jueves, 4 de marzo de 2010

206

“-Digamos que hay cosas en mi vida que quiero tomármelas de otra manera, con vistas al futuro. Pienso que todo esto se va a resolver, que volveré a estar con Lucille mañana y que tú te convertirás en un buen amigo y vecino. Tal vez sea una manera de engañarme a mí mismo, pero me da igual…
Eso fue lo que le dije a Alex al encontrarme con él antes de ir a por Blackhole… “tú te convertirás en un buen amigo y vecino…” ¡Y una polla!¡Joder pero cómo se puede ser tan gilipollas! Y mira que le he dado vueltas al asunto, recreando cada segundo de esa fatídica noche. Cada palabra que salió de la boca de Blackhole, cada pedazo de información… Y aún con esas, cuando Alex, o Lamb, ahora ya me importa una mierda, entró a toda hostia y descargó sus revólveres… Yo sólo repetía “eso sí que no lo entiendo, eso sí que no lo entiendo…”
Pasadas unas horas, yo ya me encontraba en casa de Lucille, tirado en el sofá y con el cuerpo molido; un tobillo torcido, un ojo hinchado, la ceja derecha con sangre reseca, cortes en los brazos… En la mesa había un montón de carpetas de cartón con informes, balances y demás cuentas que, desde luego, no tenía intención de mirar en ese momento. En la casa había un silencio absoluto, crudo y revelador. Lucille no estaba allí, Blackhole estaba muerto y mi padre… ¿Vivo?
Me levanté con cierta dificultad sólo para notar cómo un fuerte mareo me tumbaba de nuevo. Estaba hecho polvo. Fueron las náuseas las que me hicieron levantarme de nuevo, darme una hostia en el brazo contra una columna, tirar la lámpara del diván y llegar al retrete para vomitar. Amaneció cuando yo estaba echando la cena del día anterior, con la frente sudada y lágrimas en los ojos.No quería pensar en nada, absolutamente en nada, abstraerme del mundo, encerrarme en una burbuja, volver atrás en el tiempo… ¡Lo que fuese! Mis movimientos parecían mecánicos pero eran totalmente inconscientes, intentaba ocupar el tiempo con algo para no pararme a pensar, intentaba engañarme a mi mismo recreando un día cualquiera.
Fui a la cocina y puse a calentar café pero no quedaban filtros. Entonces decidí prepararme un té pero no quedaban bolsitas.

-No lo vais a conseguir…-dije a la nada resoplando con fuerza.

Pasé de desayunar algo y cogí el mando a distancia de la mini cadena para escuchar algo de jazz pero, al parecer, las pilas se habían acabado. Me acerqué yo mismo hasta el reproductor y di al botón de play, pero la única música que surgió de los altavoces fue la de una adolescente cantando a grito pelado una oda a la fiesta y los chicos guapos.

-¡No lo vais a conseguir!

¿Me estaba volviendo loco? Tal vez sí, o tal vez me había vuelto loco hace ya tiempo. Seguí empeñado en disimular un día normal así que, en el lavabo, empecé a echarme espuma por la dolorida e hinchada cara; me corté tres veces. Me quité la ropa, que estaba llena de cristales y todavía olía a pólvora, y me metí a la ducha. Os engañaría si dijese que no me lo esperaba, pero esa ya fue la gota que colmó el vaso, así que cuando la alcachofa no dejó salir agua caliente, sino una corriente gélida, apoyé la frente en los blancos azulejos y cerré los ojos cinco, diez, veinte minutos… Hasta que oí cómo una llave se introducía en su respectivo cerrojo y giraba con lentitud. Levanté la cabeza con un pasmoso movimiento y cerré el grifo de la ducha. Lo estaba deseando tanto, lo estaba anhelando, codiciando, ansiando… Lo esperaba de tal manera que cuando ocurrió no me lo creía. Allí estaba ella, tan radiante y hermosa como nunca antes, como nadie jamás en la historia de la humanidad, más pura que el mismo concepto de belleza; llevaba un majestuoso vestido rojo de gala, con unos finos tirantes colgando de sus desnudos hombros. Entró con la cabeza gacha, con sus ojos azules mirando al suelo, a la vez que cerraba la puerta tras de sí. Vio la cafetera tirada sobre la encimera y entrecerró los ojos, después se fijo en la pila de papeles que adornaban la mesa del salón y continuó hasta toparse con mi ropa tirada en el diván. Yo la observaba escondido tras la mampara, con una sonrisa propia de una caricatura, esperando a que me mirase. Ya daba igual todo lo anterior, que no hubiese té, que no saliese agua caliente, que Tombside siguiese rigiendo mi vida, que Blackhole hubiese muerto. Ella era mi máquina del tiempo particular, mi burbuja que rechazaba cualquier ruido exterior, fue verla de nuevo y olvidarme de todo.
No aguantaba más, salí completamente desnudo y calado hasta los huesos y corrí hasta ella para abrazarla. ¿Llegados a este punto pensáis que todo iba a salir bien? Pues no, fue salir y no fijarme en el desnivel que tenía el entarimado, trastabillar sin control hacia delante y caer en los brazos de Lucille; ella perdió el equilibrio y se pisó el largo vestido, empezamos a caminar hacia atrás y terminamos cayendo junto al televisor.

-¡Auch, mi culo!-dijo ella.

Fue una torta de campeonato, pero fue diferente; no dolió sino que me llenó de una felicidad desbordante. Ella estaba de espaldas y yo a horcajadas, con las manos a los lados de su melena. De repente, tras quedar todo en silencio, tras absorbernos cada uno en las pupilas del otro, tras escucharnos el pulso acelerado y el ligero resoplar, rompimos a reír a pleno pulmón. Reímos porque fue gracioso, porque por fin volvíamos a vernos y porque podía haber pasado de todo que nosotros seguíamos como antes o mejor. Después pasé los brazos por su espalda y me dejé caer sobre su pecho, apretándome contra Lucille hasta que sonó un chasquido en una de mis costillas y ella se quejó de que la costaba respirar. La radio volvió a saltar por arte de magia y la exitosa adolescente volvió a berrear sobre lo guay que es ser una estrella del pop.

-¿Y esa música?-preguntó desconcertada, como si ella también muriese un poco por dentro al escucharla.
-¿Eso es lo primero que se te ocurre decirme?-fingí con enfado- ¡Te parecerá bonito!
-Está bien… ¿Qué te parece si me quito este vestido y vamos a la cama?
-No, mejor déjate el vestido puesto, me gusta más...




-¡Hijo de la gran puta! ¡Yo te mato!

Mis manos apretaban el cuello de Alex y lo agitaban golpeando su cabeza contra la alfombra.

-¡Para cabrón! Si tú querías matarle…- suplicaba él con voz afónica mientras mis dedos apretaban más su nuez.
-¡Pero estabas escuchando detrás de la puerta! ¡Oíste todo lo que dijo maldita sea!

Él se movía como una jodida culebra y yo nunca he sabido pelear, pero ahí estaba yo, intentando vengar al hombre que me había estropeado la vida durante años. Blackhole nos miraba sin mirar, observaba la pelea con unos ojos vacíos y una cara camisa llena de agujeros y empapada en sangre.

-¡Suéltame!- repitió Alex clavándome las uñas en los brazos.

Entonces cogió uno de los revólveres que habían caído cerca y en cuanto la materia prisa de su interior hizo efecto, la cuchilla de su interior me provocó un corte fugaz en el antebrazo derecho, herida que aprovechó para rodar y escabullirse.

-¡Espera un momento y te lo explicaré joder!
-¿Explicarme el qué? ¿Qué te has cargado al tío que asegura que mi padre está vivo? ¿Al tío que asegura que hay alguien que me busca para matarme?
-Un trabajo…
-¿Qué?
-¡Un trabajo! Alguien me encargó que lo matara.
-Serás hijo de…

Mis nervios podían conmigo, eran superiores a mi entendimiento. Me abalancé de nuevo contra él y encajó un fuerte puñetazo en la nariz. Antes de que tuviese tiempo de reaccionar le di una patada en la mano y el revolver salió despedido hacia la chimenea.

-¿Quién coño fue?-le pregunté tomando un instante de respiro.
-No lo sé…
-¿Cómo que no lo sabes maldita sea?- su nariz se había hinchado bastante y la sangre caía por su larga perilla trenzada.
-¡Esto no funciona así!- esta vez fue él el que comenzó la siguiente ronda, empujándome hacia los ventanales y lanzándome rápidos puñetazos; algunos los paraba como podía, pero otros dolían como mil demonios. Golpes en los riñones, en el cuello… Ya tenía un ojo hinchado cuando decidió parar un segundo- La gente me llama por teléfono y me manda una foto al PHS, pero no me dice nada más… ¡Para ya, joder!- gritó cuando le intenté dar otro golpe en la cara- Parecemos gilipollas pelándonos. Mira, ese cabrón te ha jodido la vida durante mucho tiempo y todo lo que quieras saber supongo que estará en esos papeles.

Yo pegué un puñetazo a una ventana y fui dando zancadas hacia la mesa, atestada de carpetas y papeles.

-¡Vete a la mierda, iba a ayudarme! Ahora estoy en un lío más grande…- Me bebí el whiskey que quedaba en ambos vasos, recogí todas las carpetas, me las puse bajo el brazo y saqué la Rhino de detrás del pantalón- No te vuelvas a acercar a Lucille.




Me levanté sin saber cómo había llegado allí y con un dolor de cabeza increíble, una sensación que casi había olvidado. Las sábanas estaban empapadas en sudor y ni siquiera me había quitado la ropa. Era increíble que me hubiese dejado llevar por el sabor del whiskey de nuevo pero así fue. Sólo recuerdo que me tome la primera copa porque me invitó ese tal Blackhole y luego fue una tras otra. Recuerdo también haber comido en casa y volver al bar, pero a partir de ahí, aunque mi cerebro lo intentase con todas sus ganas, no aparecía nada.
La cabeza me pesaba una tonelada y cuando me levanté de la cama todo giró a mi alrededor, pero me había decidido a mi mismo que ya era momento de saber qué ocurría en esta jodida ciudad, y una resaca no iba a pararme los pies. Primero iría a la funeraria que se encargó del cuerpo de mi padre, a ver qué cojones sabían ellos del asunto, luego hablaría con los dos amigos que acudieron al entierro.
Subí la persiana y dejé la ventana abierta para que entrase algo de aire y fui al servicio en busca de pastillas para el dolor de cabeza. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía algo escrito con bolígrafo en la mano derecha: “Yo sé cosas de Callisto” y debajo una dirección en las calles de Mercado Muro.




La última vez lo hicimos en el sofá y yo estaba tan cansado que mantener los ojos abiertos me estaba suponiendo un terrible esfuerzo. Lucille se estaba dando una ducha así que encendí la televisión para intentar no dormirme. Estoy seguro de que una parte de mí lo sabía, pero aún así puse las noticias. La ejecución de Tombside, la instalación del cañón, menos accidentes de tráfico, menos delincuencia, mañana hará un día soleado…

“Noticia de última hora, hace unas horas se ha encontrado en su casa el cuerpo sin vida del famoso empresario Richard Arcturus Blackhole [...] la policía investiga los hechos, pero todo apunta a un ajuste de cuentas… La abultada herencia, de carácter público, recae en Björn Vanisstroff que, dadas las circunstancias permanecerá a la espera de confirmación hasta que…”

Apagué la tele a toda prisa, con el corazón a mil por hora. Se había acabado el descanso, ya no podía dormir aunque fuese un rato.

-Tengo que irme un momento… dije en voz alta, para que Lucille me pudiese escuchar bajo el ruido de la ducha; Era increíble, pero para ella sí que había agua caliente.
-¡No!- se quejó ella con tono tan lastimero y angustioso que me rompió el corazón.
-Tranquila, sólo es una visita a un hospital, volveré a la hora de comer…

5 comentarios:

Rokhsa dijo...

Copón, la inspiración me ha dado una patada en el culo y se ha ido corriendo...

En fin, otro punto de inflexión para mi colega Yief, ya se tiene que preocupar de un cabrón menos.

Astaroth dijo...

Mec! Error. No creo que un Tombside les mirase con la camisa llena de agujeros de bala.

Si a ti te parece que la inspiración se ha largado corriendo, espera y verás.

Ukio sensei dijo...

Tengo entendido que "Herido de muerte" significa vivo pero sin posibilidades de salvación (o con muy pocas). Estaba vivo cuando lo encontraron?

Rokhsa dijo...

No, le encuentran más muerto que muerto, así que lo corregiré...

Skeith dijo...

Creo que ahora Yief está casi más perdido que antes... A ver qué le sucede de ahora en más.