el mundo, sin embargo, deberás cumplir tu castigo: No volverás a luchar en el foso nunca más.
- ¿En que estás pensando? – Preguntó Henton.
- Estás en deuda conmigo, chaval. Ha sido un feo muy grande irte así, cuando te estuve manteniendo en nómina a pesar de que tus combates acababan causándome pérdidas. Ahora vas a seguir trabajando para mí.
- ¡No seré tu matón!
- ¡Si que lo serás, pero no como esa morralla que está ahí abajo! – Dijo señalando a través del suelo transparente. – Voy a apadrinarte para que entres en la liga privada.
- ¡¿Qué?! – El grito de Isabella se adelantó al de su novio: La liga privada era el escalafón inmediatamente anterior a los combates a muerte en los que Isabella había tomado parte durante su adolescencia, de los que Ukio ostentaba el título de campeón. En cada evento se cruzaban apuestas millonarias, y la brutalidad era la misma que en los combates en el foso, solo que aquí no luchaban pringaos sin formas mejores de ganarse la vida, sino auténticos profesionales entrenados para despedazar un Begimo con sus propias manos.
- Así es.
- Pero... ¿De verdad te puedes permitir pagar si pierdo? – Preguntó Henton, abrumado.
- No... Pero no perderás. Eres el mejor luchador que se ha visto en el Foso desde Puño de Hierro.
- ¿Y que fue de Puño de Hierro? – Preguntó Isabella, suspicaz. Iván se giró y la miró de reojo, sonriendo.
- Que se retiró, y se convirtió en mi.





- ... ¡Así que sed bienvenidos, hijos bastardos de la noche!

La multitud entera rugió en respuesta, alzando sus copas, puños, cuernos o saludando de cualquier otra forma, mientras la propietaria se retiraba, dando paso al primero de los grupos que iban a actuar esa noche. El Tower of Arrogance estaba lleno hasta la bandera. Mientras tanto, Henton, desde las balconadas del cuarto piso, que daban a la barra, vivía la fiesta junto a sus amigos. Estaba agradeciendo a Kazuro su columna sobre su último combate en el foso, con aire distraído. En su mente solo había sitio para dos cosas ahora. La primera era apoyar a Isabella en esta empresa en todo lo posible. La segunda era el régimen de preparación que empezaría al día siguiente, tan brutal como el instructor que lo iba a impartir.

lunes, 23 de junio de 2008

...

Relato ilegal por no tener un enlace correcto.

PD: Tengo copia de seguridad si hace falta.

lunes, 16 de junio de 2008

Normas

1. Pedir turno. Pides turno, y si tu post es automáticamente el siguiente al ultimo fic, escribes tu relato y lo posteas.

  • Pedir turno no es vinculante, puedes renunciar a él.

2. El relato deberá escribirse en 3 días desde que comience tu turno. Podrá extenderse a 5 si el escritor lo ve necesario pero deberá comunicarlo.

3. Queda prohibido pedir dos turnos seguidos. Si coindice que el que va delante se retira y has escrito antes y te toca escribir inmediatamente después entonces la norma se anula.

4. Enlazar relatos. Un relato debe estar enlazado al anterior bien por un personaje, escena, emplazamiento, etc. Se debe apreciar una continuidad de algún tipo, de otro modo no será aceptado como enlace.

  • El relato que no haya sido enlazado al anterior será eliminado.
5. El relato será escrito únicamente cuando toque el pertinente turno. No se aceptan relatos escritos de antemano. Esto no quiere decir que no puedas pensar de antemano en la trama del mismo. Es conveniente escribir el relato una vez se ha leído el inmediatamente anterior para encajarlo adecuadamente.

6. Ambientación en Midgar. En algunos casos puede trasladarse la acción a las afueras pero Midgar debe ser el epicentro. Este fic es de corte "realista", tomamos la ciudad de Midgar y le damos un enfoque más real, por lo que los sectores y barrios son más "grandes" de lo que se ven en el juego. Tampoco temas en incluir localizaciones que no se encuentran en la Midgar oficial, piensa que ésta es un esquema de ciudad simplificada y adaptada para un videojuego, pero en tus relatos puedes detallarla cuanto quieras, siempre respetando el modelo original.

7. Diálogos. Meter diálogos en el mismo formato que una novela:
- Hola Cloud. Ha pasado mucho tiempo. - Dijo Tifa mientras caminaba hacia él, tras la barra del bar. - ¿Quieres tomar algo?
- No, gracias. He hecho el trabajo y solo quiero cobrar y largarme.

8. Evitar el uso de personajes canon (personajes oficiales del juego). Aquí no escribimos sobre ellos sino sobre esos personajes anónimos que se dedican a repetir una y otra vez la misma frase cuando pulsamos “X”. Los personajes protagonista deben ser propios y no vinculados (salvo de forma indirecta) a los personajes oficiales (nada de hermanos perdidos de Cloud, hijos secretos de Vincent ni nada del estilo).
No está prohibido su uso de forma secundaria o referencial, como la aspiración de un soldado a ser como Sephiroth, una reunión convocada por Rufus, etc.
NO HAGAS NADA QUE CAMBIE LA HISTORIA OFICIAL.

9. Evitemos colorines y pijadas. Usa la cursiva, negrita y otros efectos de texto sabiamente.

10. Ortografía. Esto no es un post de un foro, sino un relato. Si sueles tener faltas de ortografía, como tienes el turno pedido, recomiendo el uso de word. Luego se pasa el corrector ortográfico, copiar y pegar. No recomiendo escribir directamente en la web, ya que se puede cerrar por cualquier motivo.

11. Críticas: Las críticas tienen cabida, pero dado que no todo el mundo las acepta igual, un cierto cuidado a la hora de formularlas, solo por no insultar, estaría bien.

12. Existe una lista con objetos (armas, coches, etc) adaptados a Midgar, con su nombre “oficial” dentro del fic. Antes de equipar a tu personaje con un arma/vehículo, revisa la lista ya que puede que quieras adaptar algo que ya haya sido introducido al universo de Azoteas de Midgar. Por ejemplo, si quieres que tu personaje lleve una pistola Desert Eagle, verás que ésta ya ha sido adaptada y su nombre oficial es “Rhino”. En la lista encontrarás además datos y características de cada objeto que te ayudarán a plasmarlo bien en tu relato, además encontrarás una lista de sus usuarios dentro del relato, para que sepas quién más lo lleva.
Puedes introducir nuevos objetos que no estén en la lista, recuerda darle un nombre adaptado al mundo de FFVII.

13. El título del relato debe ser el nº correspondiente al mismo.

14. Esto es un juego, así que difruta. No lo hagas a disgusto.

15. Las normas se pueden cambiar para adaptarse a cualquier situación que surja. De esto se encargará Ukio Sensei como creador o Noiry como administradora.

Puedes plantear tus dudas en el TagBoard del blog o más extensamente al email azoteasdemidgar@gmail.com.


SOBRE LA CREACIÓN DE PERSONAJES

Evitemos los/las MarySues. Todos queremos que nuestro personaje sea único, especial y el “más mejor” del universo pero evitemos dramas gratuitos, uberpoderes sobrenaturales porque sí y ensalzamientos basados en la denigración de otros personajes (“me he meado en la cara de Sephiroth y verás cómo no pasa nada”).
El estilo de Azoteas de Midgar es de carácter moderado, con algunos excesos pero medidos y justificados. Atribuir dos mil características únicas y especiales a tu personaje lo hace poco creíble, los defectos, y defectos reales (no el ser “muy cabezón” o “demasiado bueno”) ayuda a dar color y profundidad a nuestro personaje.
Sé lógico, si tu personaje es prácticamente un semidios uberpoderoso… ¿qué hace que no le está pateando la cara a Sephiroth y salvando al mundo?
Por supuesto tienes total libertad para crear a tu personaje, pero si resulta ser una MarySue no despertará mucho interés.

Información sobre el término “Mary Sue”
http://es.wikipedia.org/wiki/Mary_Sue
http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Sue (Información más completa. Inglés)


SOBRE LA LISTA DE TURNOS

- La lista no tendrá un número límite de turnos.
- Los miembros novatos tendrán un máximo de 1 turno permitido en la lista.
- Los miembros veteranos tendrán un máximo de 2 turnos permitidos en la lista.


SOBRE LA VETERANÍA DE LOS MIEMBROS

- Se considerarán "miembros veteranos" aquellos que hayan participado un mínimo de 5 veces en el relato.
- Los "miembros veteranos" gozan de la confianza del resto de usuarios que participan en el proyecto en cuando a compromiso, participación, fidelidad a la línea argumental y calidad; por ello se presume que de pedir más de un turno cumplirán con lo prometido.
- Los "miembros novatos" aún no gozan de dicha confianza por lo que el resto de usuarios participantes no pueden saber si cumplirán con su palabra a la hora de pedir más de un turno.
- El propio usuario debe estar pendiente de cuando ha realizado 5 relatos o más y comunicarlo para que se le incluya en la lista de "miembros veteranos".


LISTA DE MIEMBROS VETERANOS

- Ukio sensei
- Noiry
- Sinh
- Kite
- Hades
- Astaroth

jueves, 12 de junio de 2008

Armas

Armas introducidas en el mundo de Azoteas de Midgar, sus nombres adaptados y usuarios (tanto colectivos como particulares).

ARMAS BLANCAS

►CUCHILLO BOWIE (CUSTOM)
  • Cualidades: 30 cm. de largo, filo de 19 cm. Especializado para caza mayor/supervivencia. Hoja de acero, filo en el canto.
  • Usado por: Paris Barans.



►CUCHILLO TÁCTICO (ESTÁNDAR)
  • Cualidades: Depende del modelo
  • Usado por: Svetlana Varastlova



►NAVAJA AUTOMÁTICA
  • Modelo original: Navaja Italian Stilleto Switchblade
  • Cualidades: 14 cm. de largo, 113 g. Automática.
  • Usado por: Jonás “Scar” Kurtz, Shyun Tsuun Fo Aang.



►NAVAJA TÁCTICA
  • Modelo original: Navaja Táctica Böker Plus
  • Cualidades: 20 cm. de largo, filo de 9. Hoja de acero y empuñadura de fibra de vidrio.
  • Usado por: Jonás “Scar” Kurtz.



►SHIN-RA EXECUTIVE
  • Modelo original: Grapadora Tatum
  • Cualidades: Cargador de 100 grapas.
  • Usado por: Kazuro Kowalsky.




PISTOLAS
(El peso de las armas con cargador vacío)

►AEGIS CORT

  • Modelo original: Glock 17
  • Cualidades: Calibre 9mm, cargador de 17 balas en doble hilera, 18,6 cm de largo, 703 g.
  • Usado por: Turk, Jonás “Scar” Kurtz, Yvette de Castellanera e Bruscia.


►ARCHER & GROSSMAN

  • Modelo original: Smith & Wesson Model 64
  • Cualidades: Calibre .38 S&W Special +P, 6 balas, 20 centímetros de longitud, 1020 g.
  • Usado por: --


►BLACKRAVEN

  • Modelo original: Heckler & Koch Mark 23 ‘SOCOM’
  • Cualidades: Calibre .45 ACP, cargador de 12 balas, 24,5 cm de largo, 1100 g.
  • Usado por: Jim “Grim” Garrison.


►GIORDANO

  • Modelo original: Walter PPK
  • Cualidades: Calibre 9mm, cargador de 6+1 balas, 15,4 cm, 568 g.
  • Usado por: Dirk van Zackal, Shyun Tsuun Fo Aang, Kazuro Kowalsky.


►HAYTER COBRA

  • Modelo original: Colt Python
  • Cualidades: Calibre .357 Magnum, 6 balas, 292 mm de longitud, 1200 g.
  • Usado por: Larry St. Divoir.



►HAYTER M1914
  • Modelo original: Colt M1911 A1
  • Cualidades: Calibre .45, 7 balas, 216 mm de longitud, 1100 g.
  • Usado por: Dawssen Peres (llamada "Gladis").



►MATRYONA
  • Modelo original: Makarov
  • Cualidades: Calibre 9 mm, 8 balas, 161mm de longitud, 700 g.
  • Usado por: Jim "Grim" Garrison.


►RHINO

  • Modelo original: Desert Eagle
  • Cualidades: Calibre .50AE, cargador de 7-10 balas, 26 cm de largo, 2 kg.
  • Usado por: Yvette de Castellanera e Bruscia.


►SHADOWSTAR

  • Modelo original: CZ 75 SP-01 Shadow
  • Cualidades: Calibre 9x19, cargador de 18 balas, 20,7 cm de largo, 1180 g.
  • Usado por: Sergei Brenzov (nombre del arma no citado)


►STARLIGHT B-75

  • Modelo original: Strayer Voigt Infinity 5’’
  • Cualidades: Calibre 9mm, cargador de 30 balas + 1 en la recámara, 20,2 cm de largo, 1067 g.
  • Usado por: Black Ops, Paris Barans.


►???
  • Modelo original: Taurus Ranging Bull .454, cargador de 5 balas, 30,4 cm de largo, 1,5 kg.
  • Cualidades: Calibre .454 Casull
  • Usado: Cryde Clancy



FUSILES Y SUBFUSILES

►BLG P-60

  • Modelo original: FN P-90.
  • Cualidades: Calibre 5,7 mm, 50 balas, 500 mm de longitud, 2,5 kg.
  • Usado por: Turk, Jim "Grim" Garrison.


►KRUGGER MP-7

  • Modelo original: Ruger MP-9
  • Cualidades: Calibre 9 mm, 32 balas, 556 mm de longitud, 3 kg.
  • Usado por: Turk, Larry St.Divoir.


►KRV49

  • Modelo original: AK-47 ‘Kalashnikov’
  • Cualidades: Calibre 7.62mm, cargador de 30 balas, automática, alcance efectivo 400 m, velocidad del proyectil 710 m/s, 87 cm de largo, 4,3 kg.
  • Usado por: Militares.


►MF22

  • Modelo original: M16
  • Variantes: M16A2 (MF22A1), Carabina M4 (MF22A4)
  • Cualidades: Calibre 5.56mm, cargador de 20-30 balas, automática, alcance efectivo 550 m, velocidad del proyectil 975 m/s, 1,03 m de largo, 3,9 kg.
  • Cualidades Carabina M4: Calibre 5.56 mm, cargador de 30 balas, automática, alcance efectivo 360 m, velocidad del proyectil 905 m/s, 75 cm de largo, 3 kg.
  • Usado por: Turk, Jonás “Scar” Kurtz (MF22A1), Yvette de Castellanera e Bruscia (MF22A4).




►???

  • Modelo original: Skorpion vz. 61
  • Cualidades: Cargador de 10-20 balas, automática, alcance efectivo 75-150 m, velocidad del proyectil 320 m/s, 27 cm de largo (culata encogda), 1,30 kg.
  • Usado por: Turk, Svetlana Varastlova.




RIFLES Y ESCOPETAS

►AT FARSIGHT

  • Modelo original: PSG-1
  • Cualidades: Calibre 7.62x51mm NATO, cargador de 5 – 20 balas, alcance efectivo a 1000 m, velocidad del proyectil 868 m/s, 1,20 m de largo, 8.10 kg.
  • Usado por: Élacor Königssen, Rolfhelm Vassaly.


►BONFIRE

  • Modelo original: Ithaca 37 ‘Stakeout’
  • Cualidades: Calibre 12, 4 balas, disparo único, 100 cm de largo, 3.06 kg.
  • Usado por: Turk, Harlan Inagerr.


►GUNGER

  • Modelo original: Barret M82
  • Cualidades: Calibre 50, cargador de 10 balas, alcance efectivo a 1800-2000 m, velocidad del proyectil 853 m/s, 1,40 m de largo, 14 kg.
  • Usado por: Rolfhelm Vassaly.



LEYENDA
  • Custom: Modelo con cualidades específicas que lo diferencian de otros objetos de su mismo tipo.
  • Estándar: Modelo con cualidades genéricas o referenciales sobre las que el usuario puede crear un modelo customizado.